Mover el cuerpo también puede mover la vida sexual: cómo empezar sin pasarse de rosca
La fisioterapeuta especializada en suelo pélvico Erika Lydon explica por qué la actividad física puede sumar al bienestar sexual y alerta sobre los excesos, la mala alimentación y la falta de descanso, que pueden jugarle en contra al deseo.
Empezar por algo chico y aguantable es, muchas veces, el primer paso para que una rutina no se muera a los pocos días. Así lo plantea Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, que suele sugerir arrancar con caminatas de quince minutos e ir subiendo la exigencia de a poco, sin apurarse, eligiendo un movimiento que a la persona le resulte agradable y posible de sostener en el tiempo, porque los beneficios de la constancia también suelen alcanzar, tarde o temprano, la vida sexual.
Como referencia general para la mayoría de los adultos, la especialista menciona la pauta más conocida: juntar 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, sumados a dos jornadas de trabajo de fuerza. Se trata de un piso pensado para la salud integral y no de un protocolo mágico: ni reemplaza un tratamiento ni garantiza cambios en el deseo, porque en el medio siempre pesan el estado emocional, el sueño y el historial clínico de cada persona.
Antes de cualquier ejercicio, atender las molestias
Antes de lanzarse a sumar ejercicios específicos, conviene revisar si hay algo que duele o que preocupa. Lydon recomienda consultar a un profesional de salud o a un colega especializado en fisioterapia de suelo pélvico si aparecen molestias o dudas sobre el desempeño sexual. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre está débil: a veces, directamente, no necesita fortalecerse.
- Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y, en otros, aumentar la tensión de más.
- Si los músculos del suelo pélvico quedan contraídos o les cuesta relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas.
- Entrenar sin una alimentación adecuada ni el descanso suficiente puede afectar el deseo y la libido.
Por qué el movimiento puede sumar a la sexualidad
Entre los mecanismos que explican los posibles beneficios del ejercicio aparece, en primer lugar, la circulación. Según la fisioterapeuta, el trabajo aeróbico cuida el corazón y los vasos sanguíneos y facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales, un flujo que interviene en la erección y puede colaborar con la excitación y la función sexual femenina. Pero no es solo una cuestión de bombas y arterias: el descanso y el manejo del estrés también pesan mucho, porque la tensión sostenida puede apagar el interés sexual y el movimiento suele ayudar a mejorar el ánimo y a relajarse, mientras que el entrenamiento de fuerza puede aportar a procesos vinculados con la energía, el estrés y el equilibrio hormonal.
Los tiempos, eso sí, no son iguales para todos ni para todo: dormir mejor o sentirse menos estresado puede aparecer antes que cualquier cambio en la respuesta sexual, y la paciencia termina siendo una aliada clave, sobre todo porque el cuerpo necesita tiempo para asimilar las cargas, recuperarse y mostrar señales de que la rutina está haciendo efecto, algo que Lydon repite cada vez que le preguntan por qué los resultados tardan, porque la constancia, insiste, termina rindiendo más que cualquier esfuerzo aislado.
“Conviene consultar a un profesional de salud o de fisioterapia de suelo pélvico si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual, porque esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico
