Pardo, el pueblo donde Bioy escribió "La invención de Morel" cumple 150 años entre gauchos y tranqueras
A 200 kilómetros de Buenos Aires, sobre la Ruta 3, un paraje de menos de 200 habitantes se prepara para festejar siglo y medio desde la llegada del primer tren. Hay literatura, campo y un museo que guarda la memoria de los veranos de Borges y Silvina Ocampo.
Les cuento que estuve revisando la historia de Pardo, un pueblo chico del partido de Las Flores que el 19 y 20 de septiembre va a soplar las velitas por sus 150 años, y la verdad es que me quedé con ganas de meter la valija en el auto y salir corriendo para allá. Son apenas 200 kilómetros desde Buenos Aires por la Ruta Nacional 3, y del otro lado espera un paraje con calles de tierra que llevan nombres de árboles, menos de 200 vecinos y una historia literaria que, miren qué casualidad, tiene mucho más espesor que la mayoría de los pueblos con diez veces su tamaño.
Un aniversario con aroma a campo
La excusa del viaje es el cumpleaños de la estación de ferrocarril, inaugurada el 18 de septiembre de 1876, que le dio vida al pueblo. Lo que me gusta de esta historia es que el festejo no es un acto solemne: es un desfile gaucho, un baile popular y un almuerzo criollo, de esos con mesa larga, vino de la zona y carne al asador. Para quienes andamos con el apunamiento a cuestas, les dejo un consejo que sirve siempre en estas fiestas: coman liviano al mediodía, prueben todo de a poquito y reserven energía para el baile de la noche, que es donde realmente se conoce a la gente del pueblo.
La herencia Bioy, la que huele a literatura y a verano
Acá viene lo que a mí, como lector y como turista, me vuelve loco. La familia Bioy tiene raíces en esta zona desde 1835, cuando Juan Bautista Bioy, un inmigrante francés, le compró un campo a Lino Pardo -sí, el dueño original del que deriva el nombre del pueblo- y fundó la estancia Rincón Viejo. Al costado del camino que después sería la Ruta 3 abrió también una pulpería, que era un poco el corazón social de la campaña.
Décadas más tarde, su nieto Adolfo Bioy Casares empezó a pasar los veranos ahí junto a Silvina Ocampo. A esa casa llegaban también Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo, fundadora de la revista Sur. Imagínense la escena: una mesa larga en el medio del campo, con tres o cuatro de los escritores más importantes del siglo XX discutiendo sobre literatura mientras afuera cantaban los bichos de luz. De esos veraneos salieron obras concretas: en Rincón Viejo, Bioy escribió "La invención de Morel", publicada en 1940; Borges menciona la estancia en su cuento "El Sur"; y Silvina Ocampo, que hasta entonces se dedicaba sobre todo a la pintura, empezó a escribir en Pardo, dejando huella de ese ambiente rural en "Viaje olvidado" (1937) y en "Autobiografía de Irene" (1948). Además, Borges y Bioy firmaron juntos, con los seudónimos H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, una obra de literatura fantástica y policial que dejó marca en las letras argentinas.
Qué ver hoy, caminando unas pocas cuadras
- La vieja estación del ferrocarril, hoy convertida en el Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, con fotografías, libros, documentos y objetos del escritor, además de los registros del casamiento entre Bioy y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940.
- La iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892 y vinculada a la familia Bioy.
- La escuela que lleva el nombre del abuelo del escritor, un detalle que a mí me parece de los más emotivos del recorrido.
- El Club Unión Deportiva, la cita social del pueblo.
- Las calles de tierra con nombres de árboles, que son en sí mismas un paseo para caminar tranquilo y sacarse fotos.
Dónde comer y dónde dormir
La oferta es chica pero crece, y eso tiene su encanto. El bar-pulpería La Vieja Estación funciona en el predio de una antigua estación de servicio, abre fines de semana y feriados, y se adapta al clima: en invierno va con guisos y comidas de olla, en verano se pasa a la parrilla, siempre con opciones vegetarianas. Tiene además cuatro cabañas y un camping con parador para motorhomes, que incluye servicio de descarga de aguas negras y grises, algo que para los que viajamos en motorhome es casi un detalle de civilización. El Proyecto Yamay completa la propuesta con cabalgatas y avistaje, para meterse de lleno en la vida de estancia.
A mí, lo que más me seduce de Pardo es esa mezcla rara que tienen algunos pueblos argentinos: historia grande, paisaje chiquito, y una amabilidad de la gente que uno siente apenas se baja del auto. Si van el fin de semana del 19 y 20 de septiembre, van a coincidir con el desfile gaucho, el baile y el almuerzo criollo, y de yapa se llevan un siglo y medio de historia en el mismo viaje. Eso sí, consejo final para los que van con la cámara en la mano: la mejor hora del día para la foto es la tardecita, cuando el sol se va poniendo sobre los campos y la luz se vuelve dorada, perfecta para retratar las calles de tierra con nombres de árboles y la silueta de la estación del museo.
