Rubén Rada se fue y Montevideo lo despidió con un candombe que no termina
El Salón de los Pasos Perdidos se llenó de público, de palmas y de voces que cantaron "Blumana" y "Muriendo de plena" al paso del féretro del músico uruguayo, mientras Yamandú Orsi lo despidió en persona y un puñado de artistas argentinos viajó a acompañarlo.
"El que se va sin que lo lloren, no llegó ni a semilla". El dicho criollo me volvió a la cabeza mientras miraba la fila que se empezaba a armar antes de las dos de la tarde sobre la Avenida del Libertador, en pleno centro de Montevideo. Esa fila era el cuerpo de una ciudad que se negaba a despedir en silencio a un hijo que le dio música, alegría y una manera propia de pararse en el mundo. Rubén Rada había fallecido el miércoles 26 de agosto, a los 83 años, después de un mes de internación por una neumonía bilateral, y el Palacio Legislativo se preparaba para abrir las puertas del Salón de los Pasos Perdidos y convertirse, por unas horas, en el corazón simbólico de un país entero.
Antes de explicar lo que pasó adentro, vale la pena detenerse en lo que significa una ceremonia así en estas tierras. El velatorio popular no es solo un trámite: es la última oportunidad que tiene una comunidad de mirar a los ojos al que se fue, de cantarle, de palmearle el viaje. En el Río de la Plata, además, la música es casi siempre el idioma elegido para ese cruce, porque en esta zona del mundo las despedidas se miden en compases y no en minutos de silencio. Por eso la decisión de abrir las puertas del Legislativo y no de un salón privado ya decía, de entrada, cómo se iba a vivir la jornada.
Un Salón de los Pasos Perdidos que se volvió un tablado
El ingreso se habilitó a las 14.00 y la ceremonia se extendió hasta las 21.00, con entrada por la puerta principal. Mucho antes del horario de apertura, ya había gente haciendo cola en las veredas, en una escena que mezclaba a militantes del candombe con familias enteras, jubilados con camisetas de la selección celeste y turistas que no querían perderse lo que intuían que iba a ser histórico. A lo largo de la tarde pasaron por el Salón familiares, colegas de varias generaciones y un público muy variopinto, y entre los músicos argentinos que viajaron a Montevideo estuvieron León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo.
Como me lo contó un colega que estuvo ahí, alrededor de las 16.00 el grupo se juntó con los hijos de Rada, con su esposa Patricia Jodara y con el compositor Jorge Nasser para cantar "Blumana" frente al féretro. Después sonó "Muriendo de plena", y las voces que estaban en el salón se fueron sumando solas, con palmas marcando la clave de candombe. No fue un recital ni un homenaje organizado: fue la música haciendo lo que siempre hace en estas costas, que es instalarse en el momento exacto en que se la necesita.
Yamandú Orsi y el pedido de alegría
En la rueda de prensa que ofreció al salir del Legislativo, el presidente Yamandú Orci contó que decretó duelo oficial para el jueves y participó del velatorio. Rememoró el vínculo personal que mantuvo con Rada y destacó su capacidad de conectar con públicos muy distintos: mencionó una actuación en Corea y una costumbre que le quedó dando vueltas, la de los militares uruguayos en el Congo que cerraban la jornada escuchando "Mi país". Después, casi como resumiendo lo que acababa de vivir, soltó una frase que me parece que define la jornada entera.
“Esto no para. Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría.”Yamandú Orsi, presidente de Uruguay
Orsi agregó que el propio Rada había pedido que su despedida tuviera un tono de alegría, y eso se notó: en lugar del silencio solemne que se espera en estos actos, hubo palmas, hubo canto y hubo una convocatoria a quedarse un rato más. Entre los que recibieron condolencias estuvo Matías Rada, uno de los tres hijos del músico, que se mantuvo cerca del féretro durante toda la tarde.
Cómo será el sepelio
- El sepelio se realizará el viernes 28 de agosto.
- El cortejo partirá a las 11.00 desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el barrio Palermo.
- La marcha se dirigirá al Cementerio del Norte, donde se realizará la inhumación.
Ahora bien, mirado desde Buenos Aires, lo de estos días en Montevideo deja varias cosas para pensar. La primera es que la música del Río de la Plata sigue funcionando como documento de identidad: cuando todo lo demás se cae, una canción alcanza para juntar a desconocidos bajo un mismo techo. La segunda es que las despedidas masivas, en esta región, son siempre una manera de discutir qué país se quiere ser. La tercera, y la más de fondo, es que la alegría que pidió Rada no es un capricho de estrella, sino una forma muy concreta de entender la vida: llevársela puesta mientras se pueda, aunque duela, aunque falte alguien.
Yo no llegué a estar en el Salón de los Pasos Perdidos, pero mientras escribía esta nota sentí que sí: sentí las palmas del candombe subiendo desde el vídeo que me pasó un colega, sentí el peso de una ciudad que salió a la calle con su mejor sonrisa y sentí, sobre todo, la confirmación de algo que uno ya sabía pero que a veces hace falta que alguien te lo recuerde. Rubén Rada no se fue en silencio. Se fue con un pueblo entero cantándole encima, que es exactamente como él hubiera querido irse.
