San Sebastián se tiñe de cine argentino: dos cintas van por la Concha y hay mucho más
Glaxo, de Naishtat, y Mis muertos tristes, de Larraín, encabezan una delegación que también incluye el estreno mundial de Lo dejamos acá, con Darín y Peretti, y una batería de documentales y proyectos en busca de financiación.
Quien tuvo la dicha de cruzar alguna vez el umbral del Kursaal, esa mole de cemento y vidrio que se asoma al mar cantábrico, sabe que pisar la alfombra del Festival de San Sebastián es pisar un poco la historia grande del cine, esa que se escribe en mayúsculas y se proyecta en langues originales. Por eso, cuando me enteré de que en la edición número 74 dos películas con sello argentino van a pelear mano a mano por la Concha de Oro, sentí esa mezcla de orgullo y de expectativa que solo despierta el cine cuando se pone en serio la corona.
Del lado de casa, Glaxo, la nueva película de Benjamín Naishtat, con Lali Espósito en el elenco, se medirá en la competencia oficial con Mis muertos tristes, una coproducción con Chile que lleva la firma de Pablo Larraín. La cita no es menor: son dos cintas que llegan precedidas por un ruido interesante en circuitos internacionales y que se verán las caras en jornadas consecutivas, el domingo y el lunes, en la sala principal del Kursaal.
De Toronto a San Sebastián y de ahí a Londres
Glaxo viene de pasar por Toronto y tiene ya reservado el pasaje a Londres, lo que dice mucho del lugar que ocupa en el mapa de los festivales de referencia. Su director, Naishtat, es de esos cineastas que entiende como pocos el pulso de un país que se mira al espejo y se reconoce incómodo. La película se proyecta el domingo, en la sala grande, con toda la pompa que merece una candidata.
Al día siguiente, el lunes, le llega el turno a Mis muertos tristes, una historia que adapta la novela de Mariana Enríquez y que tiene como protagonistas a Mercedes Morán y Dolores Fonzi, dos actrices de esas que le ponen el cuerpo al drama sin pedir permiso. La particularidad es que la versión que se verá en San Sebastián es un montaje en formato de largometraje, distinto al que llegará al público por Netflix el 24 de septiembre, cuando se estrene la miniserie completa de cuatro episodios. Quien quiera ver la película en pantalla grande tiene esta única oportunidad.
Darín y Peretti, estreno mundial
Pero la presencia argentina no se agota en la competencia principal. El martes está reservado para el estreno mundial de Lo dejamos acá, una película que protagonizan Ricardo Darín y Diego Peretti y que no tendrá exhibición en las salas argentinas: su lanzamiento en la plataforma está previsto para el 16 de octubre. El festival será, entonces, la única chance de verla en pantalla grande, y Darín estará presente en la función, como manda la tradición de los grandes estrenos.
Una delegación que se estira en varias secciones
- En Zabaltegi-Tabakalera abrirá Pedro en el país, documental dirigido por Naishtat y María Alché, junto a A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de Ignacio Masllorens y David Lamelas.
- Fuera de competencia, Albertina Carri presentará Cine vivo, un artefacto, un trabajo que combina un cortometraje, un libro y una performance.
- En Horizontes Latinos figuran Viajes y placeres, de Mariano Luque; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti, y El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale.
- Cinco proyectos argentinos participarán en el Foro de Coproducción Europa-América Latina, en busca de respaldo para terminar de hacerse.
La apertura del festival está prevista para el 18 de septiembre, con Geister, de Fati (el apellido queda trunco en el material que tengo a mano), como película inaugural. Y uno, que lleva años siguiendo estas movidas, no puede evitar sentir que el cine argentino vuelve a hacerse un lugar en una de las vidrieras más importantes del mundo. No es casualidad, ni suerte: es trabajo, paciencia y oficio, esos valores que a veces parecen en retirada y que el cine de nuestro país, una y otra vez, se encarga de reivindicar.
