Tinelli vuelve a la pantalla grande con Dale Match y un formato que es justamente lo que esperábamos: una mesa familiar para las noches de semana
El conductor debuta el miércoles a las 21 con un equipo de cinco figuras y abre la puerta a revivir las cámaras ocultas y los 30 segundos de fama del viejo VideoMatch. Además suma a Pachu dos veces por semana y a Roberto Peña imitando desde afuera de la mesa. La apuesta combina lo mejor de la tele de antes con la lógica del streaming.
Dicen que en esta tierra las cosas que se quieren de verdad siempre vuelven, y a veces lo hacen hasta disfrazadas de novedad para que no nos demos cuenta del reencuentro. Eso es lo que uno siente cuando empieza a escuchar rumores sobre un programa que, antes de salir al aire, ya tiene fecha, hora y equipo confirmados: el miércoles 14 de octubre, a las 21, Marcelo Tinelli vuelve a la pantalla con Dale Match, un ciclo que se emitirá de lunes a jueves y que promete ocupar una franja nocturna que la tele argentina viene dejando un poco huérfana desde hace rato. La idea, según lo que trascendió, no es inventar la pólvora sino volver a encender un fuego conocido con leña nueva.
Antes de meternos en los nombres y en los horarios vale la pena detenerse en qué quiere decir esta apuesta, porque el nombre del programa ya lleva media idea adentro. Match es match: encuentro, combinación, química. Y Dale es un imperativo simpático, casi un convite. Lo que la producción promete, entonces, es un punto de encuentro entre dos universos que durante años parecieron disputarse la noche: la televisión tradicional de la sobremesa y el horario central de la cena, y el mundo del streaming, que cambió la forma en que consumimos pero todavía anda buscando esa cuota de cercanía que solo se logra cuando uno siente que en la mesa hay gente conocida, casi de la familia.
Un equipo pensado como una mesa familiar
La mesa titular de Dale Match la van a integrar Anita Martínez, Diego Castro, Baulo y Carito Müller, con Pachu sumándose dos veces por semana y Roberto Peña aportando lo suyo desde afuera de la mesa con sus imitaciones. La propia Müller, que atraviesa un momento personal importante porque espera su segundo hijo con fecha de cesárea para el 10 de diciembre, describió el proyecto con una frase que conviene leer despacio: "family friendly", dijo, como quien señala que la idea es volver a la televisión que se podía mirar en la mesa familiar sin necesidad de subir el volumen ni cambiar de canal.
“Lo esperable para mí es una mezcla entre lo que era antes la televisión y lo que es hoy el streaming.”Carito Müller
Müller, además, contó que ya conocía a Diego Castro de trabajos anteriores, que su primera reunión con Anita Martínez la sorprendió gratamente y que, aunque con Baulo no había tenido contacto previo, conectaron bien durante los encuentros de preproducción. Sobre Tinelli fue todavía más elocuente: "Desde la primera reunión hubo muy buena onda", resumió, y en tres palabrasó algo que suele costar mucho en estos ciclos, que es la complicidad de base entre un conductor y su mesa. Cuando esa onda no aparece, se nota en el primer corte; cuando aparece, se nota también, y para bien.
La vieja magia de las cámaras y los 30 segundos
Hay algo que vale la pena explicar antes de hablar de la vistosidad, y es el sentido de la ceremonia, como me enseñó mi vieja cada vez que prendía la tele en la noche: los formatos no son un decorado, son un lenguaje. Cuando se habla de resucitar las cámaras ocultas y los 30 segundos de fama, no se está hablando solamente de un truco nostálgico sino de dos herramientas que durante años funcionaron como un contrato silencioso con el público. Las cámaras ocultas decían "nosotros estamos entre ustedes, miramos lo que ustedes miran, y nos reímos con ustedes", y los 30 segundos de fama le daban al televidente común una promesa hermosa: la de que cualquiera, durante medio minuto, podía ser alguien. Saber qué fue de la vida de quienes pasaron por aquel segmento le agrega una capa nueva, porque convierte el archivo en memoria viva y le devuelve al público algo que suele perderse cuando un formato se discontinúa: la continuidad del afecto.
Yo, que llevo años viendo cómo se prueba de todo en la pantalla, confieso que este anuncio me genera una expectativa moderada pero genuina. No porque la fórmula de la mesa con Tinelli sea infalible, sino porque el proyecto parece entender algo elemental: la gente no se sienta a la noche para sorprenderse con inventos, sino para sentirse acompañada. Y si Dale Match logra eso, si la química de la mesa se nota y si el formato streaming se entiende como una extensión de la cocina y no como un competidor del living, entonces el reencuentro va a estar a la altura del nombre que eligió. Habrá que sentarse el miércoles a las 21, mirar con paciencia las primeras emisiones y, sobre todo, escuchar qué dice esa mesa cuando todavía no sabe que la están mirando.
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