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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Tres disparos en la cabeza y un lavadero que esconde más que autos: el crimen de Villa Dorrego

Juan Manuel Oviedo, pintor y padre de un adolescente, cayó baleado en la vereda. La versión del dueño del local no cerró, la Científica encontró vainas calibre 9 milímetros adentro y el hombre desapareció antes de declarar.

Por Jorge SorianoTurismo · · hace 31 d
Tres disparos en la cabeza y un lavadero que esconde más que autos: el crimen de Villa Dorrego

Les voy a contar una historia que, créanme, me dejó helado cuando terminé de reconstruirla. Hablo de Juan Manuel Oviedo, un pintor de obra de 36 años que el viernes a la tarde estaba sentado en la vereda de un lavadero de Villa Dorrego, en La Matanza, comiendo tranquilamente. En eso, un Ford verde se cruzó en la esquina de Saturnino Saraza y Donizetti, frenó, y dos hombres adentro abrieron fuego. Tres tiros le dieron en la cabeza. Lo llevaron al Hospital Simplemente Evita, pero ya no había nada que hacer. Juan Manuel era padre de un chico de 13 años y vivía en Laferrere. Su hermana Daiana lo resumió con una frase que me golpeó: "Lo balearon por atrás. Lo mataron de tres tiros en la cabeza."

Una versión que no cerró

Ahora bien, acá es donde la cosa se empieza a poner turbia, y por eso me parece importante que prestemos atención al detalle. El dueño del lavadero, un hombre al que en la causa identifican como José, se presentó en la Comisaría 4ª de Villa Dorrego y declaró. Su relato fue bastante prolijo: dijo que el episodio había nacido por el robo de una bicicleta, que él mismo había ido a recuperarla a otro sector del barrio y que los pistoleros llegaron después como represalia. Una historia con principio, medio y fin. El problema es que al fiscal Diego Rulli, de la UFI de Homicidios, no le cerró ni un renglón.

Y acá viene lo que a mí, como cronista, me hace levantar una ceja: la Policía Científica entró al lavadero y encontró vainas servidas calibre 9 milímetros adentro del local. Eso quiere decir que alguien respondió los disparos desde dentro, algo que la versión de José no mencionaba en absoluto. Para colmo, los grabadores de las cámaras de seguridad no estaban: alguien los había arrancado antes de que llegaran los peritos. ¿No les parece, como mínimo, llamativo?

El dueño desapareció en pleno procedimiento

Hay algo que me parece directamente de manual y que quiero compartir con ustedes, porque habla mucho de cómo se manejan algunos en estas situaciones. Mientras la Científica trabajaba en el lugar, José les avisó a los agentes que tenía que irse a ver a su madre, que estaba internada, y que iba a volver con un abogado. Se fue. No volvió más. Su teléfono dejó de responder mensajes y, según lo que se pudo saber, los vecinos del lavadero se negaron a prestar declaración. Un combo que, para el fiscal Rulli, no hace más que alimentar la hipótesis que ya manejan en la investigación.

  • Un hombre de 40 años que estaba con la víctima recibió un tiro en la garganta y quedó internado en el Hospital Simplemente Evita, fuera de peligro. Sus explicaciones a los investigadores tampoco terminaron de convencerlos.
  • La hermana de la víctima, Daiana Oviedo, sostuvo que el lavadero ya había sido baleado en otras oportunidades: "Al lavadero lo balearon no una, sino dos veces", afirmó.
  • Para el fiscal Rulli, el local no funcionaría solamente como lavadero, sino también como punto de venta de drogas, una línea que por estas horas orienta la pesquisa.
  • La causa quedó en manos de la UFI de Homicidios de La Matanza, con la inspección del lavadero como pieza central y la búsqueda del dueño como uno de los pasos pendientes.
“Lo balearon por atrás. Lo mataron de tres tiros en la cabeza.”Daiana Oviedo, hermana de la víctima

Antes de cerrar la nota quiero dejarles un consejo que siempre me parece bueno repetir cuando uno recorre barrios como Villa Dorrego: si ven un local con las cámaras arrancadas o venidas abajo, no lo tomen como un detalle menor. Apunten mentalmente el lugar, porque muchas veces esos indicios terminan siendo los que aclaran un hecho como el de Juan Manuel. Y ya que hablamos de apuntar, les cuento que la mejor hora del día para sacar una foto en esta zona, con esa luz tan particular que tiene La Matanza cuando el sol empieza a bajar, es entre las 17:30 y las 18:30. Se los digo porque uno nunca sabe cuándo va a tener que volver, y más vale llegar con una buena imagen guardada en la cámara que con las manos vacías. Abrazo grande para la familia de Juan Manuel, en especial para ese chico de 13 años que hoy tiene que entender por qué el mundo es tan injusto.

JS

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