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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Croquetas de calabaza y queso sin bechamel: la receta que se arma con un microondas y una sartén

Sin harina ni manteca, estas croquetas usan puré de calabaza con parmesano como base y un dado de gouda que se derrite al freír. El doble rebozado es la clave para que la masa cremosa no se abra en el aceite.

Por Jorge SorianoTurismo · · hace 14 h
Croquetas de calabaza y queso sin bechamel: la receta que se arma con un microondas y una sartén

Les cuento una receta que me sacó de apuro más de una vez y que, mirá qué casualidad, no lleva bechamel. Sí, leíste bien: croquetas sin esa crema blanca que muchas veces nos complica la vida o nos parece pesada. Acá la historia se resuelve con calabaza, un poco de queso y un par de mañas que vale la pena conocer.

Una masa distinta, cremosa y sin harina

La base de estas croquetas no lleva harina ni manteca, y eso ya marca la diferencia. Se arma con calabaza cocida al microondas durante unos diez minutos, hasta que queda tierna, y después se trabaja en sartén junto a cebolleta y ajo rehogados en aceite. La calabaza se aplasta directamente en la sartén hasta obtener un puré parejo, sin grumos.

El parmesano cumple un doble trabajo

Al puré caliente se le suman dos cucharadas de queso parmesano en polvo, sal y pimienta. El parmesano cumple dos funciones: por un lado suma sabor, por el otro ayuda a compactar la masa sin quitarle cremosidad. Antes de dar forma a las croquetas, el paso más importante es dejar que la preparación se enfríe por completo; con la masa caliente el armado es prácticamente imposible.

Armado, relleno y el truco del doble rebozado

  • Se toma una porción de masa fría, se hace un hueco en el centro y se coloca un dado de queso gouda.
  • Se cierra bien, asegurándose de que el relleno quede bien envuelto.
  • Se pasa por pan rallado, luego por huevo batido y otra vez por pan rallado.
  • El doble rebozado endurece la cobertura y permite dar forma a una masa tan blanda.

La fritura y el momento de comerlas

La fritura se hace en aceite abundante y bien caliente, por tandas, hasta que cada croqueta queda dorada de manera pareja. Después se escurren sobre papel absorbente antes de servir. El resultado sirve como aperitivo o como cena ligera acompañada de una ensalada, que es como más me gusta comerlas yo, con hojas verdes y algo fresco al lado.

Consejo de apunamiento: dejá la masa enfriar bien antes de armar las croquetas y respetá el doble rebozado aunque parezca de más, porque es lo que les da estructura en el aceite. La calabaza de temporada otoñal es la protagonista, y el queso gouda puede reemplazarse por cualquier variedad semidura que funda bien.

¿Usás algún otro relleno para croquetas sin bechamel? Contanos en los comentarios. Y si te animás a probarlas, la mejor hora del día para la foto es a media tarde, con luz natural de costado, cuando el dorado de la fritura se luce de verdad.

JS

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