Hayato Date, el director que le dijo basta a las presiones globales para salvar el alma de Naruto
El responsable del anime basado en la obra de Masashi Kishimoto contó cómo rechazó los pedidos internacionales y optó por fidelidad a la fuente japonesa, incluso cuando eso le generó quejas desde Estados Unidos.
Como dice el pueblo cuando alguien se empecina en mantener su parecer por encima de todo: el que se obstina, triunfa. Y bien que puede aplicarse a Hayato Date, el director que tomó las riendas del anime de Naruto y que, contra viento y marea, decidió que ninguna presión internacional le iba a torcer el pulso. La serie, que en estos años se convirtió en una de las más vistas del planeta, llegó hasta ahí justamente porque alguien se plantó y eligió preservar la identidad de la obra original antes que tentar al mercado de afuera.
Una decisión que nació en la primera reunión
Para entender lo que hizo Date hay que transportarse al momento en que se puso en marcha la producción del anime. El manga de Masashi Kishimoto ya era un fenómeno global y los estudios lo sabían. Por eso, cuando se realizó la conferencia de lanzamiento, había una cantidad inusual de periodistas extranjeros, sobre todo de medios de Estados Unidos, pendientes de cada palabra. Era una época todavía temprana para que un anime japonés generara ese tipo de expectativa fuera de sus fronteras, y eso terminó condicionando la conversación interna del equipo.
“Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón.”Hayato Date
Lo que vino después fue una definición tajante. Date entendió enseguida que esa presión podía arruinar el espíritu del proyecto si se le hacía caso. Su razonamiento fue simple y por eso terminó siendo poderoso: si la preocupación principal pasaba a ser cómo reaccionaría el público de afuera, el producto dejaba de ser lo que tenía que ser. La frase que eligió para explicarlo es de esas que quedan dando vueltas en la cabeza de cualquiera que haya tenido que elegir entre plata y convictions.
“Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera.”Hayato Date
Las kunai, el límite que no se negocia
La estrategia fue concreta y la repitió hasta el hartazgo cada vez que le preguntaron: antes de tomar cualquier decisión creativa, el equipo se preguntaba qué necesitaba la serie para funcionar en Japón. Lo demás quedaba en segundo plano. Una lógica que, en la práctica, derivó en una negativa a modificar los elementos centrales de la obra, incluso cuando esos elementos generaban ruido del otro lado del océano.
- La serie recibió quejas desde Estados Unidos por el uso de armas de filo, en particular los kunai que portan buena parte de los shinobi.
- Date respondió sin esquivar el bulto: si se quitaban las kunai, directamente dejaba de ser Naruto.
- Su objetivo fue que el público internacional conociera la serie tal como era, sin adaptaciones que la desdibujaran.
- La postura fue coherente con la decisión inicial de privilegiar al lector y televidente japonés por sobre cualquier otro mercado.
Lo notable del caso es que esa decisión no le pasó factura en términos de alcance. Todo lo contrario. Naruto terminó transformándose, junto a Dragon Ball y One Piece, en uno de los animes de mayor propagación global de las últimas décadas, aun cuando en su camino haya generado disputas con reguladores y espectadores del mercado más jugoso fuera de Japón. La paradoja es perfecta: justamente por no querer seducir al público de afuera, terminó conquistándolo.
Ahora, con la noticia de que se viene una película en acción real bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, la pregunta vuelve a instalarse en la mesa de discussão. Date construyó Naruto desde la autenticidad de la fuente que le dio origen. El equipo de la producción estadounidense, en cambio, tiene por delante el dilema de siempre: seguir ese mismo camino o tomar atajos que tienten a la platea local. La historia reciente del anime en Hollywood sugiere que la segunda opción suele ser la más elegida, aunque los resultados, la mayoría de las veces, dejan pensando.
A mí, que llevo años siguiendo estas discusiones, lo de Date me parece un caso de manual. Cada vez que una producción se propone respetar la esencia de la obra que adapta, el resultado tiende a envejecer mejor. Y cada vez que se prioriza la comodidad del nuevo público, lo que queda es un híbrido que no convence a nadie. Cuando terminé de leer las declaraciones del director japonés, me quedé con esa sensación reconfortante de que todavía hay creadores dispuestos a defender su idea original hasta las últimas consecuencias. Para quienes crecimos viendo a Naruto pelear sus batallas en la pantalla chica, saber que hubo alguien así del otro lado de la producción es, cuanto menos, un alivio que todavía emociona.
