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Domingo, 25 de octubre de 2026
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Altas capacidades intelectuales: el desafío de encontrar compañía y un espacio propio

A los 40 años, Diego Lotito supo que tenía altas capacidades intelectuales. Su experiencia muestra que, más allá del rendimiento escolar, el principal obstáculo puede ser la soledad y la dificultad para encontrar pares con intereses similares.

Por Agustina RuedaSalud y sociedad · · hace 2 h
Altas capacidades intelectuales: el desafío de encontrar compañía y un espacio propio

Diego Lotito tiene 43 años y vivió gran parte de su infancia sin poder explicar por qué las clases le aburrían ni por qué le costaba encontrar personas con quienes conversar sobre los temas que le despertaban curiosidad. Recién a los 40 años supo que tenía altas capacidades intelectuales, una condición que, según los especialistas, sueleverse más por su impacto en la vida social y emocional que por el desempeño académico.

Durante la primaria, Diego terminaba de comprender los contenidos antes que sus compañeros y luego debía permanecer en clase mientras el grupo continuaba trabajando sobre lo mismo. No se trataba de arrogancia ni de desinterés general, sino de aburrimiento genuino. «La educación primaria me pareció sumamente aburrida», recuerda. Las materias que lograban captarlo eran las relacionadas con las ciencias sociales, mientras que el resto las resolvía estudiando en enero para rendir en febrero.

La búsqueda de pares, más difícil que el contenido escolar

Lo que más le pesaba a Lotito no era solamente el ritmo de las clases, sino la dificultad para encontrar amigos con quienes compartir intereses, sentidos del humor y conversaciones que le permitieran profundizar en lo que le generaba curiosidad. Prefiero leer antes que jugar a la pelota. «Yo realmente no compartía los intereses, no compartía el humor», señala. Hacer amigos no era imposible, pero encontrar a alguien con quien hablar en profundidad sobre sus temas favoritos sí lo era.

En la secundaria, las actividades extracurriculares leon un poco más de oxígeno. Participó en debates en inglés, Modelo de Naciones Unidas, olimpíadas de Matemática y teatro. Sin embargo, sus calificaciones no reflejaban lo que podía aprender. «Académicamente no me iba muy bien porque la verdad es que no me interesaba mucho», explica. En esa época, según relata, tampoco contaba con recursos profesionales ni con un marco conceptual que le permitiera identificar lo que le happening y explorar alternativas educativas más adecuadas.

La universidad abrió un camino distinto. Diego estudió Historia en la Universidad de Buenos Aires, después Magisterio, luego Medicina, más tarde genética forense, y actualmente se encuentra a punto de terminar la licenciatura en Administración en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. La sucesión de carreras no refleja necesariamente una dispersión, sino una búsqueda sostenida. En cada etapa le resultó más fácil encontrar personas con inquietudes similares. «En la universidad fue mucho más fácil encontrar gente afín, gente con la que poder compartir estas cosas», recuerda.

“Académicamente no me iba muy bien porque la verdad es que no me interesaba mucho.”Diego Lotito

El diagnóstico a los 40 años le dio nombre a una experiencia que hasta entonces no podía explicar. Desde entonces participa en Mensa, una organización internacional que reúne a personas con altas capacidades, y en Board Game Comahue, un club de juegos de mesa del Alto Valle de Neuquén, donde conoció a personas con quienes compartir intereses. Su historia pone en foco una dimensión que los especialistas señalan con frecuencia: el mayor desafío de esta condición no siempre es el rendimiento académico, sino la soledad.

  • Las altas capacidades intellectuals pueden manifestarse como una comprensión más rápida y un aburrimiento ante contenidos que resultan lentos o poco Stimulus para la persona.
  • La dificultad para encontrar pares con intereses similares puede acompañar la experiencia escolar y la vida social y emocional.
  • Las actividades extracurriculares y los espacios de sociabilidad pueden ofrecer un ámbito más adecuado para explorar intereses y construir vínculos.
  • El diagnóstico tardío no elimina las dificultades vividas, pero puede ayudar a comprenderlas y a buscar apoyos educativos y sociales más adecuados.

La experiencia de Lotito también muestra que la identificación de las altas capacidades intelectuales no se limita a la comparación de resultados escolares. Para un adulto que atraviesa una consulta, el profesional de salud puede explicar las características de esta condición y orientar sobre la búsqueda de psychometricas, servicios educativos o clubes de intereses. La atención debe realizearse en consultorios y centros de salud, de acuerdo con la disponibilidad de cada jurisdicción y con el horario de atención publicado por cada institución.

AR
Agustina RuedaSalud y sociedad

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