Xbox le baja el precio al Game Pass pero le saca a Call of Duty del mostrador: la movida que reordena la consola y la billetera
Asha Sharma, la nueva cabeza de la división, recortó la tarifa del servicio y dejó afuera del primer día al gran estreno militar. Es el primer movimiento fuerte después de meses de caída en los abonados, en medio de una reestructura que incluyó casi dos mil despidos y el cierre de estudios.
Dicen que nadie mueve la batea si no le está entrando agua, y por estas horas en Redmond la batea de Xbox está goteando de lo lindo. Después de ocho meses seguidos perdiendo abonados, la gente de Microsoft decidió meter mano donde más duele: en el precio y en la promesa más tentadora que tenía el servicio. Asha Sharma, la ejecutiva que tomó las riendas de la división en lugar de Phil Spencer, se plantó delante del memorándum interno y confirmó lo que muchos ya se imaginaban: el Game Pass vuelve a crecer, la retención mejoró y, para sostener esa remontada, hay que aceitar el bolsillo del usuario. A la vez, hay que resignar una de las joyitas del catálogo.
Qué cambió concretamente para el que paga
- La tarifa mensual de la suscripción se redujo, aunque la compañía todavía no difundió los nuevos valores para cada país ni los detalles por nivel de servicio.
- Call of Duty dejó de entrar al Game Pass en su día de lanzamiento, con lo cual el gran estreno anual de la saga ya no funcionará como carnada para sumar suscriptores.
- La promesa de "estrenos desde el primer día", que durante años fue el caballito de batalla de la marca, queda así debilitada de cara a 2026.
- La compañía asegura que estas dos decisiones, sumadas a la reestructura interna, devolvieron al servicio a una curva de crecimiento.
Antes que nada, vale la pena entender qué es lo que se está moviendo. El Game Pass es, ni más ni menos, el Netflix de los videojuegos de Microsoft: uno paga una cuota mensual y, a cambio, tiene acceso a un catálogo rotativo de títulos para descargar y jugar en la consola Xbox, en una PC o incluso en la nube, desde el celular. Durante los últimos años, el gran argumento de venta fue siempre el mismo: "el día uno lo jugás acá". Es decir, cuando salía un juego esperado, el suscriptor lo tenía disponible sin pagar un peso extra. Ese era el anzuelo. Y ahora, con Call of Duty afuera de ese esquema, el anzuelo pierde filo justo en uno de los lanzamientos que más mueven la aguja cada año.
Sharma, al hablar con su gente, reconoció que la Xbox había tocado un piso histórico y que la empresa ya estaba empezando a tomar decisiones para reinvertir en el negocio. Esa frase, en criollo, significa que la cosa venía mal y que ahora hay que empezar a levantar el nivel de la oferta para que la gente no se dé de baja. El problema es que levantar el nivel cuesta plata, y la plata, en el mundo de los videojuegos, se cuida cada vez más. Por eso aparece la baja de precio, como un gesto para recuperar al usuario que se había ido o que estaba pensando en irse. Y por eso aparece también la poda de Call of Duty en el día uno, porque tener a la saga entrando al servicio de entrada le generaba a Microsoft un costo altísimo que la sangría de suscriptores ya no justificaba.
La cuenta pendiente: cuánto pesa cada decisión
Lo que todavía no quedó claro, y la propia Sharma no lo explicitó, es la nueva cifra de abonados. Es decir, la ejecutiva habla de crecimiento y de mejor retención, pero no hay un número concreto que permita medir cuánto se recuperó realmente el servicio después de la caída. Y tampoco está resuelto cómo van a entrar al Game Pass los próximos grandes juegos first party, los exclusivos de la marca, que son la otra gran promesa de siempre. Por lo pronto, lo que ya se sabe es que el plan de Microsoft era llegar a los cien millones de suscriptores en 2030, una meta que quedó al descubierto durante el juicio con la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos en 2023, y que con la pérdida de los últimos ocho meses luce cada vez más lejana.
Y acá aparece la pregunta del millón, la que cualquier jugador se hace mirando la pantalla del teléfono mientras evalúa si renueva o no la membresía. Cuando uno se sienta a pensar dónde poner la plata, ¿qué pesa más? ¿El precio de la suscripción, que hoy vuelve a ser un poco más amigable? ¿El tamaño del catálogo, esa montaña de juegos que uno puede recorrer como quien curiosea una feria? ¿O el acceso inmediato a los grandes estrenos, que era justamente lo que se perdió con esta movida? Porque la verdad sea dicha, cada jugador le da su propio peso a cada una de esas variables, y lo que para algunos es un golazo, para otros significa directamente la baja del servicio. Lo concreto es que, mientras tanto, en Xbox siguen moviendo piezas, y el que paga mes a mes va a tener que volver a hacer la cuenta en la cabeza antes del próximo debito automático. Lo que yo siento, después de seguir este tema de cerca, es que la marca está intentando recuperar la confianza con un gesto en el bolsillo, a costa de resignar la épica del lanzamiento inmediato, y que esa es una apuesta que se va a empezar a ver de verdad cuando se paren los números del próximo trimestre.
