La advertencia de Don Torcuato: cuando la plata que sale de la estación de maestro termina en una moto que te lleva al fondo del barranco
Un playero fue seguido desde Tigre hasta San Isidro, le arrebataron casi 38 millones en pleno centro y la banda entera terminó detenida gracias a la combinación de una llamada vecinal, las cámaras del COM y el olfato de la patrulla municipal. La pesquisa, el dato que abre la causa y lo que deja este caso para los que manejan efectivo en la calle.
Dicen los viejos del barrio que al que le cantan las cuarenta en enero, se le secan los zapallos en marzo, y la verdad es que este muchacho de cuarenta años que trabaja en una estación de servicio de Don Torcuato, en el partido de Tigre, debe haber sentido que el mundo se le vino encima aquel lunes feriado cuando, después de retirar 37.900000 pesos en efectivo del lugar donde presta funciones y de emprender el camino hacia San Isidro con la idea firme de pasar por el banco al día siguiente para hacer la correspondiente rendición, se topó con la realidad más cruda de la calle: alguien lo venía siguiendo desde el preciso instante en que contó los billetes y salió con la mochila cargada como si llevara el alma del comercio a cuestas, porque así de expuesto queda hoy cualquiera que mueve plata en el conurbano profundo, sin custodia, sin protocolo, con la confianza de siempre.
Eran las 11:40 de la mañana en la esquina de Rivadavia y Martín y Omar, pleno casco histórico de San Isidro, cuando la banda completa le cerró el paso y, sin más trámite, le arrancó la mochila con todo el dinero adentro, para escapar de inmediato en dos motos que ya los esperaban a la vuelta de la esquina, en lo que parece una maniobra calcada de manual: seguís a la víctima, marcás el lugar justo, golpeás en zona urbana donde la víctima no puede acelerar ni escapar, y te llevás todo por delante.
El momento en que la suerte empezó a cambiar para los ladrones
Lo que ninguno de los seis había calculado es que la suerte se les iba a dar vuelta en apenas unas cuadras, porque poco después del arrebato una de las motos chocó contra un automóvil y los ocupantes tuvieron que abandonar el rodado en la intersección de Alem y Rivadavia, subiéndose a un Volkswagen Up! color blanco que ya los aguardaba con otros dos cómplices listos para recibirlos, y a ese mismo auto subieron también los que venían en la segunda moto, porque ya nadie miraba hacia atrás ni pensaba en otra cosa que no fuera poner distancia lo más rápido posible y meterse en la ruta antes de que alguien se diera cuenta de lo que había pasado.
Y ahí fue donde apareció la vecina, esa figura tan común como desconocida de los barrios del norte del Gran Buenos Aires, que vio algo raro, se agachó sobre el teléfono y escribió por WhatsApp al sistema Ojos en Alerta, que es una herramienta municipal que conecta a vecinos y comerciantes con el Centro de Operaciones Municipal, y a partir de ese mensaje, los operadores del COM empezaron a rastrear el recorrido del Volkswagen Up! a través de la red de cámaras de videovigilancia, transmitiendo en tiempo real la posición del vehículo a los móviles de la Patrulla Municipal y del Comando que estaban patrullando por la zona, según contaron fuentes del municipio que siguen de cerca la causa.
La plata, los seis y la causa que sigue adelante
El auto fue localizado en Márquez e Isabel la Católica y finalmente interceptado en Rolón y Monroe, ya sobre el filo del partido de San Isidro, donde el personal policial encontró adentro del vehículo la mochila con los 37.900000 pesos intactos, como si nada hubiera pasado, y detuvo a los seis ocupantes en el mismo lugar, con la misma plata, con la misma ropa, sin tiempo para borrar huellas ni para cambiar de idea.
“La sospecha es que la víctima fue entregada, la siguieron desde Don Torcuato, y el análisis de los teléfonos secuestrados va a ser clave para entender la planificación y los vínculos de la banda.”Detective de la Superintendencia de Seguridad Región AMBA Norte I
A mí, lo confieso, me queda dando vueltas la misma pregunta que le debe quedar a cualquier vecino que retira plata de su comercio o de su casa cada lunes: qué tan seguido pasa esto, cuántas veces una banda se planta en la puerta de una estación de servicio o de un banco y espera el momento justo para seguir a quien sale con la plata, porque si algo dejó claro este caso es que el riesgo no está solamente en el cajero ni en la oscuridad de la madrugada, sino en la calle común, a plena luz del día, feriado mediante, cuando uno cree que nadie lo mira y ya lo están filmando, lo están marcando y le están armando la encerrona con tiempo y paciencia.
La causa quedó en manos de los fiscales Leandro Orduna y Laura Zyseskind, que ya imputaron a los seis sospechosos por robo agravado en poblado y en banda, una figura que en el Código Penal suele endurecer las penas porque contempla el uso de motos, de vehículos de apoyo y la participación coordinada de varias personas, y que en la práctica deja a los acusados en una situación judicial muy complicada, sobre todo si los peritajes sobre los teléfonos secuestrados terminan confirmando lo que sospecha la pesquisa: que a este playero no lo eligieron al azar en la esquina, sino que lo venían siguiendo desde antes de salir de Don Torcuato, con nombres, horarios y hasta probable complicidad interna que la investigación ahora se encargará de desentrañar paso a paso.
