Saltar al contenido
Domingo, 18 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Menopausia y huesos: por qué sumar pesas y bandas elásticas antes de que la fragilidad se instale

La caída de estrógeno que trae la menopausia vuelve a los huesos más porosos y a los músculos más débiles. Una revisión de 80 estudios con más de 5.500 mujeres mostró que el entrenamiento con carga protege la columna y la cadera, y que no hace falta empezar con grandes pesos para cosechar beneficios.

Por Delfina ColqueComunidades y territorio · · hace 3 h
Menopausia y huesos: por qué sumar pesas y bandas elásticas antes de que la fragilidad se instale

Yo vengo hablando con amigas y conocidas de entre cuarenta y tantos y cincuenta y tantos, y hay una frase que se repite cada vez más seguido, casi como un mantra: "siento que el cuerpo me cambió de un día para otro". Lo dicen mujeres que caminan, que hacen su vida, que quizá iban al gimnasio o hacían yoga de manera más o menos regular, y que de golpe empiezan a notar que les duelen articulaciones que antes no les dolían, que se cansan más subiendo dos pisos por escalera, que sienten los huesos como si fueran de vidrio. No es un capricho ni una exageración: lo que describe esa sensación tiene nombre clínico, tiene causas hormonales bien identificadas, y, lo que es mejor, tiene respuestas concretas que están al alcance de la mano, o mejor dicho, al alcance de las pesas y de las bandas elásticas.

Lo que cambia cuando bajan los estrógenos

La menopausia, como sabemos bien, no aparece de un día para otro pero instala un punto de inflexión hormonal que atraviesa la vida de cualquier mujer. Lo central es la caída de estrógeno, una hormona que durante décadas cumplió un papel protector sobre el tejido óseo, entre otras funciones. Cuando sus niveles bajan y se estabilizan en valores más bajos, el hueso empieza a perder densidad más rápido de lo que la reemplaza, y aparece lo que en medicina se llama osteoporosis, una condición silenciosa en la que los huesos se vuelven más frágiles y mucho más propensos a fracturarse ante un golpe menor o una caída aparentemente tonta. En paralelo, la masa muscular tiende a reducirse, un fenómeno que se conoce como sarcopenia y que tiene consecuencias directas en cosas tan cotidianas como levantarse de una silla sin empujarse con los brazos, cargar las bolsas del súper, sostener la postura durante un rato largo o simplemente mantener el equilibrio al cruzar una calle.

Frente a ese panorama, durante mucho tiempo la recomendación fue casi exclusivamente médica y farmacológica, y de hecho los tratamientos existen y son importantes, pero lo que fue creciendo con fuerza en los últimos años es la evidencia de que moverse también cuenta, y cuenta mucho. Una revisión publicada en la revista Osteoporosis International juntó los resultados de 80 investigaciones con 5.581 mujeres posmenopáusicas y encontró algo muy relevante: el ejercicio de resistencia tuvo un efecto favorable sobre la densidad mineral ósea de la columna lumbar, del cuello femoral y de la cadera, justo las zonas donde las fracturas osteoporóticas suelen hacer más daño. Lo más interesante es que los beneficios aparecieron tanto en mujeres con osteopenia como en mujeres con osteoporosis ya diagnosticada, y que no hubo diferencias significativas entre los programas supervisados por un profesional y los que se hicieron de manera autónoma en casa o en el barrio.

Qué cuenta como ejercicio de resistencia y por qué no hay que ser atleta para empezar

Cuando uno escucha "ejercicio de resistencia" imagina un gimnasio lleno de fierros, espejos y gente que levanta pesos enormes, pero la definición es mucho más abarcativa y, sobre todo, mucho más amigable. Los ejercicios de resistencia son, en su esencia, cualquier movimiento en el que los músculos trabajan contra una carga: esa carga puede ser el propio peso del cuerpo, una banda elástica que se estira, una mancuerna, una botella llena de arena, una mochila con libros o una máquina de gimnasio. La variedad es enorme justamente porque la idea es adaptar la práctica a la experiencia previa, a las posibilidades de cada cuerpo y al lugar donde se entrena. No hace falta un gimnasio boutique, no hace una inversión inicial grande, no hace falta ser joven ni haber sido atleta.

Un estudio publicado en BMC Women's Health evaluó qué pasaba con mujeres de mediana edad que hicieron 20 semanas de entrenamiento con pesas libres, antes y después de la menopausia, y registró aumentos de fuerza tanto en sentadilla como en press de banca en todos los grupos que completaron el programa, aunque los cambios en masa muscular no fueron idénticos entre quienes transitaban la premenopausia y quienes ya estaban en la posmenopausia. Lo que cuenta esa investigación es algo que vale repetir: la fuerza muscular importa mucho más allá del rendimiento deportivo o de la estética, porque está en el fondo de acciones absolutamente cotidianas como levantarse de una silla sin ayuda, subir una escalera cargando una bolsa, sostener a un nieto en brazos, mantener la postura erguida durante horas o, algo fundamental cuando los huesos están más débiles, no caerse. Desde ese ángulo, el entrenamiento de resistencia puede pensarse menos como una moda fitness y más como una inversión en autonomía funcional, en capacidad de seguir haciendo la propia vida sin tener que depender de otro.

Equilibrio, caminata y un punto de partida que no necesita ser intenso

  • Fuerza con carga: pesas libres, bandas elásticas o peso corporal en sentadillas, estocadas, flexiones y ejercicios de empuje y tracción, dos a tres veces por semana, empezando con cargas bajas y subiendo de a poco.
  • Equilibrio: pararse en un pie, caminar en línea imaginaria sobre el cordón de la vereda o hacer tai chi, todo apunta a entrenar la estabilidad que ayuda a prevenir caídas.
  • Actividad aeróbica moderada: caminar a buen paso, bailar, andar en bicicleta o nadar, la mayoría de los días de la semana, aunque sea en bloques cortos.
  • Progresión gradual: el cuerpo responde cuando la carga sube de manera progresiva, no cuando se sobreexige de entrada y se abandona a la semana siguiente.
  • Acompañamiento profesional cuando hay osteoporosis diagnosticada o antecedentes de fractura: en esos casos conviene que un kinesiólogo o un médico del deporte oriente la rutina.

El punto de partida, entonces, no necesita ser intenso ni heroico. Caminar con regularidad, trabajar el equilibrio de manera explícita y sumar fuerza de forma gradual ya representa un avance concreto, medible y sostenido en el tiempo. La evidencia reunida en esos 80 estudios es bastante clara en eso: lo que se mueve, se cuida; lo que se abandona, se fragiliza. Y la menopausia, con todo lo que trae, es probablemente uno de los mejores momentos de la vida para empezar a tomarse en serio el cuidado del cuerpo, no desde el miedo a la fractura sino desde la decisión de seguir siendo autónoma.

DC
Delfina ColqueComunidades y territorio

Te puede interesar