San José, la escapada entrerriana donde las termas se maridan con el vino y la historia
En el sudeste de Entre Ríos, sobre la costa del río Uruguay, esta localidad combina piscinas termales, bodegas con identidad propia y un molino que todavía cuenta el viaje de los inmigrantes que fundaron la colonia en el siglo XIX.
Les cuento una buena noticia para quienes estamos pensando en una escapada corta, pero con muchas cosas para hacer: San José, en el sudeste de Entre Ríos, es de esos destinos que parecen simples a primera vista y, cuando uno empieza a caminar, se van a aparecer sorpresas una detrás de la otra. Está sobre la costa del río Uruguay, bien cerquita de Colón y Villa Elisa, las otras dos paradas fuertes del circuito termal entrerriano, y forma parte de la región turística que llaman Tierra de Palmares. La propuesta, como verán, va mucho más allá de un día de pileta.
El Molino Forclaz, un viaje a las raíces de la colonia
Yo siempre recomiendo arrancar cualquier visita por San José en el Museo Provincial Molino Forclaz, porque ahí se entiende de dónde viene todo lo demás. El predio tiene cinco hectáreas y conserva la vivienda familiar y el molino de viento que Juan Bautista Forclaz mandó a construir para moler trigo y maíz. Lo curioso es que el viento de la zona no terminó alcanzando, así que la familia tuvo que volver al sistema anterior, con mulas, para seguir moliendo. Las visitas son con guía, que va contando la vida de los Forclaz y la de los inmigrantes que poblaron la colonia. Si pueden, averigüen antes de ir: en algunas fechas se suman representaciones a cargo de vecinos del pueblo y, durante el verano, hay recorridos nocturnos iluminados con velas, faroles y candelabros que son una postal inolvidable.
Termas, vino y tapeo, todo en un mismo pase
A solo cinco minutos del casco histórico aparece Termas San José, el lugar donde el cuerpo dice basta y se entrega. El complejo tiene doce piscinas y varios sectores desde los que se ve el río Uruguay, algo que a mí, particularmente, me encanta porque le suma aire libre al relax. La gran apuesta del lugar es el pase de experiencia eno-termal, que es bastante completo: acceso a todas las piletas, un área exclusiva de relajación, batas y toallas incluidas, un tratamiento facial de vinoterapia en el Spa Acqua Termal y, como cierre bien entrerriano, vino de la zona con tapeo regional en el restaurante Entre Fuegos. O sea, uno sale del agua, se toma un Tannat o un Pinot Noir y se come algo rico sin moverse del complejo.
Lo que más me gusta de este pase es que no se queda en el termal: incluye una visita guiada gratuita a la Bodega Vulliez Sermet y beneficios en otros establecimientos de la zona, incluido el alojamiento entre viñedos de Los Franco Suizos. La tradición del vino en San José viene de los inmigrantes que llegaron a la Colonia San José a mediados del siglo XIX, y hoy se nota en las variedades que se elaboran, entre ellas Pinot Noir, Chardonnay, Tannat y Marselan. Si son de los que, como yo, no perdonan una copa, dense el gusto de hacer la visita guiada y pregunten por cada varietal: vale la pena.
Movimiento, compras y paseos para completar la escapada
- Molino Aventuras: para los que necesitan moverse después del relax, tiene palestra, tirolesa, puentes aéreos, escaleras móviles y un mangrullo con vista abierta.
- Centro Municipal de Artesanos: un paseo tranquilo para llevarse algo hecho en cerámica, madera, cuero o lana por manos de artesanos locales.
- Paseo por el casco histórico: la recorrida urbana, ideal para caminar sin apuro y empaparse del aire de pueblo que todavía se respira en San José.
Mi consejo, como siempre, es que se tomen un rato antes de salir a caminar para apuntar bien las actividades y los horarios, sobre todo si quieren combinar termas, bodega y el molino en el mismo día, porque todo está cerca pero el tiempo vuela cuando uno se distrae mirando el río. Y ya que estamos, les dejo el dato que nunca falla: la mejor hora del día para sacar la foto en San José es bien entrada la tarde, cuando el sol empieza a bajar sobre el río Uruguay y le tira un dorado suave a los viñedos, al molino y a las propias termas. Es ese ratito en el que la luz hace todo el trabajo y uno solo tiene que apretar el botón.
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