Carrère desbordó Buenos Aires: mil lectores, una fila eterna y un autor que confiesa sus obsesiones
El escritor francés presentó Koljós en la Facultad de Derecho ante una sala colmada, pasó por Eterna Cadencia y volvió a hablar de El adversario, de la inteligencia artificial y de la muerte de sus padres como ejes de su obra reciente.
Lo que pasó el viernes 2 de octubre en la Facultad de Derecho de la UBA fue, para los que estuvimos ahí, mucho más parecido a un recital que a una conferencia literaria: casi mil personas dentro del auditorio, cientos más haciendo cola en la calle bajo un sol que no ayudaba, y un solo nombre en boca de todos: Emmanuel Carrère. El parisino de 68 años, ganador del Prix des Prix y del Premio Princesa de Asturias, había cruzado el Atlántico para presentar Koljós dentro del Festival Internacional de Literatura, y la ciudad le respondió con una convocatoria que hacía rato no se veía para un autor europeo de su perfil.
Yo me sumé a la fila temprano, con un termo bajo el brazo y la sensación de estar en una peregrinación lectora: alrededor, gente que había reorganizado su jornada laboral, señoras con bolsas de tela llenas de libros del francés y parejas jóvenes que se conocían justamente leyendo a Carrère. La sensación era extraña, porque suele ser un escritor de circulación más bien íntima, de esos que se recomiendan en voz baja entre amigos; y sin embargo allí estaba, multiplicado por mil, con su camisa a cuadros arremangada, su remera negra y unas zapatillas que le daban un aire deliberadamente despojado cuando subió al escenario.
Leila Guerriero como interlocutora
La encargada de llevar adelante la entrevista pública fue Leila Guerriero, una de las voces más respetadas del periodismo narrativo latinoamericano, y la química se notó desde el primer cruce de palabras: ambos construyeron una conversación de casi dos horas que funcionó menos como una promoción editorial y más como una sesión de radiografía del oficio de escribir. Carrère habló de sus obsesiones con una franqueza que en otro contexto resultaría incómoda y que en ese auditorio sonaba liberadora, y la ovación que lo recibió al subir al escenario se pareció, como ya se dijo en más de una crónica, a la de un recital de rock.
“Una historia así de monstruosa en un punto tiene que ver con casi todos nosotros. En la escritura siempre hay que ir adonde uno no quiere ir.”Emmanuel Carrère, sobre El adversario
Porque la pregunta inevitable, la que tarde o temprano caía, era por El adversario, el libro en el que narró el caso de Jean-Claude Romand, ese hombre que asesinó a su familia para sostener una mentira construida durante décadas. Carrère contó que durante dos años abandonó el proyecto, incapaz de volver a él, y que sólo mucho después entendió que ese relato lo excedía: que algo de esa monstruosidad cotidiana nos interpelaba a casi todos. La frase condensó, en buena medida, la razón por la que esa sala estaba llena: lectores que saben que este autor no escribe para entretener, sino para hurgar donde otros no se animan.
Un arco que va del trance al duelo
Por la mañana del mismo viernes, antes del caudal de público de la Facultad de Derecho, Carrère se había pasado por el bar de la librería Eterna Cadencia para una conferencia de prensa con periodistas: allí lo vimos con semblante afable y respuestas breves, casi medidas, muy distinto al Carrère expansivo de la noche. Le preguntaron, claro, por la inteligencia artificial y la escritura, y el autor eligió una salida que desatórisas entre los presentes: dijo que tiene «la suerte de ser demasiado viejo para que sea su problema», una fórmula elegante para eludir el debate sin desconocerlo, y que dejó a varios cronistas anotando la frase en sus libretas.
El FILBA, hay que decirlo, volvió a mostrar esa franja de lectores argentinos que está dispuesta a hacer colas larguísimas, a pedir permiso en el trabajo, a cambiar planes familiares con tal de no perderse una aparición del autor que les interesa. Para quienes no llegaron a entrar al auditorio ni pudieron pasar por Eterna Cadencia, los libros de Carrère siguen disponibles en ediciones de Anagrama en librerías de todo el país, que es la forma más íntima, y a veces la más verdadera, de seguir leyéndolo.
Lo que dejó la visita
Cuando la sala se vació y la Facultad de Derecho volvió a su rutina de pasillos y clases, lo que quedó flotando fue la imagen de un escritor que volvió a elegir Buenos Aires para presentar su libro más personal, el que cierra una etapa, y la decisión de los lectores de responderle con esa presencia masiva. La comunidad lectora que lo siguió durante toda su estadía pidió, en cada una de las colas y en cada una de las preguntas, más Carrère en español, más ediciones y más instancias como esta; y se lo hizo saber, especialmente, al FILBA y a las editoriales que hicieron posible cada una de las paradas.
