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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A la caza del puma en la estepa santacruceña: tres días de huellas, nieve y paciencia

Desde Perito Moreno, en el corazón de Santa Cruz, salen expediciones para rastrear al felino más grande de la Patagonia. Te cuento cómo es la experiencia, qué señales leen los guías y qué otras sorpresas te puede deparar el camino.

Por Jorge SorianoTurismo · · hace 41 d
A la caza del puma en la estepa santacruceña: tres días de huellas, nieve y paciencia

Les confieso algo: siempre tuve la fantasía de cruzarme con un puma en la Patagonia, aunque sea de lejos, aunque sea apenas una silueta recortada contra el cielo. Por eso, cuando me topé con la posibilidad de sumarme a una de esas expediciones de rastreo que salen desde Perito Moreno, no lo dudé ni un segundo. Y quiero compartirles la experiencia, porque es una de esas aventuras que te cambian la forma de mirar el paisaje.

Perito Moreno es una ciudad chica, enclavada en el departamento Lago Buenos Aires, justo en el cruce de la ruta nacional 40 y la provincial 43. No la confundan con el glaciar del mismo nombre: aquí estamos hablando de la localidad santacruceña que funciona como puerta de entrada al Parque Patagonia Argentina y, sobre todo, como base de operaciones para los safaris de puma que se vienen organizando en los últimos años.

Cómo es la logística del safari

Las excursiones duran tres días y arrancan de madrugada, bastante antes del amanecer. La idea es ganarles la pulseada al frío y, sobre todo, a las horas de mayor actividad del animal. Se recorren sectores aledaños a campos privados y áreas dentro del Parque Patagonia Argentina, siempre con guías locales que conocen el terreno como la palma de su mano. Una aclaración importante: el avistaje no está garantizado, y los operadores lo dicen con todas las letras. Pero el proceso de búsqueda en sí, eso de meterse por quebradas y cañadones con los binoculares al cuello, ya vale el viaje.

El invierno es la temporada ideal, y no sólo por el paisaje. La nieve cumple un rol clave: convierte a la estepa en una hoja en blanco donde las huellas quedan marcadas con una nitidez asombrosa. Eso sí, las condiciones son duras: nieve hasta las rodillas, hielo en el asfalto y temperaturas que se van bien abajo de cero. Hay que ir preparado, con ropa térmica de sobra, calzado impermeable y una buena provisión de guateros. Les doy un consejo de apunamiento: lleven siempre en la mochila un par de medias de repuesto y un termo con café bien cargado. Parece un detalle menor, pero cuando estás parado al rayo del sol a veinte bajo cero, esos pequeños lujos te salvan la jornada.

Las cuatro señales que leen los guías

  • La agitación de guanacos y choiques: cuando estos animales se ponen nerviosos y empiezan a moverse en bandada, suele ser porque detectaron al puma.
  • Las huellas en la nieve: la del puma es redondeada, con una almohadilla en forma de pentágono y, muy importante, sin marcas de uñas, porque el felino las retrae al caminar. La pata delantera es más grande que la trasera.
  • El vuelo de caranchos o cóndores que convergen sobre un punto: muchas veces delatan la presencia de una carroña, y donde hay carroña, tarde o temprano, aparece el puma.
  • Los restos de presas: generalmente guanacos o liebres parcialmente tapados con tierra o vegetación, una costumbre del animal para guardar su comida.

Cuando alguna de esas señales aparece, el grupo se detiene y se trabaja con binoculares desde posiciones elevadas, procurando no levantar polvareda ni alterar el comportamiento del animal. La clave es la paciencia, me insistieron los guías. Un puma puede estar a doscientos metros y no verlo jamás si no sabés dónde mirar.

El vecino más grande y más silencioso

Algo que me sorprendió mucho cuando lo investigué: el puma no ruge. A diferencia de los grandes felinos tropicales, se comunica con ronroneos, gruñidos y silbidos. Es un animal principalmente crepuscular y nocturno, solitario y muy territorial. Un macho adulto puede pesar entre 55 y 80 kilos, y una hembra, entre 30 y 60. Salta hasta cinco metros en vertical y más de diez en horizontal, una bestialidad. En la Patagonia su dieta se basa en guanacos, choiques y liebres, y cumple un rol ecológico fundamental como depredador tope: regula las poblaciones de herbívoros y mantiene sano al ecosistema.

Pero el safari no se agota en el puma. El recorrido por la estepa es un festival de fauna. Se cruzan guanacos a montones, zorros colorado y gris, piche patagónico, zorrino, y en el cielo, cóndores andinos, choiques y hasta flamencos. Dicen los relevamientos que el área registra más de 120 especies de aves, así que los amantes de las aves también la van a pasar de maravillas.

Como si fuera poco, Perito Moreno es una base estratégica para combinar con otros destinos. A pocos kilómetros está Los Antiguos, un pueblo productor de cerezas y frutillas gracias a un microclima de valle que parece mentira en medio de la estepa. Y algo más al sur se encuentra el Parque Provincial Cueva de las Manos, ese sitio Patrimonio Mundial con las pinturas rupestres que uno siempre quiere conocer.

Si se animan a sumarme en otra nota, les cuento la salida al campo. Mientras tanto, les dejo el dato que más me preguntan: la mejor hora del día para la foto es la del amanecer, esa media hora en que el sol empieza a pegar bajo sobre la nieve y los animales se mueven antes de meterse a dormir. La luz es dorada, el silencio parece otro, y uno siente que la Patagonia entera le está abriendo una puerta.

JS

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