El final que Clint Eastwood no se animó a mostrar: la escena olvidada de Sin perdón
El guionista David Webb Peoples reveló que el director de la película ganadora de cuatro Premios Óscar llegó a rodar un cierre distinto para William Munny, con su hijo y una mentira que cambiaba todo el sentido del personaje.
Dicen que el que mucho abarca poco aprieta, pero también dicen que a veces lo que se calla termina diciendo más que lo que se muestra. Eso, justamente, fue lo que pasó con una de las películas más celebradas del cine moderno: Sin perdón, ese western crepuscular que Clint Eastwood filmó en 1992 y que se llevó cuatro premios de la Academia, incluyendo el de mejor película y el de mejor director. Lo que casi nadie sabe es que el final que llegó a las salas no fue el único que existió. Hubo otro, más íntimo y más cruel, que el propio Eastwood rodó, vio en el montaje y después mandó a cortar sin dar mayores explicaciones. De ese final alternativo se supo ahora, gracias a la memoria de su guionista, David Webb Peoples, que lo describió con una precisión que da ganas de sentarse frente a la pantalla y pedir que lo pasen una vez más.
Una idea que estuvo casi una década esperando su momento
Para entender la dimensión de lo que se perdió hay que retroceder hasta principios de los años 80, cuando Eastwood se topó con el guion de Peoples y decidió comprar los derechos. La historia de William Munny, un pistolero jubilado, viudo y padre de dos chicos, que vuelve a empuñar el revólver por unos cuantos dólares, lo obsesionó durante años, pero el actor y director consideraba que no era el momento. No quería encarnar a un personaje así a los cuarenta y pocos; pensaba que necesitaba unos cuantos más encima para que el peso de la violencia le quedara en la cara y en los gestos. Recién cuando se sintió listo, a fines de la década siguiente, se puso al frente del proyecto y lo convirtió en una de las películas más premiadas de su carrera.
El derrotero detrás de cámara tuvo otra curiosidad que a mí, particularmente, me llama la atención: entre los directores que sonaron para hacerse cargo de Sin perdón antes de que Eastwood se decidiera estuvo Francis Ford Coppola, el mismísimo autor de El padrino. Ese dato, que parece un rumor de pasillo, termina de cerrar el círculo cuando uno escucha de qué se nutrían las ideas de Peoples para escribir las escenas más delicadas del libreto.
El final que Eastwood filmó y después borró
El cierre alternativo que Peoples describió con lujo de detalles tiene una fuerza inusual. Después de los asesinatos que cierran la trama, Munny regresaba a su casa en el campo y se reencontraba con sus dos hijos, ya más grandes, en una escena doméstica, casi silenciosa, de esas donde se nota que la cámara respira lento. El hijo mayor, Will Jr., advertía que la familia de golpe tenía plata, lujos que antes no podían ni soñar, y le preguntaba al padre, sin vueltas, si había matado a alguien. La respuesta de Munny era un no seco, una mentira lisa y llana, dicha como quien no quiere entregarle al mundo lo que hizo.
Para Peoples, esa escena era la que cerraba de verdad el arco del protagonista. No se trataba de un héroe del western clásico que presume sus hazañas en el saloon del pueblo; se trataba de un hombre al que la violencia le daba vergüenza, un padre que prefería mentirle a sus hijos antes que contarles en qué se había convertido. El guionista lo dijo con una frase que a mí me quedó dando vueltas: "Munny no dice 'maté a esos hijos de puta'. Está avergonzado de lo que hizo". Esa vergüenza, según su mirada, era la verdadera condena del personaje, más profunda que cualquier balazo.
“Munny no dice 'maté a esos hijos de puta'. Está avergonzado de lo que hizo.”David Webb Peoples, guionista de Sin perdón
La conexión con El padrino y la decisión final de Eastwood
Cuando Peoples escribió esa escena pensó, deliberadamente, en el cierre de El padrino, esa toma final en la que Michael Corleone le miente a Kay sobre el papel que jugó en la matanza que lo dejó como jefe indiscutido de la familia. La referencia no era casual: en ambas películas el protagonista terminaba eligiendo la mentira como último acto, un recurso que le permitía al espectador entender que el personaje se había roto por dentro, aunque por fuera mostrara una fachada de control. La coincidencia entre las dos obras se vuelve todavía más sugestiva si uno recuerda que Coppola fue, durante un tiempo, un nombre en danza para dirigir Sin perdón, un dato que el tiempo fue empujando al rincón de las curiosidades casi olvidadas.
Lo concreto es que Eastwood vio esa escena montada, la evaluó y le dijo a Peoples que le parecía "un golpe de más". Con esas pocas palabras, el director la sacó del corte final y nunca más se habló del asunto. El material descartado no vio la luz ni siquiera como contenido extra en las ediciones en DVD o en las copias digitales que después se comercializaron: Peoples reconoció, en una charla reciente, que ni siquiera él sabe dónde está esa cinta. Se rodó, se vio, se discutió y se guardó en un cajón cuyo paradero hoy es un misterio.
A mí, como espectador y como alguien que se crió viendo westerns en la tele los domingos a la tarde, esa escena me genera una sensación rara. Por un lado, entiendo a Eastwood: Sin perdón funciona tan bien justamente porque termina sin adornos, con esa imagen de Munny cabalgando en silencio hacia un horizonte que no sabemos si lo va a redimir o lo va a condenar. Agregarle una escena más, por más redonda que fuera, tal vez hubiera roto esa economía narrativa que el director construyó con tanto cuidado. Pero, por otro lado, la idea de un Munny mintiéndole a su hijo mayor para protegerlo de la bestia en que se convirtió tiene una potencia emocional enorme, del tipo de las que no se olvidan. Eastwood cortó esa toma porque le parecía de más, y probablemente tenía razón. Pero uno, como público, no puede dejar de preguntarse qué habría cambiado en la memoria colectiva del personaje si esa mentira final hubiera llegado a la pantalla.
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