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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Septiembre en la huerta: cómo combinar plantas comestibles y ornamentales en un mismo jardín

La llegada de la primavera abre la posibilidad de integrar cultivos de temporada con vegetación que permanece varios años. Claves de diseño, asoleamiento, riego y cuidados fitosanitarios para que la huerta conviva con el jardín sin perder producción ni estética.

Por Agustina RuedaSalud y sociedad · · hace 27 d
Septiembre en la huerta: cómo combinar plantas comestibles y ornamentales en un mismo jardín

La llegada de septiembre marca, en gran parte de la Argentina, el inicio de la temporada más activa para quienes mantienen una huerta familiar. Según el calendario hortícola que difunden viveros y especialistas en jardinería, este mes concentra una de las ventanas más amplias para sembrar y trasplantar, lo que permite planificar el espacio con tiempo y combinar distintos tipos de vegetación en un mismo terreno.

Antes de elegir qué sembrar, conviene definir cómo se usará el sector disponible. Una huerta puede integrarse al jardín y formar parte de la vista desde una ventana, una galería o el living de la casa, sin necesidad de quedar relegada a un rincón trasero. Para que esa convivencia funcione, el diseño debe contemplar tres variables: el tamaño que alcanzará cada especie, el grado de exposición solar que recibirá y la cercanía de una fuente de agua que facilite el riego durante los meses de mayor calor.

Vegetación perenne y cultivos de temporada, una misma lógica de organización

Una de las estrategias que recomiendan los paisajistas consiste en superponer dos capas vegetales: por un lado, plantas que permanecen varios años en el lugar y dan estructura al conjunto; por el otro, especies de estación que se renuevan con cada siembra. En el primer grupo suelen incluirse aromáticas como romero, tomillo, orégano y laurel comestible, que además de perdurar aportan aroma y continuidad visual. En el segundo, septiembre ofrece opciones de semillas y plantines de tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, entre otras.

La decisión entre sembrar semillas o comprar plantines ya desarrollados depende del tiempo disponible y de la especie elegida. Los plantines (plantas jóvenes criadas en vivero, listas para trasplantar) acortan los plazos de cosecha y resultan útiles para quienes recién una huerta; las semillas, en cambio, permiten mayor variedad y son la opción habitual para lechuga, rúcula y otras hojas verdes. Ambas alternativas pueden combinarse en el mismo diseño, ocupando los sectores según el calendario de cada cultivo.

La ubicación condiciona esas elecciones. Los especialistas consultados por publicaciones de jardinería señalan que las plantas de huerta requieren, como mínimo, medio día de exposición solar directa para desarrollarse de manera adecuada. En el hemisferio sur, el norte es la orientación que recibe mayor cantidad de luz a lo largo del año, por lo que identificar ese sector ayuda a decidir dónde emplazar los cultivos más exigentes, como tomate y berenjena.

También resulta práctico verificar que exista una toma de agua cercana. Durante la primavera y el verano, la evaporación del suelo y la transpiración (pérdida de agua que realizan las hojas) de las plantas se incrementan de manera sostenida, de modo que facilitar el riego forma parte de la planificación y no puede quedar librado al azar.

Alturas, colores y funciones dentro del mismo espacio

Con las necesidades básicas resueltas, la huerta puede pensarse como un sector más del jardín, distribuuyendo alturas, formas y colores. Un laurel comestible, por ejemplo, admite podas (cortes controlados que dan forma y limitan el tamaño) y permite armar un cerco verde capaz de ocultar lo que el dueño de casa prefiera mantener fuera de la vista, como el ténder donde se seca la ropa. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina (Tropaeolum majus, también conocido como nasturcio) aporta flores amarillas, anaranjadas o rojizas y, al mismo tiempo, hojas y flores comestibles. La elección final depende de las condiciones de cultivo y del lugar que ocupará cada planta cuando alcance su desarrollo máximo.

También conviene anticipar qué cultivos necesitarán protección. Las frutillas, una vez que a madurar, suelen atraer aves que pueden cosecharlas antes que el productor. En esos casos se recomienda colocar una red de malla fina (estructura plástica o metálica que impide el paso de los pájaros sin dañar la planta), y ubicar ese sector fuera del primer plano visual para que la cobertura se integre al diseño sin romper la estética del jardín. En el suelo o en macetas, el compost (restos orgánicos descompuestos que se incorporan como abono) y el humus de lombriz (el resultado de la digestión de la lombriz sobre materia orgánica, rico en nutrientes) ayudan a mejorar la estructura de la tierra y aportan nutrientes de liberación lenta.

AR
Agustina RuedaSalud y sociedad

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