A 50 kilómetros de Puerto Madryn, una estancia centenaria abre sus caminos al mar y a la ballena
Las Charas, sobre la bahía que vio nacer el golfo Nuevo, combina observación de fauna desde la costa, caminatas por la estepa y un casco de 1924 que aún guarda la memoria del campo chubutense. Te cuento qué se puede hacer, cuánto sale y cómo prepararse para no perderse nada.
Les confieso algo: cada vez que alguien me pregunta qué hacer en Puerto Madryn sin subirse a un barco, se me dibuja una sonrisa. Porque a pocos kilómetros de la ciudad más famosa del litoral de Chubut existe un lugar que, en mi opinión, resume como pocos la experiencia de la Patagonia que mira al mar. Se llama Las Charas y queda exactamente a 50 kilómetros de Puerto Madryn, sobre el golfo Nuevo, con vista directa a lo que muchos llaman la Bahía de los Ballenas, un rincón privilegiado donde cada año, entre junio y diciembre, las ballenas francas australes eligen para venir al mundo a sus ballenatos.
El acceso es sencillo: 35 o 40 minutos de asfalto bien mantenido hasta la tranquera, según me cuenta Guillermo Paats, el encargado de la gestión turística del establecimiento. De ahí en adelante, eso sí, hay que armarse de paciencia: quedan cinco kilómetros de tierra que cumplen una función casi de ritual de bienvenida, porque el polvo del camino patagónico va anunciando que lo que viene es otra cosa.
Un casco con más de cien años y 7.328 hectáreas sin alambrados
La estancia fue fundada en 1924 y abarca 7.328 hectáreas. Antes había ovejas, pero ya no: la administración decidió retirar los alambrados que dividían la hacienda para favorecer la recuperación de la vegetación autóctona. Es un detalle que a mí, particularmente, me emociona: recorrer un campo donde el pastizal vuelve a ser dueño de sí mismo es una postal que no se ve todos los días.
Costa de Gigantes: la jornada completa que combina tierra, mar y estepa
Para los que tengan el día libre y quieran exprimirlo, Paats me describe la salida más completa. Se llama Costa de Gigantes y arranca a las 8.30 de la mañana. Lo que propone es observación de ballenas desde tierra, una caminata interpretativa por la costa y, si el cuerpo y la billetera aguantan, una navegación opcional en Puerto Pirámides.
El programa informado se extiende hasta el 15 de octubre, así que hay que apurarse si quiere aprovecharlo. Las tarifas que me detallan son las siguientes: $225.000 por adulto y $185.000 por menor de 12 años, sin contar la entrada a Península Valdés, que se paga aparte. La salida náutica en Puerto Pirámides es optativa y cuesta $195.000 por adulto, con un 50% de descuento para menores de 12 años. Atención: esa navegación no incluye almuerzo, un dato que siempre viene bien tener presente antes de armar la mochila.
La caminata hasta la colonia de lobos marinos
Si el tiempo apura o el bolsillo pide un respiro, hay otra opción que a mí, particularmente, me encanta. Se trata de caminar por las huellas del campo hasta una colonia de lobos marinos, observable durante todo el año, no solo en temporada de ballenas. Son entre cuatro y cinco horas de actividad, con guías que van explicando el paisaje y la fauna.
El recorrido llega a unos acantilados de unos 15 metros de altura, donde el mar golpea con esa fuerza que tiene el golfo Nuevo en invierno. Después, la visita puede continuar en la casa principal, donde hay opciones para almorzar o directamente sentarse a tomar el té con esa vista privilegiada al golfo que a mí me deja sin palabras cada vez que la cuento.
Qué llevar y a qué hora conviene tener la cámara lista
Paats es claro con el equipamiento: vestirse en capas, llevar calzado de trekking, gorra, anteojos de sol y protector solar. La Patagonia tiene esa costumbre de pasar del sol radiante al viento frío en cuestión de minutos, así que el famoso sistema de cebolla nunca falla. Y un consejo que les doy de corazón: si hay alguien con movilidad reducida en el grupo, tengan en cuenta que hay sectores con pendientes que pueden complicar el recorrido, algo que el propio equipo de Las Charas advierte de entrada.
Sobre el final, la mejor hora del día para la foto: les recomiendo llegar temprano a la costa, alrededor de las 9 de la mañana, cuando la luz todavía es baja y dorada, y el mar está más calmo. Después de las 16, con el sol cayendo sobre el golfo, hay un segundo momento mágico para disparar, sobre todo si se quedaron a tomar el té en el casco de la estancia. Ahí, con el cielo naranja de fondo, las ballenas suelen asomar su soplido a lo lejos. Una postal, les aseguro, que vale cada kilómetro de tierra.
