La ballena como purgatorio: la nueva película que mete a un hijo a dialogar con un padre que ya no está
El filme dirigido por Brian Duffield toma como punto de partida una situación de supervivencia extrema y la usa como excusa para desnudar una relación filial marcada por lo no dicho.
Dicen que cuando un hijo se queda sin despedida, el duelo se le enquista en cualquier parte, hasta adentro de una ballena. Y si no, mire lo que hace el protagonista de Whalefall, que pasa sus peores horas de vida conversando con el fantasma de un padre al que nunca terminó de decirle lo que sentía. La película de Brian Duffield arranca con un hombre atrapado en el estómago de un cetáceo gigante y, lejos de quedarse en el truco visual o en el puro vértigo de la supervivencia, se zambulle de lleno en el pozo más oscuro que puede tener una persona: el vínculo roto con un viejo que ya no está para arreglarlo.
Lo que empieza como una historia de alguien peleando contra la muerte en un lugar donde nadie debería sobrevivir, enseguida se abre hacia otro lado. Los flashbacks y los diálogos con la figura paterna van apareciendo de a poco y van armando, casi sin que uno se dé cuenta, el verdadero motor de la película: un amor que no se supo decir, una despedida que se postergó hasta que fue tarde y una relación que se rompió sin tener nunca la conversación final que merecía. Es ese el terreno donde el filme se planta y se empecina, incluso cuando el espacio en el que cuenta la historia es tan chico como las entrañas de una ballena.
Un protagonista que carga todo el peso
Austin Abrams, a quien muchos ubican por su paso por Resident Evil, se hace cargo de casi toda la película él solo. Su personaje va saltando entre el esfuerzo físico de encontrar una salida y la carga emocional de un diálogo interrumpido. La cámara lo acompaña en los dos planos: el del cuerpo peleando por aire y el de la cabeza peleando con los recuerdos. Hay algo de Ad Astra en ese registro, esa misma frecuencia íntima en medio de un decorado descomunal, y por eso a quien le haga clic esa emoción va a sentir el drama como propio, mientras que a quien no le entre, probablemente se le va a hacer distante o reiterativo.
- El punto de partida es unusual: el estómago de una ballena funciona como escenario único durante buena parte del metraje.
- El interior del cetáceo está diseñado con un nivel de detalle visual que transmite con eficacia la ansiedad de estar atrapado.
- El conflicto de fondo no es la salida física sino el vínculo padre-hijo, reconstruido a través de flashbacks y conversaciones imaginarias.
- Austin Abrams sostiene casi en soledad el peso narrativo, entre el esfuerzo físico y la carga emocional del duelo.
- El tramo final apuesta por una conclusión de mayor escala, apoyada en efectos generados por computadora.
- La película deja en el aire si el equilibrio entre acción extrema y drama familiar termina de cerrar para todos los espectadores por igual.
El final apura, tira la apuesta más ambiciosa y se apoya fuerte en lo que la computadora puede dibujar en pantalla, pero el camino hasta allí repite secuencias de fuga con poco margen de maniobra, justamente porque no hay otra cosa: el espacio manda y es chico. Ahí es donde la película le pide al espectador algo que no todas las butacas están dispuestas a dar: que se quede, no por el suspenso del escape, sino por el peso de lo que ese padre y ese hijo se debieron y nunca se dijeron.
Miré la película sin saber bien qué esperar y me quedé pensando largo rato después de que la pantalla se apagó. No por las imágenes de la ballena, que están bien resueltas, sino por esa cosa tan argentina, tan de cualquier casa, tan de cualquier familia: lo que se calla entre un padre y un hijo cuando todavía están a tiempo. Whalefall no resuelve nada de eso, ni tiene por qué hacerlo, pero deja la pregunta flotando, que ya es bastante para una película que arrancó prometiendo pura adrenalina y termina siendo, sobre todo, un retrato descarnado de un duelo familiar. La pregunta que dejo picando, y que me quedó dando vueltas mientras escribía esta nota, es la que le paso a quien esté leyendo: ¿creés que el cine de supervivencia gana o pierde cuando le planta en el centro un drama familiar como este? Porque la respuesta, me parece, depende menos del género y más de las propias heridas que uno lleve encima.
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