El llamado que calmó a Porcel: el relato de Graciela Alfano y lo que nunca había contado
La actriz recordó un episodio de fines de los años 70 en el que el humorista se disculpó tras una intervención de su padre. Su testimonio se sumó al de Georgina Barbarossa, que habló de tocamientos y del respaldo de Carmen Vallejo en los sets de grabación.
Dicen que padre que muchoCalla, hasta que un día habla. A mí, esa frase me vino a la cabeza mientras escuchaba a Graciela Alfano rememorar una situación que vivió a fines de los años 70, cuando todavía era muy joven y compartía elenco con Jorge Porcel en los estudios San Miguel, una usina de ficciones donde, según parece, se cocían muchas cosas más que guiones.
Una pausa de filmación que se hizo eterna
Lo que la actriz contó, con la calma de quien mira hacia atrás y elige poner en palabras lo que durante décadas quedó guardado, fue que durante un descanso en una jornada de grabación, Porcel se entretuvo, como tantas veces, en contar anécdotas de tono sexual delante del elenco. Alfano dijo que había escuchado ese tipo de relatos en más de una oportunidad, pero que en aquel momento el humorista fue más allá: sacó la lengua y le dijo, mirándola de frente, "Mirá qué lengua tengo". La frase, según su propio relato, le provocó rechazo, y esa sensación fue la que la decidió a no dejar pasar el episodio como unasimple bravuconada más de camarín.
Esa noche, ya en su casa, Alfano habló con su padre y le pidió que interviniera. La historia, que la actriz reconstruyó con detalle, tiene un dato que ayuda a entender por qué el pedido fue posible: Porcel conocía a su padre y, más aún, había recurrido a él en el arranque de su carrera para consultarle sobre proyectos de televisión y cine en los que le ofrecían participar. Ese vínculo previo fue, en sus palabras, lo que la llevó a pensar que un llamado podía tener efecto. Y lo tuvo: tras la conversación telefónica entre ambos hombres, al día siguiente, en el set, el humorista se acercó a pedirle disculpas.
Georgina Barbarossa y el respaldo de Carmen Vallejo
El de Alfano no fue el único testimonio que se conoció sobre experiencias laborales con Porcel. Georgina Barbarossa contó, por su parte, que cuando era joven y pasaba por apuros económicos, el actor la tocó "de una manera espantosa" durante una grabación. Dijo que salió llorando hacia su camarín y que, una vez adentro, le explicó lo ocurrido a Carmen Vallejo, una figura de referencia dentro del equipo de producción. A partir de ese momento, según su relato, Vallejo permanecía a su lado cada vez que le tocaba compartir escena con Porcel, como un modo de evitar que la situación se repitiera.
Un embarazo y un hostigamiento que no se detuvo
Barbarossa también recordó que, más adelante, volvió a aceptar un trabajo con Porcel por necesidad económica, y que el hostigamiento continuó aun durante su embarazo, un dato que pesa especialmente por lo que implica en términos de exposición y vulnerabilidad. La conductora fue clara al describir que las formas de acoso no se habían modificado, pese a su estado y pese a la presencia de otras personas en el set.
Mujeres frente al camarín y el peso de los códigos de época
En su propia reconstrucción, Alfano describió la postal que veía con frecuencia en San Miguel: mujeres esperando frente al camarín del humorista. Aclaró que no había visto directamente lo que sucedía puertas adentro, y al referirse a sus compañeras deslizó una idea que, a mi entender, ayuda a entender la complejidad del tema: muchas de ellas dependían de esos ingresos para mantener a sus familias, y eso configuraba un orden de cosas muy difícil de desobedecer. No se trata, señaló, de mirar hacia atrás con el ojo fácil del presente, sino de reparar en el peso que tenían aquellos códigos.
- El pedido a su padre para que interviniera ante una conducta que la había incomodado.
- La disculpa de Porcel al día siguiente, tras la conversación telefónica entre ambos hombres.
- El testimonio de Georgina Barbarossa sobre tocamientos y la decisión de hablar con Carmen Vallejo.
- La continuidad del hostigamiento durante un embarazo, según el relato de la conductora.
- La presencia de otras mujeres frente al camarín del humorista y el contexto económico que atravesaban.
Algo me quedó dando vueltas después de escuchar estos relatos, y creo que vale la pena dejarlo por escrito, en primera persona, porque es lo que siento como lectora y como cronista: en los dos casos aparecen otras personas que, de un modo u otro, amortiguaron lo que estaba pasando. Un padre que atendió el teléfono y habló. Una productora como Vallejo que se plantó al lado. Son gestos que no aparecen en los títulos de las películas ni en los créditos del final, pero que, a la hora de la verdad, son los que terminan sosteniendo a quien está pasando por una situación que no sabe cómo nombrar. A mí, eso me parece digno de ser subrayado, sobre todo cuando hablamos de una época en la que, como recordaba Alfano, muchas dependían de ese sueldo para llegar a fin de mes. La memoria, en estos casos, no sirve para ajustar cuentas con el pasado, sino para entender mejor las redes invisibles que, aun en contextos muy hostiles, supieron construirse entre mujeres y, a veces, también entre hombres que eligieron no mirar para otro lado.
