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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el sueño de la mujer se corta en silencio: la apnea que no avisa con ronquidos

El agotamiento diurno, los dolores de cabeza al despertar y las dificultades para dormir pueden esconder apnea obstructiva del sueño en mujeres. Cuestionarios y estudios hogareños suelen quedarse cortos, por lo que la persistencia de los síntomas pide una evaluación profesional.

Por Delfina ColqueComunidades y territorio · · hace 27 d
Cuando el sueño de la mujer se corta en silencio: la apnea que no avisa con ronquidos

Despertarse varias veces durante la noche y levantarse con malestar merece atención, sobre todo si a eso se le suman somnolencia diurna y problemas para concentrarse. En las mujeres, estas molestias pueden estar vinculadas con la apnea obstructiva del sueño, aun cuando nadie en la casa haya notado ronquidos fuertes ni pausas en la respiración que salten a la vista durante la madrugada. Esa forma silenciosa del trastorno es, justamente, la que más se escapa del radar médico y termina disfrazándose de cansancio crónico, de estrés o de mal humor sin causa aparente.

En la consulta con un profesional conviene poner todas las pistas sobre la mesa: el cansancio durante el día, el dolor de cabeza matinal, la dificultad para empezar a dormir o sostener el sueño y los cambios de ánimo suelen atribuirse a la menopausia, al insomnio o a las exigencias de la rutina. Una revisión sobre el trastorno estima que hasta el 75% de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico, y que alrededor del 40% no relata las manifestaciones más reconocidas, entre ellas los ronquidos intensos y el ahogo nocturno, lo que vuelve todavía más fácil que el cuadro pase desapercibido durante años.

Cuando los estudios iniciales no alcanzan

Los cuestionarios que cruzan datos como edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero pueden identificar menos casos entre mujeres que entre varones. Algunas pruebas hechas en el hogar también pueden registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, incluidas las que se concentran en la fase REM del sueño, que es cuando el cuerpo sueña con mayor intensidad y cuando, paradójicamente, el trastorno puede hacerse más notativo sin dar señales evidentes. Por eso, si el malestar continúa, un resultado inicial sin alteraciones no siempre alcanza para descartar apnea. El médico puede indicar un estudio nocturno en un centro especializado, donde se observan la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso.

Qué pasa dentro del cuerpo durante la noche

Las interrupciones se producen porque la garganta reduce o bloquea repetidamente el paso del aire. El oxígeno disminuye y el organismo responde con microdespertares que, en general, no se recuerdan a la mañana siguiente, lo que explica por qué tantas mujeres llegan a la consulta convencidas de que durmieron toda la noche de corrido. El trastorno se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, dimensiones que también forman parte de la evaluación clínica y que obligan a tomar el problema en serio aunque el único síntoma visible sea un cansancio que no se explica.

Embarazo, menopausia y otros momentos clave

Durante el embarazo puede aparecer apnea o empeorar un cuadro previo, y su abordaje debe coordinarse entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño; si hay una cirugía prevista, corresponde avisar al equipo médico para ajustar la estrategia. La menopausia, con sus cambios hormonales y de peso, también suele ser una ventana en la que el trastorno asoma o se intensifica, lo que vuelve todavía más importante que el profesional de cabecera tenga presente la posibilidad de apnea cuando una mujer atraviesa esa etapa y empieza a dormir mal sin razón clara.

Señales para no dejar pasar

  • Cansancio extremo durante el día, aunque la noche haya sido larga.
  • Dolores de cabeza frecuentes al despertar.
  • Dificultad para iniciar el sueño o para mantenerse dormida.
  • Cambios de ánimo, irritabilidad o niebla mental sin causa evidente.
  • Ausencia de ronquidos fuertes, que no descarta el trastorno.
  • Embarazo o menopausia recientes como momentos de mayor riesgo.

La comunidad médica viene pidiendo, en distintos congresos y publicaciones, que se actualicen los criterios de sospecha y se destinen más recursos a los estudios nocturnos completos para mujeres, porque los cuestionarios y los dispositivos hogareños, útiles como primera mirada, todavía se quedan cortos en una porción significativa de los casos. Mientras esa actualización llega, la recomendación práctica es directa: si las señales se sostienen en el tiempo, la consulta con un especialista en sueño y, de ser necesario, un estudio en un centro especializado siguen siendo la herramienta más firme para sacar a la apnea del silencio y tratarla antes de que complique la presión, el corazón o el metabolismo.

DC
Delfina ColqueComunidades y territorio

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