Un documental sobre la caída de Elizabeth Holmes sacude las salas de cine y reescribe los rankings de la crítica especializada
La película de Nathan Fielder y Lance Oppenheim se filmó durante tres años en secreto y, a pocas horas de su estreno en Estados Unidos, ya supera a clásicos como «Harakiri» y «Cadena perpetua» en las plataformas de crítica más consultadas del mundo.
Más vale tarde que nunca, suelen decir por acá cuando una historia que parecía cerrada termina dando un giro inesperado. Eso es justamente lo que ocurrió con la caída de Elizabeth Holmes: la fundadora de Theranos, condenada a más de once años de prisión por un fraude tecnológico y sanitario que conmovió a Silicon Valley, aceptó ser filmada en la cárcel y el resultado es un documental que, en cuestión de horas, puso en jaque a los rankings más respetados de la crítica cinematográfica internacional. La película se llama "You Can See Everything" y llegó a las salas de Estados Unidos con una modestia aparente que esconde una maquinaria narrativa de más de dos horas y cuarenta minutos.
Antes de detenerme en los números, vale la pena explicar de qué va el asunto, porque detrás del éxito de plataformas hay una historia humana que merece ser contada con todas sus letras. Holmes prometió durante años una máquina capaz de realizar cientos de análisis de sangre con apenas unas gotas. Millones de personas confiaron en su palabra, inversores pusieron miles de millones de dólares y pacientes creyeron en una revolución médica que nunca existió. Cuando se descubrió el engaño, la Justicia estadounidense la condenó y la enviaron a prisión. Hasta ahí, el guion parecía terminado. Lo singular es que, apenas 34 días después de su ingreso al penal, ella misma les ofreció a los directores Nathan Fielder y Lance Oppenheim la posibilidad de registrar su vida cotidiana. La propuesta fue tan insólita como reveladora: tres años de filmaciones silenciosas, sin pauta publicitaria, sin entrevistas promocionales, casi en las sombras.
Lo que dicen los rankings, palabra por palabra
- Letterboxd: la película trepó al primer puesto histórico con una nota promedio de 4,76 sobre 5 y más de 87.000 votos, desplazando al clásico japonés "Harakiri", que durante años sostuvo 4,68 sobre 5 con más de 271.000 valoraciones acumuladas.
- Rotten Tomatoes: el documental cosechó un 99 por ciento de críticas positivas por parte de la prensa especializada, una cifra inusual incluso para los estrenos más celebrados del año.
- IMDb: la nota media de 9,3 sobre 10 le permite compartir el primer lugar del ranking general con "Cadena perpetua", una de las películas más emblemáticas del cine contemporáneo.
Esos números, por sí solos, cuentan una parte de la película, pero no la más importante. Quienes fueron a verla en las primeras funciones norteamericanas relataron en redes y foros una experiencia llamativa: al terminar los créditos finales, la sala quedó en completo silencio. No hubo aplausos ni murmullos ni celulares encendiéndose para registrar el momento. Es como si el público necesitara unos minutos para entender qué acababa de ver, como cuando uno sale de un velorio y tarda en acomodarse el cuerpo en la calle. Esa quietud, dicen los que la vivieron, es la mejor recomendación posible.
Otro dato que no debe pasarse por alto es el relacionado con la distribución en castellano. Por estas tierras todavía no hay fecha confirmada de estreno en América Latina, lo que genera una expectativa algo incómoda: los cinéfilos argentinos, que suelen seguir de cerca este tipo de producciones, deberán armarse de paciencia o esperar a algún festival que la incluya en su grilla. Lo concreto es que la distribuidora Avalon anunció su lanzamiento en España para el 12 de febrero de 2027, sin confirmación oficial de adelantos ni de eventuales funciones previas en nuestra región. Es decir, hay calendario para el otro lado del Atlántico, pero no para el nuestro, al menos por ahora.
Por qué esta película importa más allá de los números
A esta altura, y sin haber visto todavía la película porque acá no se estrenó, uno se pregunta qué tiene de particular un documental sobre alguien que ya fue juzgado y condenado por la Justicia. La respuesta, me parece, hay que buscarla en el modo en que Fielder y Oppenheim construyeron el relato. Tres años de filmación secreta no es un detalle decorativo: es una declaración de principios. Decidieron no intervenir, no preguntar, no explicar. Se limitaron a registrar. Y esa decisión estética, que en otra película podría parecer un capricho, aquí funciona como una metáfora del propio engaño de Holmes: ella siempre quiso que todo se viera, que la cámara registrara cada paso, y ahora esa transparencia forzada termina volviéndose en su contra, o al menos mostrando capas que ella no esperaba mostrar.
También me parece importante señalar algo que a veces se pierde cuando solo se miran los rankings: una película puede tener una nota perfecta en todas las plataformas y, sin embargo, no decirnos absolutamente nada. Este caso, por lo que cuentan quienes ya la vieron, parece ser lo contrario. Hay algo en el silencio final de las salas, en la manera en que la gente necesita unos minutos para volver al mundo, que sugiere que el documental no se limita a exponer a una estafadora, sino que invita a pensar en algo más grande: cómo una sociedad entera puede ser engañada durante años cuando el engaño se viste con lenguaje tecnológico y promesas humanitarias. Esa pregunta no es nueva, pero el modo en que la película la plantea, desde adentro de una cárcel y con el paso del tiempo como aliado, parece haber encontrado una forma distinta de hacerla visible.
“Más vale tarde que nunca, suelen decir por acá: el documental sobre Holmes llegó al cine cuando su historia parecía cerrada, y terminó abriendo una herida que muchos creían cicatrizada.”Rosario Chauque
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