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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dos pueblos cordobeses para escaparse entre cerros, silencio y un rato de yoga

Capilla del Monte y San Marcos Sierras, separadas por 41 kilómetros, permiten armar una estadía que combina caminatas por el monte, noches estrelladas y espacios pensados para meditar. Una opción para quienes buscan volver del viaje con el cuerpo y la cabeza un poco más livianos.

Por Jorge SorianoTurismo · · hace 9 d
Dos pueblos cordobeses para escaparse entre cerros, silencio y un rato de yoga

Les confieso que cada vez que planifico una escapada por las sierras de Córdoba me pasa lo mismo: me debato entre el cuerpo que quiere caminar y la cabeza que pide detenerse. En este recorrido de 41 kilómetros entre Capilla del Monte y San Marcos Sierras, por suerte, no hay que elegir. Se puede hacer base en una de las dos localidades y dedicarle una jornada a la otra, o repartir las noches y pasar un poco de cada lado, que es lo que yo haría si tuviera que armar la valija hoy.

Capilla del Monte, con el Uritorco como compañía

En Capilla del Monte, el hotel Terrazas del Uritorco tiene Inti Puka, un espacio pensado para la meditación, el yoga y el bienestar personal. El alojamiento está puesto frente a los cerros Uritorco, Overo y las Gemelas, así que uno desayuna mirando las sierras, algo que a mí, cada vez que me toca, me baja la ansiedad de entrada.

“Para los que viajamos con la idea de incorporar hábitos más sanos, encontrar un lugar donde la práctica ya está armada dentro del alojamiento cambia todo. No hay que sumarse a una excursión ni buscar una sala por afuera, el espacio de introspección está ahí, a la vuelta de la habitación.”Clara Christophersen, dueña del hotel Terrazas del Uritorco

Clara Christophersen, que lleva tres décadas ligada a este tipo de propuestas en la zona, también tiene un espacio artesano naturista que funciona como bar de comida consciente. Cuando se lo consulté, me insistió con un punto que comparto: el atractivo del Uritorco pesa tanto como cualquier actividad. Muchos visitantes, me dijo, llegan empujados por la mística del cerro, y después se quedan probando las prácticas de bienestar que ofrece el lugar.

San Marcos Sierras, a paso lento entre el monte y el río

Cuarenta y un kilómetros hacia el noroeste aparece San Marcos Sierras, donde la primera invitación es caminar. Gustavo Chiozzini, que maneja la hostería Cielo y Tierra junto con Marisa Wagner, me explicó que el monte y el río quedan a distancias que se cubren a pie, sin necesidad de sacar el auto. Y un dato que a los que nos gusta mirar hacia arriba nos interesa: las noches suelen tener cielo despejado, así que el plan de mirar estrellas no depende de la suerte.

Cielo y Tierra es una hostería vegetariana con piscina, un parque amplio y una sala para meditar. La fórmula me parece cómoda: uno se aloja, almuerza sin carne y, si le apetece, se sienta un rato a practicar introspección sin moverse del lugar. Si el cuerpo pide más, los alrededores invitan a caminar y a respirar el monte.

Un pueblo con historia hippie y noches para quedarse

San Marcos Sierras, además, carga su propia historia: fue punto de encuentro del movimiento hippie argentino en la década del setenta. Ese pasado cultural se nota todavía en la fisonomía del pueblo, en su ritmo y en la cantidad de propuestas ligadas a la vida comunitaria. Cuando lo recorrí en su día, sentí que esa herencia sigue influyendo en la manera en que la gente recibe al visitante, con una calma que contagia.

Un consejo antes de armar la valija: si la montaña les pega fuerte, suban despacio, beban agua cada rato y, si sienten el apunamiento clásico de la zona, lo mejor es detenerse, respirar y volver más tarde. El Uritorco no se sube apurado, y mucho menos con el estómago vacío. Llévense algo liviano para comer y disfruten del ascenso como lo que es: una caminata, no una carrera.

Si me preguntan a qué hora conviene sacar la mejor foto del viaje, les digo temprano, ni bien el sol empieza a pegar contra el Uritorco y las Gemelas. Esa luz de la mañana enciende las laderas y deja el cielo todavía limpio, ideal para llevarse una postal serrana que después, en casa, hace el mismo efecto que un rato de meditación.

JS

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