La familia que quiso forjar campeones a la fuerza y terminó partida en la lona
Llega a Prime Video la película de Sean Durkin sobre los Von Erich, una saga real de los ochenta donde el sueño deportivo de un padre se cobró el precio más caro. Una historia que va mucho más allá de los golpes.
Dicen que padre que ambiciona, hijo que paga. Y si algo dejó claro la historia de los Von Erich, esa dinastía de luchadores profesionales que sacudió Estados Unidos en los años ochenta, es que las deudas del sueño ajeno se cobran en silencio, lejos del ring y sin aplausos. Ahora esa historia llega a la pantalla chica de la mano de Amazon Prime Video, y vale la pena sentarse a verla con tiempo, porque no se trata simplemente de un biopic deportivo más, sino de una de las tragedias familiares más desgarradoras que dio el espectáculo norteamericano del siglo pasado.
Un padre que quería fabricar máquinas
Fritz Von Erich no era un cualquiera. Había sido luchador, había tenido su hora de gloria, pero algo le había quedado atragantado: la sensación de no haber llegado tan lejos como podía. Y como no podía volver al ring a corregirse, decidió hacer algo que en el papel parecía lógico y en la práctica terminó siendo monstruoso: moldear a sus hijos para que hicieran lo que él no había podido. A Kevin, David, Mike, Kerry y Chris los fue empujando desde chicos hacia el cuadrilátero, convenciéndolos de que el apellido Von Erich era una marca sagrada que había que defender con el cuerpo, con la fama y, si hacía falta, con todo lo demás.
El director Sean Durkin, que ya se había ganado el respeto de la crítica con cintas como "Martha Marcy May Marlene", toma esa materia prima y la trabaja con paciencia de relojero. La película arranca en blanco y negro, en un claro homenaje a los dramas deportivos del cine clásico, y de a poco va mutando hacia una estética ochentera que huele a laca, a luces de neón y a ruido analógico. Todo eso está muy bien, pero lo que verdaderamente importa no está en la superficie visual sino en lo que late por debajo.
Lo que de verdad pelea esta película
Porque "El clan de hierro", hay que decirlo claro, no es una película sobre lucha libre. Si alguien se acerca esperando ver combates espectaculares y vueltos por encima de la tercera cuerda, se va a sentir defraudado. Lo que Durkin pone bajo la lupa es la cocina del poder familiar, ese lugar donde un padre decide el destino de sus hijos sin consultarlos, donde el amor se confunde con la obediencia y donde la vara del éxito se vuelve tan alta que termina aplastando a quienes se supone que tiene que levantar.
Zac Efron, que tiene que cargar con la historia del hermano mayor, se sometió a una transformación física notable, igual que Jeremy Allen White y Harris Dickinson, que se nota trabajaron el cuerpo con obsesión. Pero más allá de los bíceps y las cicatrices pintadas, lo que se luce acá es la actuación: hay escenas en las que se siente el peso de la presión paterna, del mandato de no fallar, de sostener una sonrisa frente a las cámaras mientras por dentro se desmorona todo. Esa es la zona del film donde la cosa duele de verdad.
- El film está basado en hechos reales documentados y reconstruye la trayectoria de los Von Erich, una de las familias más célebres y a la vez más golpeadas del wrestling estadounidense.
- Protagonizada por Zac Efron, Harris Dickinson y Jeremy Allen White, las transformaciones físicas de los tres actores fueron ampliamente comentadas por la prensa especializada.
- Dirigida por Sean Durkin, fue rodada con presupuesto independiente y aun así logró una recaudación cercana a los 45 millones de dólares en su paso por las salas.
- Ya está disponible en el catálogo de Amazon Prime Video para toda Latinoamérica.
Les soy honesta: cuando uno termina de verla, se queda un rato largo en silencio. No es porque la película sea perfecta, que tiene sus tramos algo lineales y no termina de romper el molde del drama biográfico clásico, sino porque la historia que cuenta no necesita grandes alardes para conmover. Los hechos son los que son, y los hechos, en este caso, son de esos que dejan a cualquiera pensando qué pasa cuando un padre decide que el sueño de él vale más que la vida de sus hijos.
Por eso me cuesta no recomendarla con esa seriedad de quien cuenta algo importante. No es un film para pasar el rato livianamente, y creo que está bien que así sea. A veces una película cumple mejor su función cuando incomoda, cuando deja una pregunta dando vueltas en la cabeza, cuando uno cierra el televisor y se queda pensando en la suya. Esa es, al menos, la sensación con la que yo me quedé después de verla, y me parece un buen motivo para darle una oportunidad esta semana.
“Lo que Durkin pone bajo la lupa no es la lucha libre, sino la cocina del poder familiar, ese lugar donde un padre decide el destino de sus hijos sin consultarlos.”Rosario Chauque
