Pymes industriales bonaerenses pisan el aguinaldo y estiran pagos para sostener el empleo
La caída de ventas obliga a pequeñas fábricas de la provincia a fraccionar el medio aguinaldo, demorar obligaciones con proveedores y revisar cada gasto para evitar recortes de personal. Patricia Malnati, titular de la fabricante de compuestos de caucho Jomsalva, describió la estrategia ante un escenario donde Ingresos Brutos y tasas municipales pesan hasta un 11% sobre la facturación.
La rentabilidad de las pequeñas y medianas industrias de la provincia de Buenos Aires arrancó la primera mitad del año con un piso equivalente a dos puntos porcentuales debajo del cierre de 2024, según el promedio que arrojan los balances que las propias empresas acercan a sus cámaras sectoriales. Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva, describió la dinámica con precisión: 'Cuando la rentabilidad empieza a mermar', las dificultades se acumulan mes a mes. Frente a eso, las pymes buscan alternativas antes de recurrir a despidos. 'Uno trata de sostener y de no echar', afirmó.
La señal más visible de esa pulseada aparece en la forma de pago del medio aguinaldo: mientras en la campaña anterior la mayoría de las plantas pudo cancelarlo en una sola cuota durante junio, esta vez se estira hasta en tres tramos, con la primera entrega en este mes y el resto repartido entre julio y agosto. La diferencia no es menor: en un taller promedio de entre 25 y 40 empleados, dividir el SAC representa cerca de un 5% menos de erogación inmediata en la caja de junio y alivia el flujo en el pico del segundo semestre.
Estrategias para no tocar el plantel
- Extensión de plazos a proveedores, que pasan de 30 a 60 o 90 días.
- Postergación de depósitos bancarios y de amortizaciones de capital sobre créditos prendarios.
- Fraccionamiento del medio aguinaldo en hasta tres cuotas.
- Revisión línea por línea de los gastos de servicios y de insumos no críticos.
- Mantenimiento del vínculo con personal de larga antigüedad como ancla operativa.
Cuando una fábrica vende menos, sus ingresos caen, pero sus obligaciones fijas no esperan. Sueldos, impuestos, servicios y cuotas de crédito siguen llegando con independencia de lo que entre por ventas. Esa brecha es la que hoy presiona a buena parte de las pequeñas y medianas industrias del cordón industrial oeste, y la que el norte de Bolivia, con regímenes simplificados para microfactorías, no sufre de la misma manera: en el país vecino un taller de caucho equivalente tributa alrededor de 2,5% sobre la facturación y no acumula tasas municipales acumulables.
Jomsalva tiene trabajadores con una antigüedad promedio cercana a los 15 años. Ese vínculo de largo plazo, según Malnati, refuerza el compromiso mutuo entre la empresa y su plantel durante los períodos de menor actividad. La carga tributaria se vuelve especialmente visible en este contexto: el impuesto sobre los Ingresos Brutos puede representar hasta el 3% de la facturación, mientras que las tasas municipales de seguridad e higiene llegan al 8% según el municipio. Ambos conceptos deben cubrirse incluso cuando las ventas retroceden. 'El costo argentino, el nivel impositivo nos saca totalmente', señaló Malnati.
A esa presión interna se suma la competencia de productos importados, en especial de origen chino, que en algunos rubros llegan al mercado con precios hasta un 30% por debajo de la referencia interna. Malnati aclaró que no todos los productos importados son de baja calidad; 'hay variedad, hay algunos muy buenos', reconoció. Al mismo tiempo, reclamó controles sobre la subfacturación, práctica por la cual se declara un valor menor al real de una mercadería para reducir el pago de impuestos al importar. La combinación de presión tributaria, brecha cambiaria y caída del consumo configura, para el sector, un escenario inédito desde la pandemia.
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