Falta de aire y tos seca: cuando el cuerpo empieza a pedir respuestas y el diagnóstico puede tardar dos años
Neumonólogos y reumatólogos del Hospital de Clínicas y del Ramos Mejía coinciden en que la fibrosis pulmonar suele confundirse con los efectos del paso del tiempo y que, en pacientes con enfermedades autoinmunes, el compromiso del pulmón puede avanzar sin que aparezcan síntomas respiratorios. Las claves para detectarla a tiempo.
Cuando Miriam dejó de subir las escaleras del colectivo sin quedar agitada, pensó que eran los años. Tenía 62, vivía en Morón y nunca había tenido un problema serio de salud. La falta de aire fue apareciendo de a poco, primero al cargar las bolsas del supermercado, después al tender la ropa en el patio. Cuando finalmente consultó a su médica de cabecera, la derivaron al neumonólogo y allí empezó un camino que se extendió casi dos años hasta que un estudio de imágenes confirmó lo que nadie había imaginado: fibrosis pulmonar, una enfermedad que deja cicatrices en los pulmones y que, mientras tanto, le había ido robando el aire en silencio. La historia de Miriam no es un caso aislado, sino un ejemplo de lo que describen los especialistas consultados cuando hablan de cuánto puede demorar el diagnóstico en la Argentina.
Desde el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, el neumonólogo Juan Ignacio Enghelmayer, dedicado a las enfermedades pulmonares intersticiales, pone el dedo en una de las principales razones de esa demora: la confusión con el envejecimiento. Para él, la pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no debería atribuirse automáticamente a la edad, aunque estas patologías sean más frecuentes después de los sesenta años. En sus palabras, la edad no normaliza la falta de aire, y naturalizarla suele ser el primer paso hacia un diagnóstico tardío.
Qué hay que tener en cuenta para no subestimar las señales
La fibrosis produce cicatrices permanentes en los pulmones y puede comprometer la oxigenación de la sangre. Sus causas son variadas: enfermedades autoinmunes, exposición a partículas inhaladas, algunos medicamentos o, cuando no se identifica un origen claro, lo que se denomina idiopática. Precisamente, poder diferenciar esos puntos de partida es lo que después define el tratamiento y la frecuencia de los controles.
Aun así, los especialistas insisten en que las señales iniciales pueden pasar inadvertidas. La tos seca persistente y la dificultad para respirar en actividades que antes se toleraban sin problema son motivos suficientes para pedir una evaluación médica, aunque no signifiquen por sí solas que exista fibrosis. El cuadro se vuelve urgente cuando la falta de aire se intensifica en pocos días o aparece con esfuerzos mínimos, como vestirse o cruzar una habitación.
- Dificultad para respirar que aparece ante esfuerzos antes bien tolerados, como subir escaleras o caminar varias cuadras.
- Tos seca que se sostiene en el tiempo sin causa infecciosa evidente.
- Falta de aire que progresa en pocos días o se presenta con actividades mínimas, una señal de alarma para consultar de inmediato.
- Ruidos similares al velcro que el médico puede detectar al auscultar el pecho, un indicio que requiere estudios posteriores.
- Antecedentes de enfermedades autoinmunes como esclerosis sistémica o artritis reumatoidea, que obligan a una vigilancia pulmonar específica.
El lado silencioso de las enfermedades autoinmunes
Para las personas que conviven con enfermedades autoinmunes, el escenario es todavía más traicionero, porque el compromiso del pulmón puede avanzar sin dar señales respiratorias. Así lo explica Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, quien advierte que quienes tienen esclerosis sistémica deben ser evaluados desde el momento del diagnóstico. En el caso de la artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en pacientes con factores de riesgo ya identificados.
“En una cohorte argentina en la que participé, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no presentaba síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo, el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía. Esto muestra que los controles no pueden depender únicamente de que la persona sienta tos o falta de aire.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía
Los datos que cita la especialista exponen un punto clave: la mitad de los pacientes con enfermedad intersticial asociada a autoinmunidad pueden tener el pulmón comprometido sin experimentar ningún síntoma respiratorio, y un porcentaje significativo de ellos ya presenta daño extenso en los estudios por imágenes. Esa realidad obliga a cambiar la lógica de la espera y reemplazarla por controles periódicos, aun cuando el cuerpo no se queje.
Para llegar al diagnóstico, el profesional revisa los antecedentes clínicos, las exposiciones laborales o ambientales y los resultados de estudios respiratorios. La tomografía de alta resolución es la herramienta central, porque permite observar cambios en el tejido pulmonar que las radiografías convencionales suelen pasar por alto. En la consulta, la auscultación puede sumar pistas: un sonido particular, comparado por los especialistas con el ruido del velcro al separarse, funciona como una señal de alarma que siempre debe ser interpretada por un médico.
En definitiva, lo que los especialistas le piden a la comunidad médica y a los pacientes es, en primer lugar, no naturalizar la falta de aire como algo propio de la edad. En segundo término, que cualquier persona con tos seca persistente o con una caída progresiva de la tolerancia al esfuerzo acceda a una evaluación neumonológica sin demoras. Y, por último, que los servicios de reumatología incorporen de manera sistemática la pesquisa pulmonar en pacientes con esclerosis sistémica y artritis reumatoidea, porque el daño en los pulmones puede estar avanzando en silencio, como le ocurrió a Miriam y a tantos otros que, durante meses o años, creyeron que solamente les faltaba el aire.
