Un hospital japonés ensayó con un robot con inteligencia artificial para guiar pacientes y ordenar el comedor
La prueba con el humanoide D1 reabrió un debate familiar en la Argentina: el de las soluciones tecnológicas que se anuncian como definitivas y después duermen en un galpón. Mientras tanto, en Nagoya juntan datos para entrenar al equipo y las aseguradoras ya piensan en pólizas específicas.
Cada cierto tiempo aparece una promesa tecnológica que, se nos dice, va a cambiar el día a día de un hospital, de una fábrica o de un comercio. Y uno recuerda enseguida las máquinas expendedoras de turnos que en los años noventa iban a terminar con las colas en los centros de salud argentinos: finalmente, en muchos casos, terminaron acumulando polvo en un pasillo. Con ese antecedente en la cabeza, conviene mirar con ojos críticos lo que acaba de ocurrir en un hospital de Nagoya, Japón, donde un robot con inteligencia artificial fue puesto a orientar visitantes y a despejar las mesas del comedor.
El ensayo en el hospital
La experiencia se realizó a fines de agosto de 2026 y consistió en sacar al equipo del laboratorio para llevarlo a un espacio de uso cotidiano. La idea, según explicó Masahiro Shimizu, director ejecutivo de la firma Zeals, fue recolectar datos de entrenamiento y comprobar que la máquina resultara útil en situaciones reales, más allá de las pruebas controladas.
El robot elegido fue el D1, un modelo de 129 centímetros de altura que se desplaza sobre ruedas y tiene una estructura humanoide. Una cámara le permite reconocer rostros y sus dos brazos pueden levantar hasta cinco kilogramos cada uno. Su precio de venta parte de los cinco millones de yenes, alrededor de 32.000 dólares al cambio actual, una cifra que lo ubica lejos del alcance de cualquier hospital público argentino pero que en el mercado japonés se ofrece a través de distribuidores y esquemas de arrendamiento.
- Hospital de Nagoya: prueba piloto del humanoide D1 en orientación de visitantes y limpieza de mesas del comedor, a fines de agosto de 2026.
- Fabricante: Zeals, con meta de producir 100 unidades y acumular 10.000 horas de operación antes de marzo de 2027.
- Capacitación laboral: Kakuichi, empresa de Nagano, proyecta incorporar un humanoide en abril de 2027 junto a sus nuevos graduados, con tareas en manufactura y ventas.
- Seguros: Mitsui Sumitomo Insurance se asoció con Zeals para cubrir daños físicos y riesgos informáticos derivados del uso del D1.
- Política pública: el gobierno japonés se fijó como objetivo llegar a diez millones de robots con inteligencia artificial en funcionamiento antes de 2040.
La apuesta de Zeals incluye una meta concreta de fabricación y otra de uso intensivo: 100 unidades entregadas y 10.000 horas de operación acumuladas antes de marzo de 2027. Para eso, la compañía apunta a trabajar con socios que ofrezcan los equipos en arrendamiento y permitan juntar el volumen de información necesario para mejorar el software de reconocimiento y de movimiento.
En paralelo, la empresa Kakuichi, con sede en Nagano y dedicada al acero y a sistemas de gestión energética, ya anunció que prevé sumar un humanoide en abril de 2027, junto con el ingreso de sus nuevos graduados. El proyecto se hace junto con Play Robotics y contempla destinar al robot a manufactura, ventas y otras áreas, con la idea de que aprenda mediante tareas concretas. Su director ejecutivo, Riu Tanaka, fue claro al sostener que ese desarrollo requiere preparar antes a los empleados para aprovechar el equipo, y no al revés.
El componente asegurador también avanza. Mitsui Sumitomo Insurance firmó una alianza con Zeals para ofrecer pólizas a los usuarios del D1. Masaki Oshiro, gerente de una sucursal de la aseguradora, señaló entre los riesgos cubiertos los posibles daños a personas o bienes y las filtraciones de información por ataques informáticos, una preocupación que en la Argentina todavía suena lejana pero que en Japón ya forma parte del diseño del producto.
“Este desarrollo requiere preparar antes a los empleados para aprovechar el equipo, y no al revés.”Riu Tanaka, director ejecutivo de Kakuichi
Digámoslo claro: lo que se vio en Nagoya fue una prueba piloto con objetivo de juntar datos, no una solución lista para replicarse. La diferencia con tantos anuncios rutilantes que llegan a la Argentina es que allí se fijan metas de producción, se capacita al personal y se trabaja junto con aseguradoras para cubrir los riesgos antes de escalar el uso. Acá, en cambio, muchas veces se compra el equipo, se saca la foto para la gacetilla y después nadie responde cuando la máquina queda fuera de servicio.
El propio gobierno japonés se fijó como política de Estado alcanzar diez millones de robots con inteligencia artificial en funcionamiento antes de 2040, con el argumento de cubrir la falta de personal en hospitales y fábricas. Para esa misma fecha, las proyecciones de variante media de Naciones Unidas ubican en el 35,3% la proporción de población mayor de 65 años en el país asiático, un dato que explica la urgencia y que no tiene paralelo en la Argentina, aunque el envejecimiento poblacional también avanza.
El intendente que tome nota de esta experiencia debería empezar por tres pasos elementales antes de hablar de robots en el hospital municipal: relevar qué equipos están funcionando y cuáles no, capacitar al personal en el uso de la tecnología ya disponible y exigir a los proveedores contratos con metas medibles y soporte técnico. Después, con ese piso, se podrá discutir si tiene sentido sumar un humanoide al comedor del hospital. Mientras tanto, la lección japonesa es que sin datos propios, sin personal preparado y sin seguros que cubran los riesgos, la promesa tecnológica vuelve a quedar en promesa.
