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Ballenas jorobadas en Brasil: la postal gigante que aparece cada invierno en el sur de Bahía

Entre julio y noviembre, los cetáceos llegan al archipiélago de Abrolhos para reproducirse y dan forma a una temporada turística que mueve a pueblos chicos del litoral. Salidas reguladas, operadores capacitados y un negocio que crece en la temporada baja.

Por Jorge SorianoTurismo · 27 de agosto de 2026 · hace 41 min

A esta altura del año, mientras las playas del litoral brasileño se llenan de argentinos enojados porque el mar está helado y la arena no compensa, pasa algo del otro lado de la costa que a mí, te confieso, me cambia el ánimo: las ballenas jorobadas aparecen. Así, como quien no quiere la cosa, entre julio y noviembre estos animales enormes llegan al sur de Bahía, se acercan a la costa y arman un espectáculo que ya se volvió una fija del calendario turístico. La gran cita es el archipiélago de Abrolhos, ese parque nacional marino donde los cetáceos van a aparearse y a tener a sus crías. Pero la movida no se queda ahí: los avistamientos se fueron extendiendo hacia el norte y hacia el sur, y hoy aparecen hasta en el litoral de São Paulo.

Lo más interesante de todo esto lo cuenta una organización que hace décadas viene trabajando en el tema: el Instituto Baleia Jubarte. Arranaron con base en Abrolhos y, a medida que la población de ballenas fue creciendo y ocupando nuevas zonas de la costa, fueron abriendo presencia en distintos puntos entre Bahía y São Paulo. Hoy son una referencia ineludible para entender cómo se organiza una temporada que, lejos de competir con el verano, lo complementa.

Una economía que se activa cuando el resto se toma un respiro

El dato que más me llamó la atención es el impacto en los pueblos chicos. En Caravelas, una ciudad costera que queda pegada a Abrolhos, el Instituto genera empleo directo y, además, tira de toda la rueda: hoteles, restaurantes, prestadores de servicios que durante meses tenían la persiana baja ahora trabajan con público nuevo. Eduardo Camargo, presidente del Instituto, lo resumió con una frase que me parece clave: esto es una nueva temporada de turismo, que viene a llenar el calendario en la temporada baja. Para los que miramos el mapa con ojos de argentinos, quiere decir que entre julio y octubre hay una razón concreta para meterse un viaje al sur de Bahía sin pelearse por una sombrilla.

“La ballena viva vale mucho más que muerta. La observación genera valor económico, empleo e ingresos, pero también sensibiliza a las personas. Quienes tienen la oportunidad de ver una ballena suelen salir de esa experiencia convertidos en su protector.”Enrico Marcovaldi, vicepresidente del Instituto Baleia Jubarte
  • Cuándo ir: la temporada fuerte va de julio a noviembre, con pico en agosto y septiembre, cuando se concentran los grupos de apareamiento y las primeras crías.
  • Dónde verlas: el archipiélago de Abrolhos, en el extremo sur de Bahía, es el escenario principal; también hay avistamientos hacia el norte bahiano y en el litoral de São Paulo.
  • Cómo moverse: las excursiones salen desde Caravelas y otras localidades costeras habilitadas, con embarcaciones registradas y guías certificados.
  • Qué tener en cuenta: Abrolhos es parque nacional marino, así que el acceso a las islas requiere permiso; las salidas respetan distancias y tiempos de permanencia cerca de los animales para no molestarlos.
  • Por qué conviene: para el viajero argentino es la excusa perfecta para visitar el sur de Bahía fuera del verano y combinar naturaleza con pueblos costeros con poca gente.

Si me permiten un consejo sobre el apunamiento, me voy a poner firme: llevense encima el repelente, protector solar y, sobre todo, ropa de abrigo porque en esas latitudes, en pleno invierno, el viento en la cubierta de la lancha castiga. No es una salida de playa: es una salida de mar abierto, y el cuerpo lo agradece. Ahora, la mejor hora del día para la foto, y esto lo digo con la experiencia de haber cubierto varias temporadas: la luz más linda aparece entrada la tarde, cuando el sol empieza a bajar y le da un tono dorado al lomo de la ballena cuando sale a respirar. Es ahí, en ese instante, cuando la cámara y el viaje se justifican solos.

JS

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