Perdés un partido y te desean la muerte: el calvario digital del Flavio Cobolli y su viejo, harto de todo
El número 5 del mundo cayó en su debut en Shanghái y lo que vino después fue una catarata de insultos en redes, incluido un mensaje que le deseaba cáncer. Su padre y entrenador, Stefano, explotó en Instagram y pidió que alguien se haga cargo de una buena vez.
Acá mando yo, Nicolás Apaza, y ojo: esta historia empieza como una nota de tenis y termina como una nota de sociedad. Porque cuando un pibe de 23 años que está quinto en el ranking mundial pierde en su debut en un Masters 1000, lo normal sería hablar de la derecha de Mannarino o del día malo del muchacho. Pero no: lo que prendió fue el incendio en las redes sociales, ese pueblo sin ley donde cualquier energúmeno se siente con derecho a escupirle a un tipo que vive de meter pelotas adentro de un cuadrado.
El Flavio Cobolli, el italiano rubio pegador, cayó ante el francés Mannarino en la segunda ronda del Masters 1000 de Shanghái. Tres sets, nada para el bolso, y al rato ya tenía mensajes deseándole la muerte. Sí, la muerte, en serio, en 2025, porque perder un partido de tenis amerita ese nivel de violencia verbal. El pibe venía de un gran año, está en la elite de elite, pero un tropezón en China y pareciera que se acabó el mundo para algunos.
El viejo se plantó y mostró la mugre
Stefano Cobolli, padre y entrenador, agarró una de esas messages horribles y la publicó en su Instagram. El mensaje, que figuraba bajo el nombre de una pibita de 19 años, decía algo así como que en lugar de estar en las Finals, a su hijo le tiene que dar cáncer y se tiene que morir. Acompañó la denuncia con un mensaje al Flavio: "Bravo, Fla. Luchaste y lo diste todo. A pensar en la próxima". Pocas veces un posteo de un padre dice tanto con tan poco.
“Normalmente intento borrarlos sin darles importancia, porque son muchísimos. Pero hay que hacer algo.”Stefano Cobolli, padre y entrenador de Flavio
El hombre, curtido en mil batallas del circuito, contó que normalmente les pasa el plumero a esos mensajes sin darles bola, pero reconoció que la cosa se le fue de las manos. Llegó a barajar la posibilidad de bajarse de las redes, aunque por ahora prefiere seguir prendiendo velas en público para que se vea el problema. Y acá viene la parte que más me interesa: les pidió a los padres de esos jóvenes que opinan con el hígado en la mano que se hagan cargo. "Nosotros somos fuertes, somos deportistas y superamos obstáculos mucho más grandes que un comentario de Instagram, pero hay muchas personas que podrían sufrir por esto y no es justo", tiró con la guardia en alto.
No es el primero ni va a ser el último
- El Flavio Cobolli es el caso de esta semana, pero la cosa viene de arrastre.
- El italiano Matteo Berrettini también denunció amenazas e insultos después de partidos.
- El patrón se repite: insultos, deseos de muerte y bastante olor a pérdida en casas de apuestas.
- Las redes sociales siguen siendo un patio de colegio sin adultos a cargo.
Lo del Berrettini, compatriota del Flavio, es la misma película con otros actores. Pierde, le escriben barbaridades, lo denunciás, sigue la rueda. Lo más turbio es que muchas de esas reacciones están atadas a plataformas de apuestas, donde el que puso diez dólares por un resultado termina queriendo prender fuego al mundo si no ganó. El anonimato de un usuario de Instagram es el escudo perfecto para cobardías de manual.
La eliminación en Shanghái, dicho sea de paso, no le mueve el amperímetro al Flavio en el ranking. Sigue top cinco, sigue siendo candidato a meterse entre los mejores de la temporada, sigue dando batalla. Pero queda flotando una pregunta que los torneos y las plataformas deberían empezar a responderse con hechos, no con comunicados tibios: ¿cuánto más se bancan los jugadores este periodismo cloacal? Porque el tenis es un deporte de caballeros, pero sus seguidores, está visto, no siempre juegan limpio.
