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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la consulta al psicoanalista se convierte en el confesionario del grupo: la visita de Gabriel Rolón a Otro día perdido

La entrevista al especialista derivó en una ronda de reclamos cariñosos entre Evelyn Botto, Soy Rada y Mario Pergolini, con las confusiones de nombres, los besos que no llegan y los follows que se pierden como eje de una conversación donde el humor sirvió para poner sobre la mesa los códigos de convivencia en un set de televisión.

Por Rosario ChauqueCultura y tradiciones · · hace 16 d
Cuando la consulta al psicoanalista se convierte en el confesionario del grupo: la visita de Gabriel Rolón a Otro día perdido

Dicen que cuando el río suena, agua lleva, y en el set de Otro día perdido hace rato que el río viene haciendo ruido. Lo que tenía que ser una charla con el psicoanalista Gabriel Rolón terminó derivando, casi sin que nadie lo planeara, en algo que se pareció mucho a una terapia grupal con tono de broma, de ésas que sirven para sacar afuera lo que en la cotidianeidad queda tapado por la urgencia del programa y la cámara prendida.

Y quiero contarles, porque me pareció de lo más jugoso, cómo se fue armando la cosa. Evelyn Botto, locutora del equipo, tomó la palabra y puso el primer tema sobre el tapete: el lugar que ocupa dentro del grupo. Lleva un año en el programa y, según dijo, todavía la siguen mirando como la integrante nueva. Para graficarlo contó que Mario Pergolini, el conductor, en más de una oportunidad la llamó Layla, un nombre que no es el suyo y que ella, claro, no deja pasar por alto.

Pergolini intentó justificarse argumentando, entre risas, que tiene dificultades para retener los nombres de quienes lo rodean. Botto no le aceptó la excusa y siguió adelante, sumando un nuevo capítulo a su lista de pequeños desencuentros: contó que su compañero no suele saludarla con un beso, una costumbre que a ella la deja con la sensación de que falta algo en ese vínculo cotidiano de cada mañana de programa.

El psicoanalista, las formas de querer y un Rada en el medio

Ahí fue cuando Gabriel Rolón, que en un principio había llegado para ser entrevistado, se corrió del lugar del especialista y se puso a leer la escena como si estuviera en su consultorio, pero con público. Dijo, con la calma que lo caracteriza, que las personas tienen maneras distintas de relacionarse y de expresar afecto, y que no todos los vínculos se manifiestan de la misma forma. Y entonces, con la precisión de un bisturí que también sabe hacer chistes, le señaló a Botto que Agustín Aristarán, más conocido como Soy Rada, tampoco acostumbra dar un beso al saludar, lo que dejó a la locutora sin margen para quejarse de manera exclusiva.

Aristarán, mientras tanto, tenía su propio tema guardado y lo largó sin dudarlo. Contó que Pergolini había dejado de seguirlo en Instagram y, lo que es peor, que se lo había anunciado en persona, delante de todos, sin anestesia. Para el humorista, que el conductor figure entre sus seguidores no era un dato menor ni un capricho de vanidad: lo vivía como una especie de sello, una manera de presentarse ante otros que le decía al mundo que pertenecía a ese grupo, que estaba adentro. Cuando Pergolini le respondió que sus publicaciones le resultaban aburridas por la frecuencia con la que aparecían, Rada le contestó, con la ironía que es su marca registrada, que bien podría haber silenciado la cuenta sin necesidad de cortar el lazo. Rolón volvió a meterse y observó, con una pregunta que sonó a intervención de diván, que dejar de seguir a alguien también puede generar lecturas sobre el estado de la relación entre ambos.

  • La escena arrancó con una decisión sobre dónde sentarse: Bakto le ofreció a Rolón ubicarse entre él y Botto, una disposición que despertó las preguntas de Pergolini y abrió el juego a los planteos del equipo.
  • Pergolini consultó, ya metido de lleno en el rol de paciente, si una terapia grupal tiene como objetivo que todos se lleven bien, y Rolón le explicó que eso depende de cada situación y le preguntó si se trataba de compañeros que debían seguir trabajando juntos.
  • Aristarán cerró su tanda de reclamos con otro planteo en tono de broma sobre el trato que recibía y el tipo de actividades que le proponían, antes de que Pergolini diera por terminada la dinámica y volviera a la entrevista formal.

Y yo me quedé pensando, mientras terminaba de leer todo esto, en lo mucho que dice este cruce sobre cómo se convive cuando se trabaja en un set de televisión, donde la cámara no perdona y donde las palabras se pesan de una manera que en otros ámbitos no se pesan. Me pareció muy humano ver a Pergolini, a Botto y a Aristarán animarse a poner sobre la mesa, con el humor como vehículo y con un Rolón que prestó su oído profesional, esas pequeñas asperezas del día a día que muchas veces se tragan en silencio. Porque, en definitiva, lo que dejó esta visita fue la confirmación de que hasta en una charla pensada para hablar de otros temas, el grupo siempre termina hablándose a sí mismo, y de que el humor, cuando se usa con cuidado, es una de las herramientas más nobles que tenemos para arreglar, o al menos para entender, lo que entre nosotros se va desgastando.

RC
Rosario ChauqueCultura y tradiciones

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