Siete platos para no aburrirse en la cocina: de la pasta sin amasar al postre sin harina de trigo
Les confieso algo: cuando un menú semanal me cruza por la pantalla y veo que va de malfattis a boeuf bourguignon sin pedirnos que vendamos un riñón, se me prende la lamparita. Esta vuelta la recorrí de punta a punta y se los desgrano tal como la fui masticando, porque hay propuestas para todos los ánimos: noches largas con cuchillo y olla, cenas rápidas de martes a las nueve de la noche, y hasta un cierre dulce que pueden comer los celíacos sin drama.
La pasta que se hace con cuchara y sin amasar
Arranco por el plato que más me convocó: los malfattis de espinaca y ricota. El nombre, en italiano, quiere decir algo así como mal hechos, y la razón es bien doméstica: se forman a ojo, con cuchara o con las manos, sin molde ni técnica de patisserie. La masa lleva espinaca, ricota, harina, huevo y queso rallado, y eso es todo. Un consejo que les dejo para el apunamiento: no se obsesionen con que salgan parejitos, porque justamente la gracia del plato es esa irregularidad simpática que después se pierde debajo de la salsa. Se pueden hervir directo en la salsa o cocer en agua y terminar gratinándolos al horno con queso abundante, que es la versión que más me tienta. Y un dato que vale la pena tener a mano: la espinaca aporta vitaminas y minerales, mientras que la ricota y el queso suman proteínas y calcio, así que no es solo un plato rico sino bastante redondo.
Liviano, rápido y con juego de texturas
Para los días en los que el cuerpo pide algo más ligero, la ensalada tibia de espárragos me parece un golazo. La idea es combinar la yema cremosa con el crujiente del rabanito y la panceta, y dejar que el espárrago ponga su sabor particular, que es inconfundible. Lo mejor, desde lo práctico, es que los ingredientes se pueden cocinar con anticipación y saltearse juntos en el momento de servir, algo que a mí, que muchas veces llego tarde a mi propia mesa, me salva la noche.
Milanesa de merluza, fugazetta y el guiso del día siguiente
Si hay algo que nunca falla en la mesa argentina es una milanesa de merluza a la inglesa, rebozada con una cubierta simple y aireada que forma esa corteza dorada que cruje al primer mordisco y deja el interior bien jugoso. El acompañamiento de toda la vida son las papas fritas y la salsa tártara, y a esa dupla no la voy a discutir. Para la cena familiar, en tanto, la fugazetta lleva mucha mozzarella y cebolla abundante, con una base que se puede preparar con anticipación y guardar en el freezer hasta el momento de llevarla al horno. Y el guiso de fideos, hermano noble de la cocina de aprovechar sobras, se arma con lo que haya: un trozo de carne, zapallo, papa, zanahoria o cebollita se combinan en la olla y, como todo guiso que se precie, mejora al día siguiente, cuando los sabores ya se conocen.
Boeuf bourguignon para bolsillos normales
La perlita del menú, para mí, es el boeuf bourguignon económico. Es la versión de bolsillo del clásico francés de carne al vino tinto: se usan cortes más accesibles, los champiñones quedan como opcionales y la clave pasa por la cocción lenta, que es la que ablanda la carne y concentra la salsa hasta dejarla con esa profundidad que uno espera cuando escucha la palabra bourguignon.
El postre sin harina de trigo
Y para el cierre, una marquise de chocolate sin TACC que reemplaza la harina de trigo por harina de almendras. El resultado es un postre de textura aterciopelada y sabor intenso, y lo mejor es que el cambio de ingrediente no modifica el perfil del chocolate, así que los celíacos de la casa pueden comer sin mirar la etiqueta con desconfianza. Ahora bien, antes de que me pregunten, la mejor hora del día para la foto de cualquiera de estos platos es esa ventana corta de la tardecita, cuando la luz natural todavía tiene calidez pero ya empieza a caer y le saca brillo a las salsas sin apagar los colores.
