Vuelve Rompiendo el hielo: Netflix apuesta por el drama en su segunda temporada
La serie animada basada en el manga de Kocha Agasawa regresa el 1 de octubre con un tono más intenso y la incógnita del futuro del estudio que la produce.
Dicen que cuando el agua se congela no deja de moverse, solo cambia de forma, y algo de eso parece entender Kocha Agasawa con su manga Kōri no Jōheki, que en nuestro idioma conocemos como Rompiendo el hielo: una historia de amor que no se queda quieta ni siquiera después de su primera despedida. La serie animada basada en esa obra vuelve a la pantalla de Netflix el próximo 1 de octubre, apenas seis meses después de que su primera temporada cerrara con catorce episodios que la convirtieron en una de las ficciones románticas escolares más comentadas de la plataforma en lo que va del año.
Lo primero que conviene entender antes de mirar el tráiler oficial que anda circulando por la red es qué tipo de ceremonia nos propone esta entrega. No estamos frente a una secuela que viene a repetir el mismo tono liviano y encantador que supo cosechar adeptos entre enero y abril de este año, cuando los episodios se emitieron semana a semana hasta completar esa primera mitad de la historia. Lo que Netflix confirmó, y lo que se desprende del material promocional, es que esta segunda temporada se inclina de manera decidida hacia el drama, con situaciones de mayor carga emocional y un pulso narrativo que promete tensar la cuerda de los protagonistas.
Un regreso exprés y un material que da para más
El dato no menor es la velocidad del regreso. Apenas seis meses separan el final de la primera temporada de este estreno, lo que hace pensar que la producción estuvo trabajándose en paralelo mientras se emitían los últimos episodios, aunque el estudio haya preferido dejar respirar a la historia antes de lanzarla de nuevo al mundo. El manga original de Agasawa, vale recordarlo, ya acumula catorce volúmenes recopilatorios, un volumen de material que deja margen de sobra para varias temporadas adicionales si la franquicia consigue sostener el interés del público.
- Estreno confirmado para el 1 de octubre en la grilla de otoño de Netflix.
- Trece o catorce episodios según los anuncios previos, con un tono marcadamente más dramático.
- Basada en el manga Kōri no Jōheki de Kocha Agasawa, con catorce tomos publicados.
- Producida por Studio Kai, estudio que se declaró en quiebra en abril pasado.
- La segunda temporada ya está terminada y su continuidad futura depende de la recepción del público y de la situación institucional del estudio.
La sombra de la quiebra
Ahora bien, no todo es celebración en esta vuelta, y creo que vale la pena detenerse en un dato que el comunicado oficial deja flotando en el aire y que a mí, como lectora habitual de estas noticias, me deja pensando más de la cuenta. Studio Kai, el estudio de animación que estuvo a cargo de darle vida a los personajes de Agasawa, se declaró en quiebra en abril pasado, y la situación institucional de la empresa sigue sin resolución definitiva. Eso significa que tenemos por delante una segunda temporada terminada y lista para verse, sí, pero con un signo de pregunta enorme dibujado sobre cualquier proyecto futuro que la franquicia pudiera tener.
A mí, que vengo siguiendo el ritmo de las plataformas y el pulso de las producciones japonesas que llegan a la Argentina, esta combinación me resulta especialmente atractiva y al mismo tiempo algo inquietante. Por un lado está el placer de ver cómo una historia que uno ya se sabía de memoria se anima a correrse del lugar cómodo y proponer algo más arriesgado, más adulto en sus emociones. Por el otro, queda esa sensación de estar mirando algo que podría ser el principio de un final, una de esas series que uno disfruta sabiendo que cada escena puede ser la última de su clase.
El 1 de octubre, cuando los nuevos episodios se sumen a la grilla, vamos a tener una respuesta parcial a la pregunta que la propia plataforma deja picando entre líneas: si el anime puede sostener el nivel de su primera temporada en este salto hacia el drama, o si ese cambio de registro le termina jugando en contra. Por lo pronto, lo que vuelve a quedar claro es que Rompiendo el hielo entendió algo que muchas historias de romance escolar suelen olvidar: que el amor, como el hielo, también se rompe, y que lo interesante nunca es la superficie sino lo que pasa cuando se agrieta.
