Una novela negra en el mundo del cine independiente: dieciocho inversores denuncian a Hernán Casciari por siete proyectos que, prometen, nunca rindieron
Aportaron entre 50 y 3.000 dólares por producción, confiaron en la palabra del escritor y de su empresa Orsai Audiovisuales, y ahora aseguran haber cobrado mucho menos de lo esperado: la denuncia penal ya cayó en los tribunales porteños y promete sacudir al circuito de financiamiento colectivo del cine nacional.
Dicen los viejos del pago que cuando el río suena es porque agua lleva, y vaya si en este caso el río viene haciendo ruido desde hace rato: dieciocho personas decidieron dar el paso que muchos evitan por miedo, por vergüenza o por eso que en la Argentina solemos llamar "no meterse en quilombo", y presentaron una denuncia penal contra el escritor Hernán Casciari y su productora Orsai Audiovisuales. La presentación la hizo el abogado Ariel Gil Ces ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 34, y la causa terminó radicada en la Fiscalía N.º 16, según consta en el escrito judicial al que tuve acceso. Lo que sigue es una historia de plata, de promesas y de gente que, después de cinco años de esperar, decidió hablar.
Una inversión que prometía cine y devolvió, según los denunciantes, migajas
La denuncia abarca siete proyectos audiovisuales que, sumados, reunieron aproximadamente 23.640 participaciones entre 2020 y 2024, aunque vale aclarar que esa cifra no se traduce en personas únicas, ya que varios inversores compraron bonos en más de una producción. Los aportes individuales fueron desde 50 dólares, el piso, hasta 3.000 dólares, el techo, siempre con la promesa de participar de las ganancias una vez que la película, la serie o el documental vieran la luz. La modalidad era conocida como financiamiento colectivo o crowdfundig, una herramienta que en los últimos años permitió a muchos realizadores argentinos sacar adelante obras sin pasar por los circuitos tradicionales.
- "Sola en el Paraíso" (2020): documental sobre la actriz Justina Bustos durante la pandemia. Reunió 938 participaciones y, según el escrito judicial, terminó publicada gratis en YouTube sin aviso previo a los inversores. María Alecia Izturriaga, que puso 50 dólares, declaró con bronca: "Encima de que no se promocionó ni se supo más nunca qué pasó con eso, la suben gratis sin avisar".
- "La Uruguaya": basada en la novela de Pedro Mairal, habría recaudado unos 600.000 dólares a través de 1.967 participaciones. Fue vendida a Disney por el mismo valor que costó producirla, lo que permitió recuperar el capital pero, otra vez, sin rentabilidad. Para juntar la plata, el futbolista uruguayo Sebastián Fernández llegó a prestar su cuenta bancaria personal en el Banco Santander de Uruguay.
- "Canelones": arrancó como miniserie de seis capítulos, pasó a cuatro episodios y terminó siendo película, sin rendiciones económicas diferenciadas por etapa, según los denunciantes. Marcelo Vaccarili, que aportó 1.200 dólares, recordó: "Cuando los actores elegidos fueron actores reconocidos como Barassi, Rada, Llinás y Bordón, no tuve dudas del éxito de la serie". El estreno en cines fue anunciado para el 6 de agosto de 2026.
- "La Muerte de un Comediante": la ópera prima de Diego Peretti que se llevó la mayor cantidad de adhesiones, 10.139 participaciones, y una recaudación superior a 1.800.000 dólares. Los retornos informados por los denunciantes van de 1 a 84,60 dólares, según consta en la denuncia. Sebastián Angelini, que invirtió 2.900 dólares, declaró que su objetivo era abrir un negocio con las ganancias esperadas. Durante el estreno, el 20 de noviembre de 2025, la película se proyectó sin subtítulos en varias salas, con público que esperaba ver una proyección subtitulada.
El trasfondo de una denuncia que incomoda
Lo que más llama la atención de toda esta historia no es solamente el número de proyectos ni la cantidad de gente que se sintió estafada, sino el perfil de los denunciantes: gente de a pie, familias, profesionales, que sacaron plata del bolsillo confiando en la palabra de un escritor que supo construir una comunidad enorme alrededor de su manera de contar las cosas, y que durante años fue sinónimo de cercanía, de transparencia y de un modo de hacer cultura distinto. Por eso la denuncia duele, y por eso también la denuncia es grave: no se trata de inversores institucionales ni de especuladores, sino de personas que entregaron ahorros, que en algunos casos pidieron préstamos, y que ahora sienten que les pagaron con silencios, con películas gratis en internet o con ventas a plataformas internacionales que devolvieron, como mucho, el capital sin una ganancia razonable.
Como periodista que sigue de cerca el mundo de la cultura y las tradiciones, lo que más me golpea al leer esta denuncia es la mezcla de desilusión y decepción que se repite en cada testimonio: la sensación de haber sido parte de un sueño colectivo y de despertar, cinco años después, con la cuenta vacía y con la certeza de que, tal vez, aquella promesa de cine independiente y federal era, en los papeles, otra cosa. Lo que diga la Justicia a partir de ahora será clave, no solamente para los dieciocho que se animaron a denunciar, sino para todos los que, en silencio, miran de reojo y se preguntan si les llegó el turno de hablar.
