Vinilos con soporte propio: la trastienda musical de Mario Pergolini detrás de las cámaras de No preguntes por Rusia
El conductor mandó a hacer con una impresora 3D la estructura que luce en el fondo del estudio y ya avisó que las tapas irán rotando de una emisión a la siguiente.
Dicen que el diablo sabe por diablo, pero sabe más por viejo, y algo de eso debe haber sentido Mario Pergolini la noche en que Nico Etevenaux se puso a mirar con ojos nuevos el fondo de su estudio y le preguntó, casi como al pasar, qué era esa estructura con discos que había aparecido en pantalla. Porque la respuesta que vino después no fue la de un conductor improvisando al aire, sino la de alguien que se tomó el trabajo de diseñar él mismo, pieza por pieza, los soportes que hoy sostienen buena parte de su colección de vinilos y que permiten cambiarlos sin desarmar nada, como quien va girando las cartas de un mazo.
La movida se vio en No preguntes por Rusia, el ciclo que Pergolini conduce desde un estudio subterráneo al que él mismo suele definir como un “sótano prestado” y desde donde viene emitiendo desde el arranque de la temporada 2026. La novedad no es un cambio de aire completo del set, que sigue manteniendo las paredes oscuras y las luces azuladas que ya son marca de la casa, sino un aggiornamento muy puntual en el sector que queda detrás del conductor cada vez que la cámara lo toma de frente.
Una estructura hecha a medida para mostrar discos
Lo que se ve al fondo es, en criollo, una suerte de estantería baja con varias filas horizontales pensada para exhibir tapas de vinilos en posición vertical, como si fueran los lomos de una biblioteca musical. Pergolini contó al aire que los soportes los fabricó él con una impresora 3D, y lo dijo con el mismo tono con el que uno cuenta que lijó un mueble un domingo a la tarde: sin vueltas, sin golpes de efecto, dejando en claro que la mano de obra fue propia y que la idea de fondo es que la selección pueda ir mutando con el correr de las emisiones.
En concreto, lo que hizo fue resolver un problema que cualquier coleccionista conoce bien: cómo mostrar discos sin que terminen apilados o escondidos. La estructura permite que cada tapa quede firme en su lugar, pero a la vez se pueda retirar y reemplazar sin tener que desarmar todo el conjunto, algo que para alguien que exhibe piezas con valor sentimental y, en varios casos, también de mercado, no es un detalle menor.
Qué vinilos ya se vieron en la nueva ambientación
- Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, uno de los discos argentinos que Pergolini señaló al pasar durante la recorrida.
- Fore!, de Huey Lewis & The News, como representante del rock estadounidense de los ochenta.
- Tapas de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, que completan el tridente internacional con dos bandas y un solista con fuerte llegada al público local.
- Un laserdisc de Prince, una de las piezas más llamativas de toda la selección por lo específico del formato.
- Una edición japonesa de Nirvana, otro de los hallazgos con los que Pergolini quiso marcar la diferencia.
- Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos y Barry Manilow, en la franja más ecléctica de la colección.
- Los Piojos, AC/DC, Daniel Melengo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez, nombres que dan cuenta del peso del rock argentino y su variante más dura dentro del set.
“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini
Esa frase, corta y al paso, fue la que cerró el intercambio y la que dejó en claro que lo que se vio en esa emisión no es un decorado cerrado, sino una elección inicial que puede mutar semana a semana. La idea, según se desprende de lo que contó el conductor, es ir rotando las tapas para que el fondo no se vuelva repetitivo y para que la grilla de discos funcione casi como un programa dentro del programa, con la curaduría personal de Pergolini como única guía.
Cómo queda el set y qué objetos conviven con los vinilos
Más allá de la estructura nueva, el estudio sigue siendo reconocible. Las paredes oscuras y la iluminación azulada se mantienen como desde el primer envío de la temporada, y alrededor de los vinilos aparecen otros objetos que ya forman parte del paisaje: una guitarra colgada, un sillón donde Pergolini se acomoda a charlar, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y un mueble con equipos y piezas de colección que remiten a la cultura pop. En otra pared, como dato de color, sigue firme una estantería con discos compactos, lo que deja a la vista que en esa trastienda conviven formatos, generaciones y tecnologías sin pelearse por el protagonismo.
Yo lo miro desde afuera y no puedo dejar de pensar que hay algo muy de Pergolini en este tipo de decisiones: la de no contratar a alguien para que arme un decorado a medida, sino sentarse él mismo a diseñar los soportes, imprimirlos y colocarlos, con esa lógica de hacelo vos mismo que atraviesa buena parte de su historia en los medios. Y al mismo tiempo, está la decisión de mostrar discos propios, con nombres y ediciones que hablan de su gusto, de sus recuerdos, de las bandas que lo marcaron. No es un museo: es la vitrina de un melómano que, de paso, sale por televisión todas las noches y decide compartir su colección con quien se siente del otro lado de la pantalla, dispuesto a ir cambiándola cada vez que le parezca, sin pedirle permiso a nadie.
