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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Veinticinco millones de dólares y 155 estrenos: la pulseada por el cine argentino según el INCAA y Dolores Fonzi

Carlos Pirovano defendió los números del organismo y la exigencia de acreditar audiencia para acceder a subsidios; la actriz y directora, en San Sebastián, planteó que la dependencia de las plataformas se profundiza y que las coproducciones internacionales se volvieron más difíciles de sostener.

Por Rosario ChauqueCultura y tradiciones · · hace 21 d
Veinticinco millones de dólares y 155 estrenos: la pulseada por el cine argentino según el INCAA y Dolores Fonzi

Dicen que cuando el río suena es porque agua lleva, y en estos días el río del cine argentino viene haciendo bastante ruido: por un lado, el titular del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales salió a defender los números que, según su lectura, desmienten el relato del desfinanciamiento; por el otro, Dolores Fonzi, en plena alfombra del Festival Internacional de San Sebastián, dejó planteada una preocupación de las que duelen de verdad, la de las productoras chicas que ya no saben cómo armar una película sin terminar dependiendo, casi de rodillas, de las plataformas. Son dos voces que cuentan el mismo oficio desde lugares distintos, y a mí, que sigo el pulso de la cultura nacional hace años, me parece que conviene escucharlas con el mismo cuidado para entender qué está pasando con las luces, las cámaras y, sobre todo, con los recursos que mueven a nuestra cinematografía.

Los números que presentó Pirovano

Lo primero que uno tiene que hacer cuando un funcionario habla de plata es pedirle que muestre la lapicera, y en este caso Carlos Pirovano la puso sobre la mesa con una comparación que está dando que hablar: durante el año al que refirió en sus declaraciones, el INCAA destinó alrededor de 25 millones de dólares a apoyos al cine, contra apenas cinco millones de 2023. Si la cuenta es así, y hay que decirlo con prudencia porque las fuentes siempre hay que chequearlas, los recursos se multiplicaron por cinco en apenas un ejercicio. El funcionario usó esa diferencia para rechazar de plano la idea de que se haya cortado el acompañamiento económico al sector, y lo cierto es que el contraste entre los dos montos es de los que no pasan desapercibidos, sobre todo para quienes vienen reclamando que el instituto siga siendo una usina de películas y no una vidriera vacía.

A esos números Pirovano les sumó otros dos que también forman parte del debate cotidiano entre quienes hacemos cultura: por un lado, los 155 estrenos nacionales que se contabilizaron en el período, una cifra que, mirándola desde cualquier ángulo, da cuenta de que las salas siguen recibiendo propuestas locales; por el otro, los 30 films rodados específicamente durante su gestión, lo que, leído en frío, indicaría que la cadena no se detuvo. El titular del instituto agregó, además, que se estaban abriendo nuevas convocatorias y que las producciones argentinas habían pisado fuerte en festivales de la talla de San Sebastián, Venecia y Cannes, tres pasarelas que suelen funcionar como termómetro del estado de salud de un cine nacional.

La condición de acreditar audiencia y los acuerdos con otros países

Ahora bien, no todo es plata contante y sonante, y acá aparece uno de los puntos que más se prestan al debate: Pirovano explicó que para acceder a los subsidios se exige acreditar audiencia, un requisito que el funcionario vinculó de manera directa con la llegada efectiva de las películas a los espectadores. La idea, sobre el papel, tiene su lógica: si el cine argentino se hace con plata pública, es razonable que esa plata se traduzca en público en las salas; pero la medida también genera ruido entre quienes sostienen que condicionar el apoyo a números previos puede dejar afuera a proyectos más arriesgados, más de autor, más de esos que no nacen con el cálculo del rating bajo el brazo. Es una discusión que viene de lejos y que, me animaría a decir, va a seguir encendiéndose cada vez que se abran las ventanillas del organismo.

En materia internacional, el presidente del INCAA afirmó que se cerraron acuerdos con tres países concretos: Paraguay, para tareas de desarrollo y producción; Brasil, para una coproducción; e Italia, para dos coproducciones. Son tres mercados con los que la cinematografía argentina tiene historia y, sobre todo, con los que se pueden tejer redes que a veces terminan siendo tan importantes como los propios contratos. Pirovano presentó estos acuerdos como muestra de que la inserción global del cine nacional no se frenó, aunque, claro, una cosa son los papeles firmados y otra muy distinta la cantidad de proyectos que efectivamente terminan concretándose con socios del exterior.

La otra campana: lo que dijo Dolores Fonzi en San Sebastián

Del otro lado de la pulseada estuvo Dolores Fonzi, actriz y directora, que en San Sebastián acompañó la presentación de Mis muertos tristes y dejó una frase que quedó flotando en el aire como esos dichos de patio de casa que uno no puede sacarse de la cabeza: “Dependemos de las plataformas totalmente”. La actriz recordó que durante mucho tiempo las coproducciones con Francia, Bélgica y Alemania funcionaron gracias a la gestión del instituto, y sostuvo que esas posibilidades hoy se ven reducidas. Para ella, el problema no es solo conseguir dinero para terminar una película, sino transformar los contactos que se hacen en festivales y mercados en proyectos efectivamente compartidos, algo que, según su mirada, se volvió más trabajoso en los últimos tiempos.

  • Apoyos al cine: 25 millones de dólares en el año mencionado, frente a cinco millones en 2023, según Pirovano.
  • 155 estrenos nacionales en el período, de los cuales 30 se rodaron durante la actual gestión del INCAA.
  • Acuerdos internacionales firmados con Paraguay, Brasil e Italia para desarrollo y coproducciones.
  • Exigencia de acreditar audiencia como condición para acceder a los subsidios del organismo.
  • Dependencia creciente de las plataformas y dificultades para sostener coproducciones con Francia, Bélgica y Alemania, según Fonzi.

Lo que queda flotando, a esta altura de los hechos, no es tanto quién tiene la razón, porque las dos partes describen costados distintos de un mismo problema, sino cómo se articula la cadena que va desde la escritura del guion hasta la butaca del espectador. Por un lado, el instituto exhibe números que, si se toman como ciertos, hablan de un salto importante en los fondos y de una presencia internacional que no se apagó. Por el otro, una directora que pisa festivales internacionales cuenta, con una franqueza que a mí me resultó conmovedora, lo que se vive del lado de adentro de las producciones: que las plataformas son casi la única puerta abierta y que las coproducciones de antaño se están volviendo un bien cada vez más escaso. Yo, que vengo siguiendo estos temas desde hace años y que cada tanto me escapo a una función para recordar cómo huele una sala, no puedo menos que pensar que las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: que se invierte más en cifras absolutas y que, sin embargo, el oficio cotidiano se volvió más incierto. Mientras tanto, las películas argentinas siguen saliendo, los festivales siguen mirando hacia acá y los guiones siguen escribiéndose en mesitas de luz, así que a esta pulseada todavía le queda bastante por contar.

RC
Rosario ChauqueCultura y tradiciones

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