Espaguetis con choclo dorado: la pasta cremosa que se arma en media hora
Con maíz dulce, cebolla morada y una salsa de leche y queso rallado, esta receta rinde como plato principal y se prepara en dos frentes a la vez, sin complicarse.
Les confieso que cuando escucho espaguetis con choclo se me dibuja una sonrisa, porque es de esas mezclas que parecen pero terminan funcionando de maravillas. Acá la idea es simple y rendidora: una olla grande para la pasta y una sartén amplia para el choclo y la salsa. En total, unos treinta minutos reloj en mano, y a la mesa.
El truco del agua de cocción
Antes de prender el fuego, anoten mentalmente este paso que parece menor y salva la salsa: cuando falten un par de minutos para colar los espaguetis, guarden aproximadamente una taza del agua de la cocción. Es esa agua con almidón la que después ayuda a que la salsa quede fluida, brillante y bien ligada a la pasta, en vez de cortarse o quedar pesada.
La base cremosa, paso a paso
La salsa lleva leche, queso rallado y una pizca de nuez moscada. El queso se reparte en dos momentos: una mitad se disuelve en la sartén y la otra se incorpora cuando ya apagamos el fuego, para que no se pierda el sabor ni la textura. Si en casa tienen queso crema o crema de leche, también pueden sumar un poco y ese punto bien untuoso que a mí me vuelve loco.
- Poner a hervir los espaguetis en abundante agua con sal, durante el tiempo del paquete.
- En paralelo, cocinar la cebolla morada picada en aceite de oliva con una pizca de sal, unos cinco minutos, hasta que quede tierna y transparente.
- Sumar el choclo dulce y saltear a fuego medio entre tres y cuatro minutos, hasta que se dore apenas.
- Bajar al mínimo, agregar la leche, la primera mitad del queso y un chorrito del agua reservada, revolviendo suave.
- Sumar la pasta escurrida, mezclar a fuego bajo y, fuera del fuego, terminar con el resto del queso y pimienta negra recién molida.
La combinación que se arma es bastante: el dulzor del maíz, el perfume de la cebolla morada y la cremosidad del queso se complementan sin pisarse. A mí me gusta comerlo como plato principal, sin más acompañamiento que una ensalada verde, unos tomates cortados al medio o unas tostadas de pan de masa madre para no dejar nada de salsa en el plato. Un consejo de apunamiento: si llevan la pasta a lo de alguien, transporten la salsa aparte y mezclen en el momento, porque el choclo y la cebolla pueden soltar líquido y la pasta termina absorbiendo todo.
La mejor hora del día para la foto es el tramo de la tardecita, cuando entra esa luz lateral cálida que resalta el dorado del choclo y le da brillo a la salsa cremosa. Si la sacan adentro, ubíquenla cerca de una ventana y apunten hacia la fuente de luz para que la superficie de la pasta muestre ese lustro que invita a servirse otra porción.
