El Carqueque: 82 kilómetros de huella pura que unen Malargüe con la cordillera
Sin asfalto, sin señalización y con nieve hasta en enero, el Camino del Carqueque es una de las travesías más exigentes y solitarias del sur mendocino. Te cuento cómo es, qué ver y por qué vale la pena meter la camioneta en la huella.
Les tengo que ser honesto: cuando me crucé con la idea de meterme en el Camino del Carqueque me pasó lo de siempre, me entusiasmo, miro mapas, leo notas y ya estoy planificando la salida. Pero este es de esos trazados que no perdonan a quien los toma a la ligera. Son 82,8 kilómetros de huella que van desde la ciudad de Malargüe hasta Valle Noble, en la Ruta Provincial 226, atravesando el sur de Mendoza sin un solo tramo de asfalto, sin número de ruta asignado y, ojo, sin estaciones de servicio ni cartelería turística. Si te confundís, te confundís solo.
El recorrido figura en papeles oficiales como Camino El Carqueque o circuito Castillos de Pincheira/Carqueque, y arranca yendo hacia el oeste desde Malargüe. A menos de 30 kilómetros del pueblo aparece la primera parada que vale oro: los Castillos de Pincheira, un conjunto de torres, murallas y agujas que parecen sacadas de otro planeta. Las formas monumentales que uno ve ahí no las inventó ningún artista, las fue tallando la erosión de materiales sedimentarios y volcánicos durante siglos. El lugar integra una reserva natural que tiene un objetivo muy concreto: cuidar la cuenca alta del río Malargüe, que es parte de la única cuenca endorreica de Mendoza, cuyas aguas no llegan al mar sino que se conectan con la laguna de Llancanelo, uno de los humedales más importantes del sur provincial.
Historia, altura y barro: lo que hay que saber antes de ir
El nombre del sitio tiene tela para cortar. Viene de los hermanos Pincheira, Antonio, Santos, Pablo y José Antonio, que comandaron una banda armada de cientos de hombres entre la Argentina y Chile después de la Independencia. Por estos territorios se movían comoPedro por su casa, los usaban de refugio y de vigía. La historia terminó en 1832, cuando fuerzas chilenas al mando del general Manuel Bulnes les dieron caza y desarmaron la organización. A mí siempre me gusta detenerme un rato en este tipo de lugares, mirar las paredes y pensar en lo que fue esa vida tan distinta a la nuestra.
Después de los castillos la cosa se pone seria. La huella sube con pendiente marcada hacia el Portezuelo del Carqueque y la altura máxima ronda los 2.800 metros. Acá viene el consejo que les doy siempre y que en este camino es ley: el apunamiento pega fuerte si subís rápido, así que hay que tomar agua, comer liviano y avanzar de a poco. Créanme, no es un consejo de libro, es de los que te duelen en la cabeza si no los hacés caso. Y prepárense para el clima más cambiante que se puedan imaginar: puede haber sol radiante en Malargüe y nieve en el paso, piso firme en una curva y barro profundo cien metros más adelante. Eso, en verano. Imagínense en invierno.
Si completan el trazado, el descenso los lleva hasta el Puente Amarillo, donde la huella desemboca en la Ruta Provincial 226. Desde ese cruce tienen dos opciones buenísimas: seguir hacia Valle Noble, El Azufre y el Paso Internacional Planchón-Vergara, o girar hacia Las Loicas y retomar la Ruta Nacional 145. Lo lindo del Carqueque, además del paisaje, es que es un atajo real: acorta unos 70 kilómetros la vinculación entre Malargüe y ese sector cordillerano respecto del circuito habitual. Vale la pena el esfuerzo.
- Ir con vehículo alto, preferentemente 4x4, con buen despeje y cubiertas en condiciones.
- Llevar más agua y comida de la que parezca necesaria, no hay poblados ni servicios en el medio.
- Avisar a alguien de confianza el recorrido y el horario estimado de regreso.
- Consultar el estado del camino antes de salir, porque lluvia o nieve lo pueden volver intransitable.
- Respetar la reserva natural, no encender fuego fuera de los sitios habilitados y llevarse toda la basura.
Les digo algo con el corazón en la mano: el Carqueque no es un paseo dominguero. Es una travesía con exigencia técnica real, con paisaje cambiante y con la soledad de la estepa mendocina como compañía. Pero si lo hacen con respeto, con tiempo y con la camioneta preparada, se van a llevar un recuerdo que no se compra en ninguna agencia. Y un último dato que les regalo de yapa: la mejor hora del día para la foto en este rincón, sobre todo si quieren que la luz les pinte las agujas de los Castillos de Pincheira, es la primera hora de la mañana, cuando el sol pega de costado y el cielo todavía está limpio. Después el viento empieza a levantar tierra y la luz se pone más dura. Ahí nomás, con la cámara lista, se entiende por qué este camino enamora a quien se anima a recorrerlo.
