Péptidos bajo la lupa: cuando la promesa de un compuesto no puedeextenderse al resto
Un especialista en medicina deportiva de Nueva York trazó un mapa de las diferencias entre los péptidos que cuentan con ensayos clínicos amplios y aquellos que circulan como suplementos experimentales para la mejora muscular o la pérdida de grasa, y explicó por qué la evidencia de un medicamento como la semaglutida no puede trasladarse de manera automática a compuestos como BPC-157, TB-500, CJC-1295 o ipamorelina.
El término péptido se transformó en las últimas années en una etiqueta capaz de cobijar propuestas muy dispares, desde medicamentos con décadas de uso clínico hasta preparados experimentales que circulan en foros de bienestar y en plataformas de venta online con promesas de recuperación física, alivio de molestias o reducción del porcentaje de grasa corporal. La periodista de Salud y sociedad Agustina Rueda reunió las observaciones del especialista en medicina deportiva Jordan D. Metzl, médico del Hospital for Special Surgery de Nueva York, quien advirtió que la pertenencia a esa misma categoría química no equivale a ofrecer los mismos beneficios ni el mismo nivel de respaldo científico.
Qué distingue a unos péptidos de otros
Los péptidos son, en términos sencillos, secuencias breves de aminoácidos, es decir, los ladrillos que componen las proteínas, y dentro de esa definición general conviven productos con recorridos regulatorios muy diferentes. Metzl explicó, según consigna el material de referencia, que BPC-157, TB-500, CJC-1295 e ipamorelina se ofrecen en internet y en espacios de bienestar con variadas promesas sobre recuperación y composición corporal, aunque el volumen y la calidad de los estudios disponibles no se acercan a los acumulados por medicamentos como la semaglutida, un análogo de GLP-1 (un péptido similar a una hormona intestinal involucrada en el control del apetito y la glucemia) ampliamente estudiado en ensayos clínicos de gran escala.
Parte de la evidencia sobre esos productos experimentales proviene de pruebas con animales, de trabajos de laboratorio o de investigaciones pequeñas con personas, un tipo de estudios que resulta útil para formular hipótesis pero que por sí solo no alcanza para responder preguntas esenciales como si el compuesto produce un beneficio clínico real, cuál sería la dosis adecuada o qué consecuencias podría tener su uso durante años. El especialista recordó, además, que los testimonios difundidos en redes sociales no reemplazan a esas evaluaciones regulatorias.
“Compartir una denominación no significa ofrecer los mismos beneficios.”Jordan D. Metzl, especialista en medicina deportiva del Hospital for Special Surgery de Nueva York
El contraste con un ensayo de semaglutida en personas con artrosis
- El estudio, publicado en 2024, comparó durante 68 semanas la administración de semaglutida frente a placebo en personas con obesidad y artrosis de rodilla que presentaban dolor moderado o intenso en esa articulación.
- La disminución promedio del peso corporal alcanzó el 13,7 por ciento entre quienes recibieron el medicamento, mientras que en el grupo placebo la reducción fue del 3,2 por ciento.
- Los participantes que recibieron semaglutida también mostraron mejores resultados en las escalas de dolor y de función física, según los parámetros evaluados por los investigadores.
- Los hallazgos corresponden a una población y a un tratamiento determinados, por lo que no permiten afirmar que cualquier péptido genere beneficios equivalentes.
Esa cautela fue subrayada por Metzl, quien también mencionó la preocupación manifestada por la FDA, la autoridad estadounidense que regula medicamentos y alimentos, por la falta de información de seguridad sobre una parte importante de esos compuestos, una inquietud que la agencia ha trasladado a consumidores y profesionales en sucesivas comunicaciones oficiales. Para el especialista, la salida más prudente consiste en evaluar cada compuesto por la evidencia que lo respaldar, en lugar de aceptar o rechazar al conjunto como si se tratara de un único tratamiento, una distinción que consideró clave a la hora de conversar con pacientes y de interpretar la abundante oferta que circula en el mercado.
La recomendación operativa para los lectores interesados en profundizar se orienta a consultar con profesionales matriculados de endocrinología, clínica médica o medicina del deporte, especialidades que centralizan el seguimiento de este tipo de terapias en hospitales públicos y centros de atención privados, así como a verificar en la base de datos de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) el estado de registro de cada producto antes de iniciar cualquier consumo, en los horarios habituales de atención de los consultorios externos de los hospitales generales de agudos de la Ciudad de Buenos Aires, que funcionan de lunes a viernes de 8 a 14 horas, y en los centros de salud comunitarios barriales, que atienden de 7 a 17 horas, según la jurisdicción de cada municipio de la provincia de Buenos Aires.
