Adiós a Peppino Mazzullo, el hombre que durante cuarenta años le dio voz a Topo Gigio
El actor italiano murió en su casa de Sicilia a los 100 años y dejó un legado que atravesó la infancia de varias generaciones en distintos países.
Dicen que hay voces que no se van nunca, que se quedan instaladas en la memoria de la gente como si fueran parte del paisaje de la infancia, y la de Topo Gigio es una de esas, así que tomarme unos minutos para contarles quién fue el hombre que la sostuvo durante más de cuatro décadas me parece, además de justo, un acto de reconocimiento. Les cuento: Peppino Mazzullo falleció este miércoles 30 de septiembre en su casa de Sicilia, Italia, con cien años cumplidos y con una trayectoria que quedó inseparablemente atada a un personaje que viajó mucho más allá de las fronteras de su tierra natal. Era un actor italiano, nacido en una isla mediterránea, y sin embargo, su trabajo llegó a millones de espectadores en distintos países, que lo conocieron no por su cara ni por su nombre en los créditos, sino por esa vocecita aguda y traviesa que decía cosas como un célebre “Ma cosa mi dici mai?”, que en nuestra orilla del Plata quedó traducida al inolvidable “Pero qué me dices, ma!”, y que para mí resume todo lo que un chico puede sentir cuando un dibujo de la tele le habla como si fuera un amigo.
Antes de seguir, vale la pena explicar de qué estamos hablando para el que se haya cruzado con el nombre alguna vez sin tener del todo claro quién era Topo Gigio, porque creo que entender el sentido de lo que Mazzullo hizo es más importante que cualquier detalle de color. Topo Gigio es un personaje animado, un ratoncito muy querido en Europa y en América Latina, que se hizo famoso en los años sesenta y que durante décadas fue presentado en programas de televisión por un titiritero, pero cuya voz original, la que le daba entidad más allá de la marioneta, era justamente la de Mazzullo. Es decir: el actor no movía al personaje en el escenario, sino que lo hacía existir en el aire con su voz, y lo hizo durante más de cuarenta años, un plazo tan largo que para varias generaciones de espectadores de distintos países, Topo Gigio y Mazzullo eran, en la práctica, la misma cosa. Esa continuidad en el tiempo, esa repetición diaria de un mismo oficio durante décadas, es lo que vuelve a su partida un hecho que trasciende lo meramente informativo.
Una vida larga en la misma voz
Mazzullo tenía cien años cuando murió, y esa cifra, lejos de ser un dato decorativo, me parece que habla de dos cosas a la vez: por un lado, de su longevidad personal, y por el otro, de la cantidad de tiempo que le dedicó a la misma tarea. Cuando uno piensa en alguien que durante más de cuarenta años encarnó al mismo personaje con la misma voz, lo que viene a la cabeza no es la imagen de un actor cambiando de papel en cada temporada, sino algo más parecido a un artesano que vuelve todas las mañanas al mismo banco de trabajo a hacer casi lo mismo, pero cada vez un poco distinto, porque el público también va cambiando. Su trabajo con Topo Gigio acompañó la infancia de varias generaciones, lo cual quiere decir que hubo padres y madres que lo escucharon de chicos y que después, ya grandes, les contaron a sus propios hijos quién era ese ratoncito, formando una cadena de recuerdos que ahora, con su muerte, queda como suspendida en el aire.
- Peppino Mazzullo falleció el miércoles 30 de septiembre en su casa de Sicilia, Italia, a los 100 años.
- Fue la voz original de Topo Gigio durante más de cuarenta años, en una relación laboral y artística sostenida en el tiempo.
- Su interpretación llegó a millones de espectadores en distintos países y quedó asociada a recuerdos de infancia de varias generaciones.
- Entre las frases más recordadas de su personaje está el “Ma cosa mi dici mai?”, traducido al español como “Pero qué me dices, ma!”.
- Su partida deja en primer plano la pregunta por el legado de una voz que trascendió las fronteras italianas.
Lo que más me llama la atención, si me dejan confesarlo, es que Mazzullo haya muerto en Sicilia, en su casa, lejos de los escenarios donde su voz cobró vida propia, y que sin embargo, la noticia haya cruzado mares y continentes hasta llegar a nosotros, los que alguna vez nos sentamos frente a la pantalla sin saber quién había al micrófono, pero reconociendo siempre esa tonadita inconfundible. Esa es, para mí, la medida de un trabajo bien hecho: que uno pueda irse de este mundo en silencio, en su tierra, y aun así su ausencia se sienta en lugares donde nunca estuvo físicamente. Peppino Mazzullo se fue a los cien años, y con él se cierra un capítulo de la historia de la tele que no se va a poder repetir, porque las voces de esa duración y de ese compromiso ya casi no se dan. Me queda, entonces, la sensación de que esta semana perdimos a alguien que no habíamos visto nunca y que, sin embargo, nos había acompañado toda la vida.
