Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Turismo ›
Turismo /

Bajo el cielo más oscuro: una década de astrofotografía por los paisajes que eligen las estrellas

El astrofotógrafo Gonzalo Santile recorrió San Juan, Salta, La Rioja, Córdoba, Mendoza y Jujuy para registrar el cielo nocturno sobre relieves, salinas y montañas. Su experiencia deja lecciones útiles para planificar una salida nocturna: permisos, clima, orientación y paciencia.

Por Jorge SorianoTurismo · · hace 30 d
Bajo el cielo más oscuro: una década de astrofotografía por los paisajes que eligen las estrellas

Les voy a ser sincero: hay una forma de mirar la Argentina que muy pocos se animan a probar. Es la que aparece cuando se apagan las últimas luces del pueblo, se corre el viento y queda nada más que el cielo. Ahí trabaja Gonzalo Santile, un astrofotógrafo que lleva más de diez años recorriendo el país de noche, cuando la mayoría ya está durmiendo o volviendo a casa. Lo que me contó me sirve, y por eso se los comparto, para pensar una salida distinta a las clásicas, una donde la mochila se prepara con otra lógica.

Los destinos que Santile eligió para fotografiar

La lista es larga y atraviesa casi todo el mapa. Empieza en el Valle de la Luna sanjuanino y sigue por Cafayate, en Salta. Pasa por Talampaya y otros paisajes riojanos, sube al Cordón del Plata mendocino, baja a las Altas Cumbres cordobesas y termina, bien al norte, en las Salinas Grandes jujeñas. Lo que tienen en común no es solo la belleza diurna: son lugares donde la luz artificial escasea y, por lo tanto, el cielo se muestra como casi no lo vemos en la ciudad. Ahí es donde entran las estrellas.

  • Valle de la Luna, San Juan.
  • Cafayate, Salta.
  • Talampaya y otros escenarios de La Rioja.
  • Cordón del Plata, Mendoza.
  • Altas Cumbres, Córdoba.
  • Salinas Grandes, Jujuy.

Antes de cualquier salida nocturna, Santile hace algo que parece básico y que pocos cumplen: va de día. Reconoce los senderos, mira por dónde se puede circular, estudia el terreno y elige con calma dónde va a apoyar la cámara. Esa recorrida previa no es un capricho: es la diferencia entre volver con una foto impactante y volver perdido, o directamente no volver.

“En parques nacionales o provinciales hay que solicitar los permisos correspondientes y no se puede ingresar solo de noche; siempre voy acompañado por un guía o guardaparques.”Gonzalo Santile

El aviso no es menor. Muchas áreas protegidas tienen horarios, restricciones y exigencias de ingreso que un desprevenido recién descubre cuando llega al portón. A eso se suma otra cuestión práctica y muy de nuestra época: la señal del celular suele ser mala o nula en esos parajes, y el GPS no siempre salva la situación.

Eso lo aprendió Santile en carne propia. En las Salinas Grandes jujeñas, cuando volvía junto a un artesano local que lo acompañaba, se desorientaron y terminaron encontrando una salida cerca del punto por el que habían entrado. En otra excursión, la batería del teléfono se le agotó y quedó incomunicado. La familia, lógicamente, empezó a buscarlo. Son situaciones que suenan extremas, pero les aseguro que en el interior profundo, de madrugada, son bastante más frecuentes de lo que uno imagina.

Consultar el pronóstico antes de viajar es obligado, pero no alcanza. Santile lo dice con la tranquilidad de quien ya vio frustrarse varios viajes: las ráfagas de viento y la nubosidad arruinan una sesión incluso después de manejar cientos de kilómetros. En el norte de Córdoba, una tormenta lo obligó a esperar antes de poder captar las estrellas reflejadas en el agua acumulada sobre las salinas. La paciencia, en astrofotografía, no es un consejo: es una herramienta de trabajo.

Y acá va el primer consejo que les dejo para el apunamiento, que en este caso aplica perfecto: antes de programar la salida, miren no solo el pronóstico de nubes sino también el de viento. Una ráfaga fuerte no solo complica la toma, sino que también puede ser peligrosa si uno está cerca de un filo o de un barranco. Y carguen baterías de repuesto, no una: varias.

Hay un detalle que me parece clave y que Santile remarció en cada charla: las fotos que uno ve de la Vía Láctea sobre un cerro o sobre una salina no se ven igual a simple vista. Los colores y la nitidez que aparecen en esas imágenes salen de exposiciones que duran varios minutos. Algunas panorámicas, incluso, se arman con capturas hechas a lo largo de varias noches. La cámara registra información que el ojo humano no llega a procesar del mismo modo.

Eso no desmerece la experiencia de estar ahí, al contrario. La diferencia es que cuando uno mira al cielo en persona, lo que recibe es otra cosa: silencio, frío, viento, la sensación de estar parado en un lugar enorme. La foto después ayuda a compartirlo, pero no lo reemplaza.

Santile está convencido de que las zonas con poca contaminación lumínica son una puerta enorme para desarrollar el astroturismo en el país. No le falta razón: a poco rato de cualquier capital de provincia ya hay cielos razonables, y en varias regiones del NOA y de Cuyo la calidad es comparable con la de destinos internacionales que viven del cielo estrellado. Falta infraestructura, falta promoción y, sobre todo, falta que el visitante se anime a salir de noche con un plan.

Y acá va el segundo consejo, que es el que más repito: si van a hacer una salida nocturna, nunca vayan solos. Llévense a alguien de confianza, avisen a la familia por dónde van a estar y traten de volver con tiempo. La foto puede esperar; la seguridad, no. Y un detalle que a veces se olvida: lleven agua, abrigo y comida, porque de noche la temperatura cae más de lo que uno imagina y el cuerpo lo siente.

Para ir cerrando, les dejo un dato práctico y bonito a la vez. Si la idea es ir a alguno de estos lugares a sacar fotos, la mejor hora del día para la foto no es la noche cerrada, como muchos creen. Es esa franja corta que arranca una o dos horas después del atardecer y se extiende hasta que la Vía Láctea queda alta en el cielo. En esa ventana todavía hay algo de luz ambiental en el horizonte, las estrellas más brillantes ya aparecen y el cielo conserva un azul profundo que le da un volumen especial a la imagen. Es, en serio, el momento más lindo para apretar el obturador.

¿Qué paisaje argentino te gustaría ver bajo las estrellas? El mío, se los confieso, es el Valle de la Luna sanjuanino. Pero esa es una historia para otro viaje.

JS

Te puede interesar