Remarla en Santa Fe: una vuelta por la laguna Setúbal con los que la conocen de chico
Desde Arroyo Leyes, la familia Busaniche maneja Setúbal Kayak's y propone tres formatos de salida: paseos cortos bajo el puente colgante, travesías largas por el Delta Superior con almuerzo isleño, y un lago artificial para los que se prenden por primera vez.
Les cuento algo que me tiene enganchado desde que lo probé: hay una manera de conocer Santa Fe que no es desde la costanera ni desde la Ruta 168, sino desde el agua. Me refiero a meterse en kayak en la laguna Setúbal, ese espejo enorme que bordea la ciudad y al que uno nunca le termina de dar el lugar que se merece. La excusa ideal la ofrece Setúbal Kayak's, una empresa familiar que conduce Carlos David Busaniche desde Arroyo Leyes, y que tiene opciones para todos los palistas, incluso para los que todavía no saben lo que es un palista.
Tres formatos, una misma laguna
- Salidas cortas: bien pegadas a la costa urbana, con el puente colgante y la silueta de la ciudad como fondo. Son la opción ideal para una mañana o una tarde, y para tantear el agua sin meterse en zonas bravas.
- Jornadas largas: arrancan temprano y terminan con el atardecer. Recorren el Delta Superior, donde la laguna se abre como un abanico en cientos de cauces menores, zanjones con corriente fuerte y pasajes entre islas con playas de piedra y arena. El premio mayor es la bondiola isleña desmechada que prepara el equipo para el almuerzo.
- Lago artificial de aguas calmas: formado por el refulado de tierra en barrios cercanos a Arroyo Leyes, es el espacio pensado para chicos y para quien nunca remó en su vida. La empresa también alquila el predio con acceso directo a los esteros.
Antes de cada salida, los guías se toman un rato para el briefing de seguridad: explican cómo es el recorrido, qué equipamiento es obligatorio y qué cosas hay que tener en cuenta. En tierra, avisan sobre víboras y fauna silvestre en los senderos. En el agua, las advertencias pasan por las corrientes más intensas que aparecen cuando se entra a ríos internos, y por los camalotes que a veces tapan arroyos menores y obligan a rodear o a caminar por barrancas bastante barrosas. Por eso insisto en algo que me parece clave: hay que escuchar a los guías antes de hacerse el pícaro. Saben del tema y, si te apunás a la travesía larga, la diferencia entre un día memorable y un día complicado pasa, en buena parte, por acatar esos avisos.
Hay otro dato que a mí, particularmente, me voló la cabeza y que vale la pena compartir. La Setúbal tiene 32 kilómetros cuadrados de superficie y se extiende desde los arroyos Aguiar y Leyes hasta el Canal de Acceso del puerto santafesino. Forma parte del sistema del Paraná, recibe agua de riachuelos que bajan desde Brasil y debe su color rojizo a los sedimentos que trae el Bermejo. En paralelo, la salinidad del cuerpo viene de los arroyos Saladillo Dulce y Saladillo Amargo. La mezcla, como verán, no es cualquier cosa: da un agua con nutrientes y biodiversidad propios, distinta de cualquier otro tramo del litoral. No es un dato menor para el que se quiere parar a entender qué está mirando mientras rema.
En cualquiera de los recorridos la fauna es parte del espectáculo. Es habitual cruzarse con flamencos rosados, garzas, espátulas, chajás, patos y gallinetas. El carpincho, que había quedado prácticamente borrado del mapa después de la bajante extraordinaria de la pandemia, está volviendo a verse por la zona, y eso a mí me da una alegría enorme. En los campos de las islas pastan caballos y vacas de puesteros locales, y cuando arranca la temporada aparecen las alfombras de irupé en flor, que son uno de los detalles más lindos que tiene el delta. La recomendación para la travesía larga es clara: ir en grupos con buena condición física.
Mi consejo de siempre para estas salidas: apuntense con tiempo, consulten el parte del tiempo antes de salir y lleven ropa que pueda terminar embarrada, porque el barro es parte del paisaje tanto como el agua. Si se animan a la jornada completa, lleguen con hambre al almuerzo isleño: la bondiola desmechada entra sola. Y para los que van con chicos o con algún amigo que se sube por primera vez a un kayak, arranquen por el lago artificial. Es la manera más tranquila de entrar en confianza antes de enfrentar la laguna abierta.
“Para mí, lo mejor de la jornada es cuando se corta el ruido de la ciudad del todo. Eso pasa recién cuando uno se aleja de la costa y entra en los cauces del Delta Superior. Ahí se entiende por qué vale la pena remar.”Carlos David Busaniche, conductor de Setúbal Kayak's
Y para cerrar, como hago en cada nota: la mejor hora del día para la foto es esa franja breve en la que el sol empieza a caer sobre el puente colgante y la laguna se pone colorada. Si la salida es larga, apunten a las tomas sobre el agua al atardecer; si la salida es corta, madruguen un poco y busquen la luz de la mañana sobre la ciudad. Esa luz hace el resto.
