Una sala, seis butacas llenas y el misterio que volvió del desierto: «Zyzzyx Road», la película que recaudó menos que un café con medialunas en Dallas
El thriller de John Penney con Katherine Heigl y Tom Sizemore se exhibió durante una semana en un único cine de Texas y juntó apenas 30 dólares; la estrategia pasaba por los derechos internacionales de DVD, donde terminó recaudando más de trescientos mil.
Como dice el refrán que me repite mi abuela chaqueña, no hay mal que por bien no venga, y a veces la mejor cosecha se da después de la peor siembra: eso mismo parece haber aprendido John Penney con Zyzzyx Road, un thriller chiquito como una aceituna del Tapón de Añatuya, pero que terminó encontrando su rinde mucho más lejos de lo que imaginaba. La película es una de esas raretas que circulan por el mundo del cine independiente y que, antes que por la cartelera, se conocen por la anécdota de su estreno en Estados Unidos: seis espectadores, una semana, treinta dólares. Poca cosa, si se quiere. Pero acá lo que me interesa contar es por qué pasó eso, qué hay detrás de esa decisión y qué terminó ocurriendo después, porque la historia tiene más miga que la que parece.
De qué va la película, antes de mirar la platea
Antes de meterme con los números y el cine vacío de Dallas, conviene entender qué es Zyzzyx Road en sí misma, porque sin la trama no se entiende el recorrido comercial. La historia está ambientada en Las Vegas y arranca con lo que cualquier guion policíaco conoce de memoria: una pareja que mata al ex de ella. Hecho el crimen, los protagonistas deciden enterrar el cuerpo en la carretera que le da nombre al filme, una ruta desértica que parece sacada de un western. Pero cuando regresan a buscar el cadáver para asegurarse de que todo quede en orden, se encuentran con que el cuerpo ya no está. Y a partir de ahí empieza el juego, porque la pregunta lógica que se hace cualquier espectador es adónde se fue ese muerto y qué fue lo que pasó en ese tramo de arena y de asfalto mientras no había nadie mirando.
Quiénes la hacen y por qué la hicieron
El reparto reúne a tres nombres que se mueven con soltura en el cine estadounidense de las últimas décadas: Leo Grillo, Katherine Heigl y Tom Sizemore. La presencia de Heigl tiene una pequeña historia detrás, porque el papel que ella terminó haciendo antes había sido rechazado por Thora Birch, que por entonces ya había filmado el piloto de Anatomía de Grey. En cuanto a Sizemore, llegaba con un currículum pesado, con películas como Rescatando al soldado Ryan y Heat en la mochila, dos títulos que cualquier amante del cine conoce. La producción se hizo con un presupuesto de 1,2 millones de dólares y el rodaje se extendió durante veinte días del verano de 2005 en el desierto de Mojave, bajo el sol de California, con calor de novela. Para Penney, que ya tenía experiencia como guionista y había trabajado con gente como Brian Yuzna y Joey Travolta, el proyecto además tenía un condimento especial: por primera vez se hacía cargo de la dirección de su propio material. O sea, se jugaba entero.
El estreno más flaco de la historia y la lógica que tenía
Ahora bien, lo más llamativo de Zyzzyx Road no es su guion ni sus actores, sino su paso por las salas norteamericanas, que es donde se cocinó la anécdota. La película llegó el 25 de febrero de 2006 al Highland Park Village Theater de Dallas, una sala independiente que fue alquilada por mil dólares para ofrecer una función al mediodía durante una semana, con entradas a cinco dólares la unidad. La última proyección fue el 2 de marzo. En esos siete días pasaron por la sala seis personas en total, lo que dejó una recaudación de treinta dólares. Entre esos seis espectadores estaban la maquilladora Sheila Moore y una amiga, y el protagonista Leo Grillo les reintegró el importe de las dos entradas, de modo que, una vez descontada esa devolución, el saldo final quedó en veinte dólares. Es decir: menos que una cena modesta en cualquier restaurante de Palermo, y bastante menos que lo que un porteño medio deja una noche de viernes en un bodegón de San Telmo con una jarra de vino incluida. La explicación de por qué se organizó así es bastante concreta: Grillo no estaba buscando ganar dinero en el mercado interno estadounidense. Su intención era generar ingresos en el mercado internacional para financiar futuros proyectos cinematográficos vinculados con animales, que es un costado de su actividad que excede al cine de ficción. La exhibición en Dallas entraba en esa lógica como un paso formal necesario, más que como una apuesta de público.
Lo que pasó afuera, donde sí rindió
La cara B de la historia es la que reconcilia a cualquiera con la película. Los derechos internacionales para DVD de Zyzzyx Road terminaron sumando alrededor de 368.000 dólares repartidos en 23 países, que es una cifra mucho más amable para un filme de 1,2 millones de presupuesto y que, sobre todo, le permitió a Penney y Grillo cobrar el esfuerzo de aquellos veinte días en el Mojave. La moraleja, si me permiten el juego de palabras, es que aquella sala casi vacía de Texas no fue el final del camino, sino apenas la puerta de entrada a un recorrido que se completó del otro lado del mostrador, en góndolas de DVD de Europa, Asia y América Latina. A veces la mejor cosecha no se da en el campo propio.
Yo, que vengo siguiendo estas historias de cine chiquito desde hace años, lo confieso: me quedo con esa sensación de que en la industria del cine, como en la vida de cualquier pueblo del interior, las cosas grandes muchas veces empiezan con un paso en falso que nadie celebra. Seis espectadores, una semana, treinta dólares y después el mundo. Zyzzyx Road es, en el fondo, una película sobre un cuerpo que desaparece, pero también es la historia de un filme al que casi no vio nadie en su país y al que después fueron a buscarlo lejos. Como me dijo una vez un viejo proyectorista de un cineclub del conurbano bonaerense, mientras acomodaba un rollo rayado: no se apuren, que lo bueno a veces tarda en encontrar butaca.
