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Viernes, 16 de octubre de 2026
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París no se inclinó: Francia e Italia se sacaron las ganas con un 1-1 que dejó a los dos arqueros como figuras

Olise abrió el marcador con un zurdazo que besó el travesaño, Bastoni igualó tras pescar un pase de Rabiot y Donnarumma sostuvo a Italia con una noche de aquellas. Francia terminó con diez por la segunda amarilla a Upamecano, en un partido con 33 remates y pocas conclusiones en la red.

Por Nicolás ApazaDeportes · · hace 13 d
París no se inclinó: Francia e Italia se sacaron las ganas con un 1-1 que dejó a los dos arqueros como figuras

A veces el empate es un punto y a veces es un certificado de supervivencia. Lo de este viernes en el Stade de France fue de los segundos: Francia e Italia se repartieron un 1-1 que dejó a los dos más conformes de lo que se hubieran ido con la derrota, aunque al que más le sirve es al visitante, que se vuelve a casa con un gol agónico y con un arquero que volvió a taparlo todo.

Los goles, los arqueros y un final con uno menos

Francia madrugó en el arranque del segundo tiempo con un zurdazo de Olise que primero se hizo amigo del travesaño y después se hizo amigo de la red. Hasta ahí, merecido: el local había acumulado chances sin poder vencer a Donnarumma, que ya llevaba varias tapadas de esas que después aparecen en los compilados. Pero Italia, que venía haciendo más fuerza con la cabeza que con la pelota, encontró la igualdad en una salida descuidada: Bastoni le robó la cartera a Rabiot en un pase hacia Da Cunha, se mandó por el espacio libre y la puso con la izquierda para callar al estadio.

Después vino el show del final. Upamecano, que ya venía con una amarilla encima, se enganchó con Kean en un forcejeo y el árbitro no le tembló la mano: roja y Francia a aguantar con diez. Italia fue a buscarlo, tuvo la suya con Barella y un pase de Calafiori que no encontró destinatario, pero el marcador no se movió. Empate que deja a los dos con la sensación de que podían haberlo perdido, y de que también podrían haberlo ganado.

Donnarumma, el dueño de la noche

Hay noches en las que un arquero se pone el equipo al hombro y camina. La de Donnarumma en París fue una de esas: le sacó un remate a Doué en el arranque del complemento, se rehízo para taparle el rebote a Dembélé, desvió otro disparo de Olise y, a ocho del cierre, voló para mandar al córner un intento de Camavinga que se metía en un ángulo. Cuatro pelotas de gol, cuatro respuestas. Del otro lado, Maignan también trabajó: le sacó sobre la línea un cabezazo a Kean en el primer tiempo y mandó al córner otro testazo del mismo delantero cuando el partido ya estaba 1-1.

Para quienes gustan de los números finos: 33 remates en total, 18 de Francia y 15 de Italia, con apenas dos que encontraron red. Los dos seleccionados llegaron a la fecha con victorias encima y se van con un empate que les sirve a medias. Francia, que hasta el gol había tenido la pelota (62 por ciento de posesión en los primeros 20 minutos), se quedó con la bronca de no haber cerrado el partido cuando lo dominaba. Italia, en tanto, se llevó el premio consuelo de demostrar que sigue siendo Italia: orden defensivo, paciencia y un arquero que cuando aparece, tapa todo.

El cierre

Me quedo con la imagen del Gigio parado en el área, gritando, ordenando, gesticulando, como si el partido fuera un partido de barrio y él fuera el técnico con los guantes puestos. Es lo que tiene este seleccionado: cuando la cosa se pone fea, aparece él. Francia lo sabe, porque lo sufrió. Y ahora, a esperar el próximo compromiso, que en la Nations League nunca hay respiro.

NA

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