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Sábado, 17 de octubre de 2026
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San Lorenzo, el pueblo santafesino donde San Martín ganó su única batalla en tierra rioplatense

A 325 kilómetros de Buenos Aires, la ciudad combina historia sanmartiniana, una costanera con vista al Paraná y una mesa regional que va del pescado de río a la parrillada y la cerveza artesanal.

Por Jorge SorianoTurismo · · hace 1 d
San Lorenzo, el pueblo santafesino donde San Martín ganó su única batalla en tierra rioplatense

Les cuento que a San Lorenzo llegué con la idea de hacer una escapada corta y volví con la sensación de haber metido los pies en un capítulo de la historia grande. Está a 325 kilómetros de Buenos Aires, del lado santafesino del Paraná, y tiene una particularidad que no se repite en ningún otro punto del país: aquí fue donde José de San Martín libró su única batalla en suelo rioplatense. Eso, para mí, ya alcanza y sobra para ponerlo en la lista de pendientes de cualquier argentino.

El Campo de la Gloria, el lugar donde arrancó todo

El punto de partida obligado es el Campo de la Gloria, el predio donde el 3 de febrero de 1813 los Granaderos a Caballo derrotaron a las tropas realistas que habían bajado desde Montevideo. Hoy es una plaza arbolada, con familias, barriletes y termos de mate, pero el bronce del monumento de 1965 y el pino histórico, protegido por una reja de hierro, te devuelven de un cachetazo a 1813. En ese mismo lugar San Martín redactó el parte oficial de la batalla, y créanme que uno se queda un rato largo parado ahí, en silencio, tratando de imaginarse la escena.

Cruzando la avenida Sargento Cabral aparece el Complejo Museológico, que es una joyita: reúne cuatro museos en un mismo recorrido y se hace completo en una mañana. El Convento San Carlos Borromeo conserva las habitaciones donde se alojaron San Martín y su tropa, el comedor que funcionó como enfermería y el sitio donde murió el sargento Cabral, al que le rindieron homenaje dándole su nombre a la avenida que recién cruzamos. El Museo Sanmartiniano guarda cartas personales, una copia del parte de batalla y la túnica del fraile Pedro García. El Museo de Historia Regional repasa la megafauna prehistórica, las comunidades originarias y las primeras olas inmigratorias, y el Museo de Árboles Históricos cierra el circuito con especies centenarias del monte ribereño.

Costanera, río y un atardecer que no se olvida

Después de la histórica hay que ir a estirar las piernas a la costanera de boulevard Urquiza y Ricchieri. Tiene dos niveles de pasarela con vista directa al Paraná: cielo, islas y agua en primer plano, sin una construcción que tape el paisaje. Cuando el sol empieza a caer, la plaza Ovidio Lagos se prende con un túnel de veinte chorros de agua que se llena de gurises y de cámaras de fotos. Es, para mí, uno de los mejores miradores del corredor del río.

Dónde comer: del aperitivo al locro

  • Cervecería Bowie: dorada artesanal sin filtrar, de bajo alcohol, ideal como aperitivo a la sombra antes de almorzar.
  • Arboredo Jardinería: un café y vivero con opciones dulces y saladas en un salón lleno de plantas, perfecto para una merienda tranquila.
  • Panadería La Italiana: empanadas de pescado de río, recién hechas, para comer caminando por la costanera.
  • Restaurante Carbón: pescado de río grillado con papas rústicas y limones quemados, y una colita de cuadril con papas gratinadas para los que van por la carne.
  • Bodegón del Club Libertad: parrillada y unas llamadas pizzanesas, milanesas sobre base de pan con distintas guarniciones, que son una genialidad local.
  • El Viejo Bodegón: locro, pastas caseras y empanadas fritas, la cocina de toda la vida bien servida.

Como souvenir me llevé dos variedades de alfajores artesanales que llevan los nombres San Martín y Malvinas. Son ricos, pero lo que más me gustó es que parte de la recaudación se destina a escuelas rurales y organizaciones sin fines de lucro, así que uno se vuelve a casa con la panza llena y la conciencia tranquila.

Consejos prácticos antes de subir al auto

Les dejo mi recomendación de apunamiento: el museo sanmartiniano y el convento piden cabeza fresca porque hay varias salas sin aire, así que vayan con el pelo corto o un pañuelo handy. Lleven agua, porque la costanera invita a caminar mucho, y si van en verano carguen repelente porque la zona del río tiene mosquitos bravos al atardecer. Con eso, el viaje sale redondo.

Si ya visitaron San Lorenzo o tienen un lugar de la zona que recomendar, me escriben y lo sumamos a la guía. Y para la foto, la mejor hora del día es la última del atardecer, cuando la plaza Ovidio Lagos enciende los chorros de agua y el Paraná se pone colorado: ahí el cielo, el río y las islas se alinean como pintados para una postal.

JS

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