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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Sorkin vuelve a la red, pero esta vez se dirige solo y se tropieza

La esperada secuela de "La red social" confirma lo que varios venían sospechando: cuando Aaron Sorkin se pone detrás de cámara sin nadie que lo frene, sus mejores defectos de guionista quedan a la vista de todos.

Por Rosario ChauqueCultura y tradiciones · · hace 2 d
Sorkin vuelve a la red, pero esta vez se dirige solo y se tropieza

Dicen por ahí que el que mucho abarca, poco aprieta, y vaya si esa sentencia le calza como anillo al dedo a Aaron Sorkin con su nueva película, "El precio de la red". La expectativa estaba, cómo no, a la altura de los mejores pronósticos: estamos hablando de nada menos que la secuela espiritual de "La red social", aquella película del 2010 que David Fincher convirtió en un clásico instantáneo y que ganó el Oscar al mejor guión adaptado precisamente por un texto del propio Sorkin. Pero esta vez no hay Fincher ni Boyle ni Reiner que valga: Sorkin se sienta en la silla del director y, según coinciden buena parte de la crítica especializada, el resultado deja bastante que desear.

Antes de meternos de lleno en los motivos del tropiezo, vale la pena entender qué es lo que ofrece esta película y por qué genera tanta conversación. "El precio de la red" reúne otra vez a Sorkin con el universo de Mark Zuckerberg y, de paso, con las redes sociales que él mismo ayudó a instalar en la conversación pública. Funciona como una suerte de continuación de "La red social" y, al mismo tiempo, trae ecos de "The Newsroom", aquella serie que el propio Sorkin creó y donde ya se notaba esa tendencia a convertir cada diálogo en un pequeño discurso. También se perciben rebotes de un proyecto que el guionista-director viene intentando levantar desde hace años sobre el 6 de enero, esa jornada que a él, según ha declarado en más de una entrevista, le pesa en el alma.

El problema no es lo que escribe, sino cómo lo filma

Y acá viene el meollo de la cuestión, el punto donde la mayoría de los cronistas coincide. El problema central de "El precio de la red" no está en el guión, que sigue teniendo esos golpes de ingenio y esas réplicas que son marca registrada del autor. El problema está en quién se para detrás de la cámara. Sorkin tiene un historial desparejo como realizador: su debut, "Molly's Game" con Jessica Chastain, fue recibido con cierta benevolencia por la crítica, pero sus trabajos siguientes vinieron a confirmar lo que muchos intuían, y es que sus mejores textos nacieron cuando otros directores los pusieron en escena.

  • David Fincher en "La red social" supo imprimirle a cada escena una urgencia visual que el texto solo no tenía.
  • Danny Boyle en "Steve Jobs" encontró el ritmo justo para que los diálogos no sonaran a obra de teatro filmada.
  • Rob Reiner en "Algunos hombres buenos" contuvo los excesos retóricos del guión sin traicionar su esencia.
  • Sin esa tensión externa, el material de Sorkin tiende a estirarse y a perder tensión dramática.

Sin esa tensión externa, "El precio de la red" muestra con bastante crudeza lo que ocurre cuando el guionista tiene el control total. Hay largas secuencias de diálogo que existen, básicamente, porque suenan bien leídas en voz alta, porque tienen ese ritmo de monólogo de tribunal que a Sorkin se le da como a pocos. Las escenas de interiores presentan problemas de iluminación bastante notorios, algo llamativo si tenemos en cuenta que el director de fotografía es el mismo que trabajó en "La red social" y que, por lo tanto, sabe cómo resolver ese tipo de situaciones. No hay urgencia en el montaje, no hay imágenes que trasciendan lo puramente funcional, y eso, en una película que habla de la velocidad con la que se mueve el mundo digital, termina siendo casi una ironía involuntaria.

“Sorkin es, según esa línea, un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr en "El precio de la red"

Hay una frase dentro del propio filme, dicha por el personaje que interpreta Bill Burr y que ya se vio en los tráileres, que sintetiza la crítica mejor de lo que uno podría hacerlo desde afuera. Sorkin es, según esa línea, un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo. Dicha por un personaje de la propia película, la autoreflexión resulta casi incómoda, como si el autor supiera de qué se lo acusa y decidiera, igual, hacer oídos sordos.

Yo confieso que salí de la sala con una sensación agridulte, esa mezcla de admiración por la pluma y de frustración por lo que se podría haber hecho. Me pasó lo de siempre con Sorkin: uno sale repitiendo frases, musical cadencia con la que arma las réplicas, pero también sale con la certeza de que algo no terminó de cuajar. Creo, con el diario del lunes, que la comparación con aquel guardia de tráfico con los brazos caídos es bastante justa, y que "El precio de la red" termina siendo, más que una secuela, una advertencia sobre los riesgos de no dejarse discutir el propio trabajo.

RC
Rosario ChauqueCultura y tradiciones

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