Los primeros bocados: cómo transitar el primer año de comida del bebé sin perderse en el camino
La pediatra Eva Cueto repasó las dudas más frecuentes de las familias en el inicio de la alimentación complementaria y advirtió que la sobreinformación que circula en redes sociales puede generar más ansiedad que respuestas concretas.
A los seis meses de vida, la mesa familiar cambia para siempre. El bebé que hasta entonces solo conocía la leche materna o la fórmula empieza a probar texturas, sabores y consistencias nuevas, y con ese paso aparecen las preguntas que muchas veces no tienen respuesta en un posteo de Instagram: ¿y si se atraganta?, ¿por qué lo escupe todo?, ¿cuántas veces hay que ofrecerle lo mismo antes de rendirse?, ¿esa leche especial la puede tomar cualquiera? La pediatra Eva Cueto, que atiende a diario estas consultas en su consultorio, sostiene que la alimentación complementaria puede ser una gran oportunidad para revisar los hábitos de toda la casa, no solo los del bebé que está dando sus primeros bocados.
El rechazo no es un veredicto
Uno de los motivos más frecuentes de consulta sigue siendo el rechazo inicial. Que un bebé haga muecas, escupa o directamente cierre la boca frente a un alimento nuevo no significa que ese ingrediente esté descartado para siempre. "Hay que probar quince veces un alimento para recién ahí rechazarlo", explicó Cueto, una regla que suele sorprender a las familias acostumbradas a desistir al segundo o tercer intento. La consistencia también pesa: a veces el mismo puré que el chico rechaza en una textura más espesa lo acepta si se ofrece más suave o combinado con otra preparación que ya le resulta familiar.
La especialista insistió en que los adultos somos el espejo más grande que tienen los chicos a la hora de comer, y que la etapa de la alimentación complementaria suele ser una buena excusa para que madres, padres y cuidadores revisen su propia dieta y se sienten a la mesa con ganas de probar cosas nuevas. Esa construcción del vínculo con la comida, dijo, se hace en casa, en el cotidiano, y no en una pantalla.
Cuidado con la sobreinformación
Cueto planteó una preocupación que repite en cada encuentro con familias: el efecto de las redes sociales, donde circulan recomendaciones que van desde lo inofensivo hasta lo francamente riesgoso. Para la médica, la sobreinformación empuja a dos extremos opuestos y equally problemáticos: por un lado, lleva a pensar que cualquier cuadro esconde una patología; por el otro, lleva a restar importancia a señales que sí necesitan atención profesional. "La consulta pediátrica es el aliado fundamental en esta instancia", resumió, y pidió recurrir a información basada en evidencia y no reemplazar la visita al médico con reels y videos de desconocidos.
Las leches medicamentosas, solo con indicación
Otro capítulo sensible es el de las llamadas leches medicamentosas o fórmulas especiales, que en los últimos años se popularizaron en las góndolas y en las publicidades. Cueto fue clara: estos productos están indicados para condiciones puntuales, como la alergia a la proteína de la leche de vaca, y en esos casos la proteína viene muy hidrolizada, o sea mucho más fragmentada, para que el bebé la tolere. Elegir una fórmula de este tipo por decisión propia, sin evaluación profesional, puede ser innecesario o directamente contraproducente. En Argentina, la ley 27.305 incorporó estas leches al Plan Médico Obligatorio, lo que garantiza la cobertura para quienes efectivamente las necesitan, siempre con la indicación de un médico que haya hecho el diagnóstico.
La lactancia, un proceso con obstáculos frecuentes
La lactancia también concentra buena parte de las consultas de los primeros meses, sobre todo cuando aparecen obstáculos que las familias no siempre saben cómo resolver. Cueto repasó las dudas más habituales en el consultorio y volvió sobre una idea que repite cada vez que puede: detrás de cada escenario particular hay un bebé, una mamá, un papá, un contexto, y la mejor respuesta casi nunca es la genérica que se viraliza en una red social. La recomendación, una vez más, es volver al pediatra de confianza, hacer las preguntas que haga falta y desconfiar de quienes prometen soluciones únicas para algo tan diverso como la crianza.
