El Coyote se sienta en el banquillo: el regreso más inesperado de los Looney Tunes llega al cine
La nueva película mezcla dibujos y actores reales en un relato de juicios que pone al cazador del Correcaminos a perseguir justicia junto a Will Forte, con perseverancia, golpes y algo de humor vernáculo.
Dicen los más viejos de mi pago que cuando alguien cae una y otra vez, pero igual se levanta, es porque el destino le tiene guardado un asunto serio que todavía no vio la luz. Algo de eso parece entender muy bien el Coyote, ese personaje que durante décadas se ganó la vida fracasando con elegancia frente al Correcaminos y que ahora, en la película Coyote vs. Acme, cambia su peine de trampas por un sillón un poco más incómodo: el de un juzgado. La cinta, que se extiende durante algo más de noventa minutos, se anima a mezclar lo que durante años se mantuvo en cortos de pocos minutos —un plan, un obstáculo, un golpe— con el pulso de un drama judicial de los de toda la vida, en una apuesta que pone al personaje animado en el mismo plano que un actor de carne y hueso.
Un coyote cansado, un abogado empecinado
La historia que arma la película es, en el fondo, bastante conocida por estos pagos: la de dos que pelean por cosas distintas pero terminan entendiéndose en el barro. Por un lado está el Coyote, fiel a su costumbre, probando estrategias que siempre fallan en el último segundo. Por el otro aparece el personaje que interpreta Will Forte, un tipo común empujado a una causa que lo supera, que va entendiendo de a poco que la tozudez no es solo cosa del dibujo animado. La película articula esa cercanía a fuerza de paciencia narrativa: no los apura a quererse ni los obliga a convertirse en socios de un día, los deja chocar, fallar y volver a empezar, que es justamente el motor de toda la saga del Coyote desde los tiempos en que los cortos se pasaban antes del noticiero.
El humor físico que distingue a los Looney Tunes sigue intacto. Las trampas, los artefactos, las leyes de la física desobedecidas con total desparpajo siguen siendo parte del vocabulario de la propuesta. Pero a eso se le suma algo menos habitual en el universo del Coyote: la reflexión sobre qué significa seguir insistiendo cuando ya nadie apostaría un peso por vos. Esa decisión narrativa, la de tomarse en serio la perseverancia del personaje sin dejar de hacerlo tropezar, es probablemente lo más interesante que se anima a ofrecer la cinta.
Una larga historia de dibujos mezclados con personas
Lo de juntar personajes animados con actores reales no resulta ninguna rareza dentro del archivo de los Looney Tunes. Quien haya crecido viendo Space Jam sabe bien que el ir y venir entre Michael Jordan y los dibujos animados puede dar lugar a un cruce entrañable, y Looney Tunes: De nuevo en acción confirmó varios años después que la fórmula tenía cuerda para rato. La diferencia con esta nueva entrega es que ya no se trata de celebridades del deporte o de la industria del entretenimiento ocupando el centro de la escena: ahora el Coyote se codea con un antihéroe de oficina, más cercano al vecino que al astro, y ese cambio de registro le permite al espectador identificarse de otra manera con las desventuras del cazador empedernido del Correcaminos.
Porque en el fondo eso es lo que siempre tuvieron los cortos originales: un protagonista que nunca gana del todo, pero que tampoco se da por vencido. Coyote vs. Acme recoge esa persistencia y la pone a conversar con el lenguaje del cine de juicios —la causa, el alegato, el veredicto—, en una mezcla que puedesonar rara de leer pero que, según prometen los adelantos, termina armando un equilibrio curioso entre el slapstick clásico y el drama humano. Quien se acerque al cine esperando solo golpes y explosiones va a encontrar eso y algo más: la pregunta incómoda de por qué seguimos yendo cuando sabemos que vamos a salir raspando.
- La cinta dura algo más de noventa minutos y combina animación con actores reales en el mismo plano de la historia.
- El Coyote comparte el protagonismo con el personaje interpretado por Will Forte, en un vínculo que se construye a fuerza de idas y vueltas.
- La trama incorpora elementos del cine de juicios y se apoya en la perseverancia como motor común de los dos protagonistas.
- El humor físico y las situaciones imposibles típicas de Looney Tunes siguen marcando el pulso de las escenas.
- La película se suma a antecedentes como Space Jam y Looney Tunes: De nuevo en acción, que ya habían cruzado dibujos con personas reales.
Cierro esta nota como la empecé, con un sentir que me persigue cada vez que me siento frente a la pantalla a ver un dibujo animado: la idea de que insistir no es de tercos sino de valientes, y de que a veces el personaje más descabellado es el que mejor nos enseña a no tirar la toalla. Si el Coyote puede pararse después de caer por un barranco disfrazado de precipicio pintado, cualquiera de nosotros puede volver a probar suerte al día siguiente, aunque el mundo entero nos haya visto la cara de ridículo. Esa, me parece, es la verdadera justicia que esta película viene a perseguir.
