Jueves, 27 de agosto de 2026
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Gỏi cuốn: los rollitos vietnamitas que se comen fríos y sin una gota de aceite

Una receta fresca para el calor: oblea de arroz hidratada, langostinos, verduras crudas y una salsa de maní que se sirve aparte. El secreto está en el tiempo justo de remojo para que la oblea no se rompa.

Por Jorge SorianoTurismo · 27 de agosto de 2026 · hace 53 min

Te confieso que la primera vez que vi unos gỏi cuốn en una mesa me quedé un rato largo mirándolos antes de probar el primero. Son de esos platos que entran por los ojos: la oblea traslúcida deja ver el relleno, los langostinos asoman rosados entre las verduras y uno tiene la sensación de estar comiendo algo casi sin cocinar. Y esa es justamente la idea, porque estos rollitos vietnamitas son frescos de verdad: no se fríen, se comen a temperatura ambiente y son un clásico de los meses cálidos en su país de origen.

Qué son los gỏi cuốn y en qué se diferencian de los rollitos fritos

El nombre completo en vietnamita es gỏi cuốn, que traducido literalmente significa "rollos de ensalada". Eso ya te dice mucho: la base es una oblea de arroz que se hidrata unos segundos en agua caliente hasta volver maleable, y ahí mismo se rellena con langostinos y verduras crudas. Nada de aceite, nada de fritura, nada de horno. Es lo opuesto a los rollitos de primavera fritos que conocimos toda la vida en restaurantes de comida asiática al estilo occidental. La diferencia clave es esa: el nem va al aceite bien caliente y queda crocante; el gỏi cuốn se sirve frío, con la oblea apenas flexible y el relleno a la vista.

  • La oblea es de papel de arroz, no de trigo, y se hidrata en agua caliente.
  • No se fríe: se enrolla en frío y se sirve a temperatura ambiente.
  • El relleno es crudo o cocido apenas: langostinos, hierbas y verduras frescas.
  • Se acompaña con salsa de maní servida aparte, para mojar al momento de comer.

El truco del apunamiento: el tiempo justo de la oblea

Acá viene el consejo que vale oro para que no se te rompan todos en la mesa. La oblea es delicada de verdad: si la dejás más de la cuenta en el agua se vuelve un papelón, literalmente, porque se deshace apenas la tocás; si la sacás muy pronto queda tiesa y no cierra bien el rollo. El truco es sacarla del agua cuando todavía está un poco rígida en el centro y dejarla terminar de ablandarse sola sobre la mesada mientras vas disponiendo el relleno. En pocos segundos se acomoda sola y queda perfecta para enrollar sin que se pegotee ni se rompa. Mojá siempre una sola oblea por vez, sino se te apilan y se arruinan todas juntas.

La salsa de maní es el alma de la preparación y el complemento justo para una oblea y unas verduras de sabores tan neutros. Se sirve siempre en un cuenco aparte, al lado de los rollitos, y cada comensal va mojando el suyo al mordisco. Es el clásico en Vietnam y el que mejor le hace justicia a la receta.

“En Vietnam se sirven aparte, para mojar cada rollito al momento de comerlo. Esa pequeña pausa entre mojar y morder es parte de la experiencia.”Nota sobre la salsa de maní

Algo que me gusta mucho de esta receta es lo práctica que resulta para recibir gente o armar una mesa sin complicarse la vida. Se pueden preparar con anticipación y conservar en la heladera hasta el momento de servir, tapados apenas con un paño húmedo para que la oblea no se seque. Salen lindos sin esfuerzo, y eso, en mi experiencia, es de las cosas más valoradas cuando uno invita a comer.

La mejor hora del día para la foto de estos rollitos es media mañana, con luz natural de costado: la oblea traslúcida se ve translúcida de verdad, los langostinos rosados resaltan y las verduras verdes quedan bien definidas sin sombras duras.

JS

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