Un robot acuático con ferrofluido retira casi la mitad de los plásticos en pruebas de pileta y se llevó un premio internacional
El canadiense Moroti Adegboyega, de 17 años, creó un prototipo que combina inteligencia artificial y un compuesto magnético para recoger residuos del agua. Ganó el Stockholm Junior Water Prize 2026, aunque todavía no está listo para ríos o lagos.
Les quiero contar lo que viene haciendo un chico de 17 años en Canadá, porque la verdad es que me llamó la atención desde el primer párrafo: se llama Moroti Adegboyega, es de allá y hace pocas semanas se llevó el Stockholm Junior Water Prize 2026, que es como el Nobel del agua para jóvenes inventores, con un robot que limpia plásticos usando inteligencia artificial y un líquido que reacciona a los imanes.
El aparato se llama Ecoferroquatics y la idea es bastante directa: nada en el agua, identifica los residuos que están flotando, se desplaza hacia ellos y los levanta con un compuesto magnético. En pruebas dentro de una piscina, retiró el 51,85 por ciento del plástico que habían tirado ahí para el ensayo. No parece un número enorme, pero en contaminación acuática cualquier porcentaje cuenta, sobre todo cuando se trata de un prototipo que todavía no salió del laboratorio.
Cómo funciona el mecanismo
El sistema se divide en dos tecnologías bien marcadas. Por un lado, la inteligencia artificial se encarga de mirar el agua y decidir qué es plástico y qué no, y además calcula dónde está cada desecho. Esa información se manda a los microcontroladores, que son los circuitos que manejan los motores, y el robot avanza hasta el punto donde está el residuo. Hasta ahí es bastante parecido a cualquier robot autónomo.
La parte más original, al menos para mí, es la recolección. En lugar de usar una red, una pinza o algo así, el robot lleva una especie de líquido llamado ferrofluido que se adhiere al plástico. Ese compuesto lo armó el propio Adegboyega mezclando tres cosas bastante comunes: aceite vegetal, magnetita y ácido oleico. El aceite sirve para que el líquido se extienda y toque bien los residuos, la magnetita es la parte que responde al imán y el ácido oleico cumple una función casi de mucamo, que es impedir que todo se apelmace el resto.
Cuando el ferrofluido se pega al plástico, los imanes del equipo hacen el resto y levantan el residuo. En los nueve ensayos que presentó al premio, el promedio fue de 1,73 piezas recogidas por minuto, una cifra que no suena impresionante pero que el proyecto presenta como punto de partida.
Las pruebas y las comparaciones
El informe técnico incluyó una comparación con un tamiz convencional, que es el método más usado en plantas de tratamiento y también el más básico. En los ensayos con microplásticos, que son esas partículas chiquitas que a veces ni se ven, el robot ganó la pulseada: las partículas se cuelan entre las aberturas de una malla, pero el compuesto se les adhiere igual.
- El aceite vegetal facilita el contacto con el residuo
- La magnetita aporta la reacción al campo magnético
- El ácido oleico mantiene las partículas separadas y estables
Adegboyega contó que la idea le nació después de conocer una experiencia que separaba residuos con una mezcla de agua y ferrofluido. Le pareció ingeniosa, pero advirtió que era muy difícil de llevar a un río o un lago. Entonces pensó en montar ese mismo principio sobre una plataforma que se mueva sola por el agua, y de ahí salió Ecoferroquatics.
El proyecto reconoce que todavía falta para que el robot pueda tirarse a un curso de agua real. Las pruebas fueron en un espacio controlado, sin corriente, sin viento, sin plantas acuáticas y sin fauna. En un río o un lago la cosa cambia bastante: hay oleaje, hay ramas, hay peces, hay plantas que el robot podría llevarse puesto sin querer. Por eso el equipo dice que el objetivo a futuro es justamente afinar la recolección selectiva y evitar capturar lo que no es plástico, algo que con las redes y otros sistemas de arrastre pasa todo el tiempo y es un problema aparte.
La comunidad científica y educativa que sigue estos temas pidió a los jurados del Stockholm Junior Water Prize y a los organizadores de fondos para jóvenes investigadores que acompañen la etapa siguiente del proyecto, que es la que lleva al robot desde la piscina hasta un cuerpo de agua natural, con todos los ajustes que eso implica.
