Ted Lasso vuelve a la cancha: el Richmond abre sus puertas a una historia que creía cerrada
Apple TV+ estrena la cuarta temporada de una serie que muchos daban por terminada. Hay equipo femenino, una nueva entrenadora y amores que reaparecen cuando ya nadie los esperaba.
Dicen que en el fútbol, como en la vida, nadie se va de verdad mientras haya alguien en la tribuna que lo siga nombrando. Algo de eso parece haber entendido Apple TV+ al decidir traer de vuelta a Ted Lasso, el entrenador estadounidense que se ganó el corazón del público mundial en plena pandemia y que ahora regresa con una cuarta temporada cuando todo indicaba que su historia ya estaba contada.
La serie se emitió originalmente entre 2020 y 2023, con tres temporadas que fueron creciendo en audiencia y en reconocimiento crítico hasta convertirse en un fenómeno poco frecuente: un programa sobre fútbol que emocionaba a quienes no sabían nada del deporte y que, al mismo tiempo, resultaba convincente para los que sí lo seguían. Esa combinación de ternura, humor y una mirada bastante particular sobre la derrota y la superación fue la que dejó huella en un momento histórico particularmente difícil, y es la que vuelve a ponerse en juego ahora.
Un Richmond con vestuarios nuevos
La apuesta más fuerte de esta entrega es la incorporación de un equipo femenino al universo del AFC Richmond. No se trata únicamente de sumar presencia femenina en pantalla: las nuevas jugadoras traen consigo dinámicas propias, tensiones internas y momentos de frescura que renuevan el pulso de la serie. Quien queda al mando de ese grupo es Alice Chilton, una entrenadora cuya llegada se cuenta entre las incorporaciones más destacadas del reparto.
Pero los personajes históricos no se quedan en el banco. Keeley Jones, que en la temporada anterior había consolidado su propia empresa de relaciones públicas y parecía haber encontrado un camino propio, vuelve a cruzarse con Roy Kent en un vínculo que reordena las cosas para ambos. Rebecca, por su parte, atraviesa una historia con un personaje llamado Matthijs mientras lidia con conflictos que mezclan lo profesional y lo personal de un modo bastante íntimo.
“Su ausencia hubiera sido un flaco favor a nuestra nueva historia.”Brendan Hunt, cocreador de la serie
La frase de Hunt, que acompaña el lanzamiento, resume bastante bien el espíritu del regreso. Quienes siguieron la serie recordarán que la tercera temporada parecía diseñada como un cierre: arcos cerrados, despedidas calculadas, un tono de epílogo. Volver después de eso implica correr un riesgo concreto, el de desdibujar un final que muchos consideraban justo, y al mismo tiempo abrir la puerta a una pregunta incómoda para cualquier guionista: qué se cuenta cuando ya se contó todo.
Lo que ofrece esta cuarta temporada es, justamente, una respuesta a esa pregunta. La serie no ignora su propio pasado ni pretende que los últimos años no existieron: los incorpora como parte del paisaje emocional de los personajes. Keeley ya no es la asistente que llegó sin saber qué quería; Roy ya no es el capitán malhumorado de las primeras temporadas; Rebecca ya dejó atrás el duelo que la definía. Volver a ellos implica aceptar que crecieron, y que la historia nueva tiene que encontrarse con personas distintas a las que el público conoció originalmente.
Mientras preparaba esta nota me pasó algo que vale la pena confesar. Soy de las que vio la serie en su momento, se emocionó con el optimismo un poco ingenuo del personaje de Jason Sudeikis y después archivó todo eso como un recuerdo bonito de una época rara. Leer sobre este regreso me dejó una sensación rara, mezcla de curiosidad y algo de desconfianza, la misma que siento cada vez que una historia que ya estaba cerrada vuelve a abrirse. Pero también me acordé de algo que Ted Lasso repite hasta el cansancio: que lo importante no es ganar ni perder, sino cómo uno se para en la cancha cuando suena el silbato. Si la serie logra transmitir esa idea otra vez, sin importar demasiado el resultado, el regreso ya habrá valido la pena.
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